¿Cómo dejar de ser un padre controlador?
En pro de ayudarte a que puedas llevar a cabo la mejor educación para tus hijos, de manera frecuente, te damos consejos y recomendaciones. En este caso, lo que pretendemos es que dejes de ser un padre controlador, si te defines así. Y es que, como ya te dimos a conocer en un artículo anterior, ser de esa manera lo único que va a traer consigo es un problema a tu casa, además de no favorecer el desarrollo personal de tu hijo.
Sigue leyendo y descubrirás cuáles son las principales medidas que puedes tomar para dejar de controlar excesivamente a tu pequeño y comenzar a darle la libertad que necesita. Sí, la libertad que es imprescindible para que, entre otras cosas, sea una persona autónoma, capaz de tomar sus decisiones y también de asumir sus responsabilidades:
Nada de autoritarismo
Una de las primeras recomendaciones que hay que tener en cuenta sí o sí en pro de dejar de ser un padre controlador es no recurrir al autoritarismo. Con esto nos referimos a que hay que acabar con las posturas en las que se emplean sentencias tales como “lo digo yo y punto”, “en esta casa se hace lo que yo mando”, “las cosas se realizan a mi modo y no hay nada más que hablar”…
Es importante acabar con el uso de esas frases y las maneras de comportarse asociadas a las mismas. ¿Por qué? Porque con todo eso lo que se está consiguiendo no es una educación beneficiosa para el hijo, todo lo contrario. Llevando a cabo esa actitud se está logrando lo siguiente:
- Que el menor no sea una persona ni autónoma ni suficiente. Esto significa que no es capaz de tomar decisiones por sí mismo ni tiene iniciativa de ningún tipo, siempre espera que su padre o su madre le diga lo que tiene que hacer y de qué manera.
- Cuando no tenga al lado a sus progenitores y deba afrontar una labor o un reto, e incluso un obstáculo que aparezca en su camino, no sabrá cómo actuar.
- Se presionará a sí mismo de manera constante. Creerá que sus padres solo le querrán si se comporta como esos esperan, desean y quieren.
- Será una persona subyugada y con baja autoestima.
Eso sin pasar por alto que también se puede dar el caso de adolescentes que ante esa actitud de sus adultos se conviertan en individuos rebeldes que no están dispuestos a aceptar nada de lo que se les impone. De ahí que se produzcan tensiones y ambientes realmente insufribles en casa.
Ni persuasión, ni manipulación
Otra de las claves para dejar de ser un padre controlador es no recurrir ni a la persuasión ni a la manipulación. Y es que es innegable que ese adulto usa ambas para conseguir que su hijo se comporte como él desea, es más, que incluso deje de lado sus propias ideas o gustos para satisfacer a su progenitor.
Si necesario es no volver a usar esas herramientas es por distintos motivos, entre los cuales podemos destacar que esas coartan al menor y le hacen sentir mal cuando actúa de una forma que no es la deseada por el progenitor.
Emociones controladas
De la misma manera, no podemos pasar por alto que para poder alcanzar el objetivo propuesto es imprescindible que el adulto no se deje llevar por sus emociones. Es decir, que no se enfade, grite e incluso llegue a menospreciar a su vástago cuando este no se comporta como le gustaría. Ante una situación de ese tipo no debe perder los nervios. Lo que debe hacer es mantener la calma, mostrar empatía, entender los motivos de su hijo y, sobre todo, hablar para explicarle porqué considera que no ha actuado como se cree que debería haberlo hecho.
Comunicación y no imposición
Muy en relación con el consejo anterior se encuentra este otro. Con el mismo lo que queremos expresar es que el padre debe comunicarse con su pequeño, explicarle lo que necesita, intercambiar opiniones, llegar a acuerdos, establecer normas…Siempre debe optar por la comunicación verbal, por sentarse a hablar de todo con él, demostrándole que esa es la mejor herramienta para tratar con los demás y para solucionar problemas.
Por eso, es importante que deje de lado la imposición. Sí, el decir “esto es así y punto”. Es necesario que los menores aprendan desde temprana edad que la base de la convivencia y la tolerancia es el respeto y la comunicación. Hay que saber escuchar al otro, es importante enriquecerse con distintos puntos de vista, se hace imprescindible ponerse en el lugar de quien se tiene enfrente…Con el autoritarismo y la “opresión” no se apuesta por el bienestar ni por el respeto.
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