La casi totalidad de las imágenes sagradas fueron profanadas y destruidas, algunas de ellas aparecieron mutiladas, con el detalle particular de queles habían sacado los ojos. La mayoría de las imágenes fueron hechas astillas y arrojadas al fuego. Los milicianos se revistieron con los ornamentos sagrados para realizar ceremonias sacrílegas, y tras la representación de la burla litúrgica, dichos ornamentos acabaron en las llamas.