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AENA da la peor bienvenida a los turistas al aeropuerto de Mallorca: obras, caos y baños sucios

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Julio Bastida

Miles de turistas llegan cada día a Mallorca con la ilusión de disfrutar de unas vacaciones en uno de los destinos más importantes del Mediterráneo. Sin embargo, la primera imagen que se llevan al poner un pie en la isla dista mucho de ese paraíso que esperan encontrar. La terminal de llegadas del aeropuerto de Palma de Mallorca (Son Sant Joan) vive una situación que numerosos pasajeros califican de impropia de una infraestructura internacional.

Las imágenes grabadas muestran los baños de la terminal de llegadas del aeropuerto de Palma en un estado que provoca indignación. Suelos cubiertos de orina, una evidente falta de limpieza y un fuerte olor, según denuncian los propios usuarios, convierten la primera parada de miles de viajeros en una experiencia desagradable. Una escena que muchos consideran incompatible con la imagen turística que Mallorca proyecta al mundo.

Pero los problemas no terminan en los aseos. El aeropuerto de Son Sant Joan continúa inmerso en unas importantes obras de remodelación que han transformado por completo el recorrido habitual de los pasajeros. Polvo, suciedad, pasillos provisionales y continuos desvíos forman parte del itinerario que deben recorrer quienes llegan a la isla.

En algunos casos, los viajeros se ven obligados a caminar distancias cercanas a un kilómetro para abandonar la terminal, arrastrando maletas y equipaje por circuitos alternativos que alargan considerablemente el tiempo necesario para salir del aeropuerto. Una situación especialmente complicada para personas mayores, familias con niños pequeños o pasajeros con movilidad reducida.

El caos tampoco acaba al cruzar las puertas de salida. El exterior del aeropuerto de Palma permanece igualmente afectado por las obras, con importantes modificaciones en los accesos, cambios constantes en la circulación y una sensación generalizada de desorden que complica la llegada de taxis, autobuses y vehículos particulares.

Y todo ello ocurre en una de las infraestructuras aeroportuarias más importantes y rentables de España. El aeropuerto de Palma de Mallorca cerró 2024 con un récord histórico de más de 33,3 millones de pasajeros, lo que lo sitúa como el tercer aeropuerto con mayor tráfico de España, solo por detrás de Madrid-Barajas y Barcelona-El Prat.

Además, se ha consolidado como uno de los aeropuertos más rentables de Aena, generando millones de euros en ingresos gracias al intenso flujo de viajeros que recibe cada año. Resulta, por tanto, difícil de comprender que una infraestructura de esta magnitud ofrezca a millones de visitantes una primera impresión marcada por baños sucios, obras interminables, largos recorridos a pie y un acceso exterior completamente alterado por las obras.

Todo ello dibuja una imagen muy alejada de la excelencia que debería ofrecer una de las principales puertas de entrada turística de España. Son Sant Joan recibe cada año a decenas de millones de pasajeros y constituye el primer contacto de millones de visitantes con Mallorca. Sin embargo, la realidad que encuentran muchos de ellos es la de un aeropuerto en plena transformación, con molestias inevitables derivadas de las obras, pero también con situaciones, como el estado de los baños de llegadas, que numerosos usuarios consideran difíciles de justificar.

La gran pregunta es inevitable: ¿es esta la imagen que merece ofrecer Mallorca a quienes la visitan? Porque antes de descubrir sus playas, su gastronomía o su patrimonio, millones de turistas tienen que enfrentarse a una bienvenida marcada por obras, caos circulatorio, largas caminatas, baños en un estado lamentable y una sensación de abandono que contrasta con la importancia internacional del aeropuerto de Palma de Mallorca, una de las principales puertas de entrada del turismo en España.

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