La interminable legión de traidores
La expresión Roma no paga traidores se originó en la Antigua Roma y advierte de que la traición no es recompensada, incluso por aquellos que se benefician de ella. Quinto Servilio Cepión pronunció esta frase en el año 139 a. C. para quitarse de encima a unos traidores hispanos. Si analizamos la corrupción política en España desde hace décadas y, con más detalle, el actual panorama político de España, el de Pedro Sánchez, el de su Gobierno, partido político y cómplices, comprobamos que no es así. Nuestro actual presidente, todavía no investigado, a lo largo de estos años al frente de su partido y del Gobierno ha demostrado que carece de principios, de palabra, de sentido de Estado y de un mínimo respeto por las normas democráticas más elementales.
Podemos hacer una inagotable lista de desatinos, desde su acceso trampista al Gobierno, como gobernar sin tener aprobados los presupuestos, su cobardía al huir de la DANA o del Congreso de los Diputados, sus continuos viajes al extranjero para encubrir su indecencia o sus constantes cesiones a separatistas para estar un día más en La Moncloa. La investigada corrupción de sus próximos, de su familia o círculo de confianza gubernamental y de un partido que era socialista, ahora tildado de banda criminal. El autócrata Sánchez, el Gobierno de España y su partido sí pagan a traidores, liderados por un delincuente llamado Puigdemont y por esa famélica legión de la mordida y su credo: nunca jamás la verdad dirás.
Cierto que la mayoría de partidos políticos están trufados con algunos de estos personajes; la diferencia la marca la cuantía y la perversión. Un literato escribió: «No creo que haya que ser demasiado incisivo para concluir que en España hay una democracia formal, pero preterida por un comportamiento cada vez más oligárquico y clientelar de unos partidos políticos, que son imprescindibles para que el sistema constitucional y democrático funcione, pero que, dado su acelerado proceso de degeneración orgánica y funcional, han terminado secuestrando las instituciones y abandonando su papel constitucional. Por eso la política y los políticos no cambiarán nunca en España, porque este modo de hacer política lleva con nosotros demasiado tiempo y es, por tanto, estructural. Por eso tampoco nadie afrontará de cara la corrupción, pues, en esencia, es parte del modus vivendi de la política. Y así lo seguirá siendo para siempre. Nadie en este país ha sabido ni sabe hacer política de otro modo. No hay solución, por tanto, y quien les diga lo contrario miente. Siento darles esta mala noticia».
Yo pienso todo lo contrario; lo que hay que hacer es precisamente denunciar esta plaga y exigir a los partidos políticos y, en general, a todos los ciudadanos rechazar esta perversa conducta. El mayor enemigo de la democracia es la corrupción. El fin no justifica los medios. Recuerdo cuando estaba en la excelente Academia de Infantería de los EEUU, Fort Benning, en 1983; entre los numerosos textos que nos daban, había uno que me llamó la atención. Entre otras cosas decía: «El mayor enemigo de la democracia es la corrupción». Ahora aquí, en España, tenemos al número uno de esta putrefacción; se llama Pedro Sánchez y ha tenido a un gran maestro llamado Rodríguez Zapatero, el de las joyas.
Tampoco me gusta el término «ser políticamente correcto»; no lo soy ni me gusta porque es la mejor manera de perder la decencia, callar lo que debe denunciarse. Desgraciadamente, hay demasiados personajes acomodados y beneficiados por ser políticamente correctos. Hace tiempo que predico, sin demasiado éxito, eso de que hay que arrancar la mala hierba. Sí, y cuanto antes, mejor.
Parece muy agresivo lo que pido, muy radical, pero, si no se es capaz de hacerlo, podemos terminar como el Gobierno de España, como el Partido Socialista y sus compadres separatistas o filoterroristas; esta mala hierba está devorando la democracia. Recuerdo también mis años de joven capitán andando por la atractiva y seductora Cataluña de entonces. Encontré por el Prepirineo pueblos abandonados, con casas derruidas por el abandono y por la mala hierba. Mostraban en sus entrañas la belleza y poesía de otros tiempos, dejando ver lo que en su día fue morada de familias, paredes con diferentes colores austeros. Podías imaginar, con sensibilidad, la hermosa vida de entonces.
Tenemos que desherbar, echar a los que pudren con su corrupción el buen gobierno y la administración; no podemos estar rodeados de tanto villano, se llame Ábalos, Koldo, Tito, Pujol, Matas y tantos más.
Hay que superar esta dramática situación. Modestamente, recomiendo una regla básica para el buen gobierno. Siempre que pueda, rodéese de los mejores, de los honestos y competentes, marque la línea a seguir y dé el mejor ejemplo; trate de ser un líder, escuche las críticas, aprenda de ellos porque le enseñarán grandes cosas y le transmitirán una inmensa fuerza para afrontar cualquier reto, aunque sea muy arduo. Yo he tenido y tengo esta inmensa fortuna.
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