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Soy psicólogo y esto es lo que debes hacer para que tu hijo te haga caso a la primera: “No puedes pretender…”

Según Carlos González no basta con pedir al niño que nos haga caso sin más

3 consejos para que el niño sea obediente

Cómo conseguir que los niños obedezcan sin tener que gritar

En muchas casas, es fácil encontrarse con padres agotados por las rutinas diarias. Las prisas de la mañana, los niños que tienen que ir al cole, las noches en las que cuesta apagar la televisión y las batallas por los dientes o los juguetes forman parte de una escena repetida en miles de hogares. Y a menudo, detrás de todas esas situaciones aparece la misma pregunta: ¿cómo consigo que mi hijo haga caso a la primera sin convertir cada momento en un pulso?

En las redes sociales circulan cientos de consejos que prometen soluciones rápidas para conseguir que nuestro hijo nos haga caso, pero pocas veces alguien explica este dilema con tanta claridad como el pediatra y divulgador Carlos González (@carlosgonzalez.pediatra). En uno de sus vídeos más compartidos, desmonta una de las expectativas más extendidas entre los padres: la idea de que basta con indicar algo una vez para que el niño lo convierta en hábito. Su reflexión arranca con un ejemplo tan cotidiano que todos los padres entenderán. González pregunta: «¿Cuántos años estuviste para aprender a multiplicar?». Una pregunta simple, pero que sirve para recordar que cualquier aprendizaje, incluso los que hoy consideramos básicos, requirió tiempo, práctica y miles de repeticiones. Y aun así, seguimos esperando que los niños integren rutinas tan complejas como la higiene, el orden o la puntualidad casi al instante.

Esto es lo que debes hacer para que tu hijo te haga caso a la primera

El pediatra compara la expectativa de muchos adultos con algo completamente irreal. Explica que pretender que un niño aprenda a «hacer caso» sólo porque se lo han dicho una, dos o cinco veces es tan absurdo como enseñar las multiplicaciones en una tarde y esperar que el niño las recuerde para siempre. Así de claro lo expresa: «No puedes pretender que por habérselo dicho una vez o cuatro o cinco ya a partir de ahí lo va a hacer toda la vida.»

Para González, la clave está en entender que obedecer tampoco es un acto automático. Requiere madurez, constancia y tiempo. Y aunque a los adultos les resulte frustrante repetir una indicación cada día, a los niños les resulta igual de difícil automatizarla. No es desobediencia deliberada. Es infancia.

La autoridad real no se basa en órdenes, sino en presencia

Uno de los puntos más importantes del vídeo es su reflexión sobre lo que realmente significa «tener autoridad» con un hijo y que te haga caso. No es levantar la voz, ni repetir lo que debe hacer desde el sofá, ni confiar en que, porque ya lo ha aprendido, lo pondrá en práctica sin fallos. González lo resume en una frase que seguro que te hace reflexionar: «Apaga la tele y estate con tu hijo.»

Para él, la autoridad no funciona desde la distancia, sino desde el acompañamiento. No sirve decirle a un niño cómo debe comportarse si no se le guía, se le observa y se le ayuda a repetir la conducta hasta que se convierta en hábito. La autoridad auténtica nace del vínculo, no de la imposición. Y esto desmonta esa idea tan arraigada de que el niño «hará caso» sólo porque se le ha dicho qué debe hacer.

Repetir no es fallar: es educar

El vídeo insiste en algo que a muchos padres les cuesta asumir: para que una rutina funcione, habrá que repetirla miles de veces. No cientos, miles. Y eso no significa que el niño tenga un problema ni que la crianza esté yendo mal. Significa exactamente lo contrario: que el proceso está funcionando como debe funcionar.

Los niños, recuerda González, están aprendiendo a hacer cosas por primera vez y en un entorno lleno de estímulos. A veces lo harán bien y otras no. Y la tarea del adulto es acompañar esa curva de aprendizaje, no desesperarse porque la repetición sea constante.

Por qué nos frustramos tanto: la expectativa adulta

Muchos padres sienten frustración cuando sus hijos no obedecen a la primera porque comparan el comportamiento infantil con el de un adulto. Pero los adultos actuamos así porque llevamos décadas practicando. Nadie duda a la hora de lavarse los dientes o recoger un espacio porque se ha hecho miles de veces. Cuando se entiende esto, la exigencia hacia el niño se vuelve más realista y el conflicto disminuye.

Además, la vida familiar actual añade presión: las prisas, el cansancio, el estrés y la falta de tiempo hacen que muchos padres busquen eficacia inmediata, algo incompatible con el ritmo propio de un niño.

Criar sin miedo

El vídeo termina con un recordatorio: criar sin miedo implica aceptar que la infancia es un proceso lento. No es una carrera por la autonomía. No es un examen de obediencia. Es la etapa en la que los niños aprenden cómo funcionan las rutinas, cómo se organiza el día y cómo se gestionan los límites.

Para González, educar es estar, acompañar y repetir. Y repetir otra vez. Y otra más. Esa constancia, que a menudo pasa desapercibida porque no tiene titulares llamativos, es la que finalmente convierte una indicación en un hábito.

@carlos.gonzalez.pediatraQuerer que un niño nos haga caso a la primera es como querer que aprenda a multiplicar el primer día que se los explicas. hay que repetir, enseñar, estar con ellos…. Y repetir y repetir y repetir… #crianza #maternidad #paternidad #pediatria♬ sonido original – Carlos González – Pediatra