Asencio, el cirujano que cura sarcomas y sube al Kilimanjaro con sus pacientes: «En 10 años se curará la mayoría de los cánceres»
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José Manuel Asencio, cirujano oncológico y de trasplante hepático del Hospital Gregorio Marañón, repasa en El Foco los avances más esperanzadores contra el sarcoma, el cáncer de páncreas y el de hígado, y explica por qué, según él, el optimismo ya no es ingenuidad, sino ciencia.
Hay enfermedades que dan miedo sólo por su nombre. El sarcoma es una de ellas. Afecta a una persona de cada millón y agrupa más de 150 tipos distintos de tumores, lo que lo convierte, según explica el doctor José Manuel Asencio, en «el gran desconocido» de la oncología. Cirujano especializado en tumores complejos y trasplante hepático en el Hospital Gregorio Marañón, Asencio atiende a El Foco para hablar de tres enfermedades que, hasta hace poco, sonaban a sentencia: el sarcoma, el cáncer de páncreas y el cáncer de hígado. Y, sin embargo, de la conversación sale una palabra que se repite varias veces: esperanza.
Una pelota de golf que puede salvarte la vida
Da con un consejo sencillo, casi doméstico. Existe una norma ideada por un cirujano inglés —la llaman «la regla de la pelota de golf»— que puede anticipar un diagnóstico crucial: cualquier bulto en el brazo, la pierna o la espalda más grande que una pelota de golf, o que haya crecido en los últimos meses, debe revisarlo un médico. No hace falta que duela. No hace falta que sea grande desde el principio. Las extremidades son la localización más frecuente del sarcoma, seguidas del abdomen, el tórax y la cabeza y el cuello.
El derecho que casi nadie reclama
Si la alarma se confirma, el siguiente paso es, para Asencio, el más determinante de todos. España cuenta desde 2015 con ocho centros de referencia en sarcomas —tres en Madrid, tres en Barcelona, uno en Sevilla y otro en Valencia— donde, equipos multidisciplinares de cirujanos, oncólogos, radiólogos y patólogos, identifican con precisión cuál de los más de 150 subtipos de sarcoma está tratando cada paciente.
El problema, advierte, es que muchos enfermos no llegan a saberlo: los pacientes tienen derecho a ser valorados en un centro de referencia aunque vivan en la otra punta de España, y el hospital tiene la obligación de derivarlos. Según su experiencia, no es infrecuente recibir a personas a las que, en otro hospital, ya les habían dicho que no había nada que hacer.
Si hay un giro reciente que ha devuelto la fe a la comunidad oncológica, ha sido el del cáncer de páncreas, históricamente uno de los tumores más letales y resistentes a cualquier tratamiento. Asencio lo sitúa en dos momentos.
El primero, una investigación española: el equipo del CNIO liderado por Mariano Barbacid diseñó una terapia que ataca simultáneamente tres puntos distintos de la vía de señalización del KRAS, el gen que impulsa la mayoría de estos tumores, y logró eliminar por completo y de forma duradera los tumores de páncreas en ratones, sin que desarrollaran resistencia. El hallazgo, publicado en la revista científica PNAS a comienzos de 2026, abrió una vía que parecía imposible.
El segundo momento llegó meses después, ya en humanos. En el congreso anual de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO) —el mayor escaparate mundial de avances oncológicos— se presentaron los resultados del ensayo en fase III RASolute 302, en el que el fármaco daraxonrasib casi duplicó la supervivencia de pacientes con cáncer de páncreas metastásico frente a la quimioterapia convencional, con menos efectos adversos graves, datos que se publicaron simultáneamente en la prestigiosa New England Journal of Medicine.
Asencio, que sigue de cerca estos ensayos y prevé abrir varios en el Marañón a partir de septiembre, lo resume sin rodeos: es, dice, el bombazo de ASCO de este año, algo que nunca se había visto en cáncer de páncreas. Según su relato, en los primeros pacientes tratados —todos en estadio metastásico, el escenario más adverso— se ha conseguido la remisión completa en aproximadamente uno de cada cinco. Ahora queda demostrar que esa eficacia se mantiene o mejora cuando el tratamiento se aplica antes o después de la cirugía.
El trasplante hepático sigue siendo un recurso escaso: hay más pacientes que órganos disponibles. Por eso, explica Asencio, los criterios de selección son cada vez más finos, y también más amplios. La llegada de fármacos que curan la hepatitis C ha reducido una de las causas históricas de cirrosis y cáncer de hígado, liberando órganos para indicaciones que antes ni se planteaban: metástasis hepáticas de cáncer colorrectal, ciertos colangiocarcinomas. Cuando el trasplante no es posible, entran en juego otras herramientas —radiología intervencionista, radioterapia localizada, inmunoterapia— que, combinadas, están cambiando totalmente el panorama, aunque cada especialista, por separado, solo dé pequeños pasos.
Asencio insiste en algo que pocas veces se cuenta con esta franqueza: el estado de ánimo influye en la recuperación, pero el paciente no debe sentirse responsable de sentirse mal. Lo que sí puede ayudar es el ejercicio físico —un antidepresivo fenomenal, lo llama— y el apoyo familiar. En su equipo, antes de las cirugías más complejas, preparan a los pacientes con tablas de fuerza y suplementos proteicos, una especie de pretemporada para el cuerpo que, según su experiencia clínica, mejora el pronóstico y reduce las complicaciones. Y hay un detalle que repite con insistencia: la familia también necesita acompañamiento, sobre todo cuando llega de fuera de Madrid y pasa semanas durmiendo en el hospital.
Asencio cierra la entrevista con la convicción de que «de aquí a diez años, la mayoría de los cánceres se curarán». La dice con una base construida a base de investigaciones, congresos y pacientes que, como Miguel Ángel, demuestran cada día que la palabra sarcoma —o páncreas, o hígado— ya no significa lo que significaba hace una década. Necesitamos optimismo, dice. Y los datos parecen acompañarlo.