Ciencia
Historia

Los arqueólogos encuentran huellas humanas de 115.000 años de antigüedad donde no deberían estar

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Según los científicos, un antiguo pozo de lodo prehistórico extraordinariamente bien conservado en el norte de Arabia Saudita podría albergar las huellas humanas más antiguas encontradas hasta la fecha en la Península Arábiga. Se calcula que las siete huellas, descubiertas entre cientos de marcas de animales prehistóricos, tienen una antigüedad aproximada de 115.000 años. Según recoge Popular Mechanics, muchos hallazgos relevantes de fósiles y restos arqueológicos proceden de yacimientos como este antiguo lago.

El hallazgo inicial tuvo lugar en el año 2017, en pleno desierto de Nefud, en un enclave que los investigadores bautizaron como Alathar, término árabe que significa «huella».  En su día, este lugar fue la orilla fangosa de un lago que probablemente sirvió como punto de paso habitual para humanos y animales hace más de 100.000 años. Con el paso del tiempo, el viento y la erosión fueron eliminando las capas superiores de sedimento, dejando al descubierto estas marcas.

Huellas humanas de hace 115.000 años

Los investigadores señalan que los detalles de las huellas humanas pueden desaparecer en apenas dos días, y volverse irreconocibles en cuatro. Esto sugiere que las huellas de Alathar se formaron y preservaron en circunstancias muy particulares. La gran incógnita es quién dejó estas huellas. Aunque el Homo sapiens no era el único homínido presente en la región en aquella época, los científicos sostienen que las evidencias apuntan a que fueron humanos modernos quienes caminaron por este terreno antes de que se secara.

«Se identificaron con confianza siete huellas de homínidos, y dado el registro fósil y arqueológico que respalda la expansión de Homo sapiens hacia el Levante y Arabia entre los 130.000 y los 80.000 años atrás, así como la ausencia de Homo neanderthalensis en el Levante durante ese periodo, sostenemos que fue H. sapiens quien dejó las huellas de Alathar. Además, el tamaño de las pisadas de Alathar es más coherente con el de los primeros Homo sapiens que con el de H. neanderthalensis», detallan los investigadores.

Según explican, la expansión del Homo sapiens por el Cercano Oriente y Arabia entre hace 130.000 y 80.000 años, la ausencia de neandertales en el Levante durante ese periodo y el tamaño de las huellas refuerzan la hipótesis de que pertenecen a humanos modernos. Todo apunta a que el lago Alathar formó parte de una especie de corredor prehistórico que atraía tanto a grandes animales como a grupos humanos gracias a la disponibilidad de agua dulce. En momentos de sequía, estos enclaves habrían funcionado como puntos clave de descanso y abastecimiento durante desplazamientos vinculados a cambios climáticos o estacionales.

Sin embargo, los investigadores no encontraron muchas señales típicas de ocupación humana prolongada, como herramientas o marcas de corte en huesos que evidencien actividades de caza. Esto sugiere que el lago fue utilizado de forma puntual, probablemente como un lugar de paso para obtener agua. Estas huellas podrían corresponder a grupos de Homo sapiens que atravesaban una región más húmeda y habitable que la actual, poco antes de que el clima cambiara de forma drástica. El hecho de que no aparezcan huellas humanas posteriores también podría indicar que quienes las dejaron fueron de los últimos en cruzar la zona antes de que nuevas capas de sedimento cubrieran el terreno.

«La imaginación realmente vuela y enloquece: ¿Qué aspecto tenían estas personas? ¿Qué estaban haciendo? Y una vez que todos estos lagos se secaron, ¿qué pasó con ellos? Todo eso despierta nuestra curiosidad», dijo Michael Petraglia, investigador de la evolución humana en el Instituto Max Planck y coautor del estudio.

Desierto del Nefud

Otro de los hallazgos más relevantes en el desierto de Nefud son 170 grabados rupestres que representan caravanas de animales a tamaño natural. Talladas hace entre 12.800 y 11.400 años, estas figuras ofrecen una nueva visión sobre el pasado de la región. El estudio, publicado en Nature Communications y liderado por el proyecto Green Arabia, demuestra que el Nefud no siempre estuvo dominado por dunas. Tras el retroceso de los glaciares hace unos 15.000 años, el clima se volvió más húmedo, dando lugar a estanques, humedales y sabanas que facilitaron el asentamiento de comunidades de cazadores-recolectores.

En este contexto, sus habitantes dejaron testimonio de su presencia mediante representaciones de camellos, caballos, cabras montesas, uros y gacelas. Muchas de estas figuras alcanzan hasta tres metros de longitud y fueron esculpidas en acantilados de casi 40 metros de altura. Los investigadores identificaron más de 60 paneles de arte rupestre en enclaves como Jebel Arnaan, Jebel Mleiha y Jebel Misma. Lo más llamativo es tanto la técnica como la ubicación: tallar figuras de gran tamaño sobre cornisas de apenas 50 centímetros de ancho requería una notable habilidad y esfuerzo.

Para los arqueólogos, estas representaciones tenían un fuerte componente simbólico. Señalaban puntos de agua, rutas de desplazamiento y, sobre todo, identidad cultural. Según la investigadora Maria Guagnin, del Instituto Max Planck, “probablemente eran una forma de marcar presencia y derechos territoriales en un entorno en constante cambio”.