Por qué el voto en Almería vale más que en Sevilla: así influye la Ley D’Hondt en las elecciones de Andalucía
El próximo 17 de mayo, más de ocho millones y medio de andaluces están llamados a las urnas para elegir al presidente de la Junta de Andalucía
El pasado lunes 23 de marzo, el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, decidió disolver el Parlamento Andaluz y convocar las elecciones andaluzas el próximo 17 de mayo por ser la fecha «idónea» para garantizar la participación.
El líder del PP andaluz aseguró que Andalucía «necesita llegar al verano con un horizonte político despejado» para defender su decisión de adelantar la fecha de las elecciones un mes. Moreno garantizó que acudir a las urnas en ese momento permitirá que Andalucía afronte «con plena capacidad política e institucional» los próximos meses, ante la perspectiva de un «contexto económico que exige estabilidad y anticipación».
Aunque se diga «un voto, una persona», en la práctica electoral no todos los votos tienen exactamente el mismo peso. Esta aparente contradicción se explica por el funcionamiento de la Ley D’Hondt, el sistema de distribución de escaños utilizado en España que, en Andalucía, puede hacer que el voto de un habitante influya más que el de otro según la provincia en la que viva.
¿Cómo se aplica la Ley D’Hondt?
El mecanismo de la Ley D’Hondt, empleado tanto en las elecciones andaluzas como en el resto de comicios españoles, no es completamente intuitivo. Se trata de un procedimiento matemático que decide cuántos escaños corresponden a cada partido según los votos recibidos, aunque incorpora ciertos matices que afectan la proporcionalidad.
En primer lugar, no todos los partidos participan en la distribución, ya que sólo se incluyen aquellos que superan el 3% de los votos válidos en cada circunscripción (considerando tanto los votos a partidos como los votos en blanco). Los que no alcanzan ese mínimo quedan automáticamente excluidos.
Tras este filtro, comienza el reparto de escaños. Los partidos se clasifican según la cantidad de votos obtenidos y sus cifras se dividen sucesivamente entre 1, 2, 3, 4, y así sucesivamente, tantas veces como escaños estén disponibles en la provincia. Con todos esos resultados, se seleccionan los números más altos hasta completar el total de representantes que se van a elegir.
Cada vez que se obtiene un resultado favorable para un partido, este suma un escaño. Por eso, los partidos más votados suelen salir beneficiados, aunque la distribución no siempre refleja perfectamente la proporción de votos. En ciertas situaciones, un partido puede recibir más votos en total y, aun así, conseguir menos escaños que otro debido a la forma en que funciona este método de cálculo.
¿Cómo se utiliza la Ley D’Hondt en las elecciones andaluzas?
Para comprender por qué no todos los votos tienen el mismo peso, es importante observar cómo se estructura el territorio electoral. Andalucía está dividida en ocho circunscripciones, una por cada provincia, y es dentro de estos límites donde se reparten los escaños.
El Parlamento andaluz está formado por 109 diputados, que no se asignan estrictamente de acuerdo con la población. Cada provincia recibe un mínimo de ocho escaños desde el principio, sumando un total de 64, mientras que los 45 restantes se distribuyen según el número de habitantes. Así, Sevilla, la provincia más poblada, obtiene 18 representantes, le siguen Málaga con 17, Cádiz con 15 y Granada con 13. Almería y Córdoba tienen 12, y Huelva y Jaén cuentan con 11.
Con este reparto definido, se aplica el sistema de la Ley D’Hondt en cada circunscripción. Esto significa que en las provincias con más escaños en juego se requieren muchos más votos para conseguir uno, mientras que en las menos pobladas se necesita menos. Por esta razón se dice que el voto de un almeriense tiene más ‘valor’ que el de un sevillano. No porque exista una diferencia legal, sino porque en territorios con menor población es más sencillo convertir votos en escaños.
Origen de la Ley D’Hondt
Aunque comúnmente se la llama «ley», en realidad es una fórmula matemática creada para asignar escaños de manera proporcional según los votos obtenidos por cada partido. Su inventor fue Victor D’Hondt, un jurista y profesor de Derecho belga, quien desarrolló este método en 1878 buscando un sistema lo más justo posible para traducir los votos en representación parlamentaria.
Con el tiempo, este sistema se adoptó fuera de Bélgica y fue incorporado en varios países, incluido España, siguiendo el ejemplo de naciones europeas como Francia. Desde entonces, se utiliza regularmente en los distintos procesos electorales españoles. Además, su aplicación no se limita a la política, ya que cualquier contexto donde sea necesario distribuir recursos o cargos de forma proporcional a unos resultados puede aprovechar este método.
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