Andalucía
DESAPARECIDOS

Once años sin noticias de Paco: búsqueda en 10 países, un autobús a Madrid y «la caza de redes yihadistas»

Paco le dijo a sus padres que se quedaría a dormir en casa de un vecino, pero este no sabía nada

Han pasado 3.939 días desde la desaparición de Paco Molina y, aun así, todo parece haber cambiado, pero nada ha mejorado para su familia. Desde el 2 de julio de 2015, Isidro, Rosa y Pepe, padres y hermano del joven cordobés desaparecido, ven pasar los días sin que el tiempo avance para ellos. Desde aquel día trágico, ni la policía ni ellos han logrado encontrar una pista que permita dar con el paradero de Paco.

A pesar de los años, Isidro Molina sigue recorriendo cada rincón de Córdoba y preguntando a amigos de Paco para encajar las piezas de un rompecabezas que parece no tener solución.

«El 2 de julio mi hijo había quedado con unos amigos y nos llamó para decirnos que se quedaba en casa de uno de ellos, que es nuestro vecino. Nos extrañó porque casi nunca se quedaba en casa de nadie a dormir, pero terminamos dándole permiso. Al día siguiente, al llamar a la casa del vecino para preguntar por él, su amigo nos dijo que llevaba varios días sin saber de Paco. Ese día empezó nuestro calvario», comenta Isidro a OKDIARIO Andalucía.

Cámaras de vídeo

La investigación dio un giro cuando apareció un posible testimonio clave. Nadie parecía saber nada del joven hasta que, un día, una persona de la zona declaró a la policía haberlo visto en la estación de autobuses de Córdoba, con destino a Madrid. Sin embargo, las grabaciones de las cámaras que pudieron haber captado a Paco ese día tardaron en ser solicitadas y terminaron siendo borradas.

«Ese día el autobús hace un cambio de chófer cerca de un pueblo de Córdoba, Pedro Abad, y tiene una estación de servicios con cámaras de alta resolución que apuntan a los aparcamientos donde llega el bus, pero la policía no solicitó las cámaras y las grabaciones, pasado un tiempo, se borran. Lo mismo me pasó cuando fui a la estación en Madrid, que casualmente en ese sitio hay una comisaría dentro. Cuando acudí a los meses, no sabían nada de la denuncia de mi hijo y lo tomaron como si fuera una pataleta».

Durante más de nueve meses, el padre acudió cada día a la estación de Córdoba en busca de algún comportamiento similar al que, según decían, había tenido Paco, pero no encontró nada parecido. «Todos los viernes me sentaba allí a las 5 de la tarde para ver qué tipo de gente pasaba por allí. Me quedaba sentado, miraba hacia arriba, hacia abajo, daba vueltas, pero nada, no encontré nada».

Los once años que el joven lleva desaparecido, desde que tenía 15 años, no han hecho que su familia pierda la esperanza de reencontrarse con él algún día, aunque el paso del tiempo juegue en su contra. Desde el 2 de julio de 2015, su padre permanece atento a cualquier posible llamada que confirme que su hijo ha sido encontrado con vida. El teléfono móvil permanece encendido día y noche, activo las 24 horas del día.

«Duermo con el teléfono y no lo silencio nunca. ¿Y si Paco me necesita? No me puedo permitir el lujo de rendirme. Ha habido casos en los que la persona aparece después de muchos años, así que… No estoy preparado para un final trágico porque me mataría».

Malas intenciones

A lo largo de estos años, la familia también ha tenido que enfrentarse a otro tipo de dificultades. Aunque para Isidro aquella mala actuación policial marca el devenir de la investigación, siempre estará agradecido a los agentes por mantener vivo el caso y por hacer que tanto él como su mujer conserven una mínima esperanza.

«Han recibido más de 70 llamadas que han sido investigadas y se ha buscado a Paco en 10 países, incluso en Irán y Colombia», explica el padre a este diario.

Para la familia, las llamadas han sido uno de los aspectos más duros del proceso de búsqueda, debido a las malas intenciones de ciertas personas que se aprovechan de este tipo de situaciones. Llegaron incluso a recibir una llamada de alguien que se hizo pasar por su hijo, en la que pedía ayuda. «Desgraciadamente, todas las familias que tenemos una desgracia vivimos esto. Hay quienes quieren aprovecharse, quienes quieren dinero, quienes afirman tener a Paco y piden recompensa o amenazan con matarlo…», lamenta el padre.

Hipótesis

Con el paso del tiempo, la familia ha ido elaborando sus propias teorías de lo ocurrido. Isidro tiene claro que a su hijo le ofrecieron algo el día previo o el mismo día de su desaparición. Explica que, si alguien quisiera desaparecer, no pediría una moto como hizo su hijo. El 2 de julio, Paco salió sin dinero, por lo que la hipótesis de que se subió a un autobús con dirección a Madrid queda debilitada si no fue con la ayuda de alguien. «Algo le ofrecieron de fiesta o no sé qué, pero claramente se ha vuelto en su contra».

Hasta tal punto llegó la desesperación de los Molina que incluso se plantearon que su hijo fue captado por una red yihadista tras el caso de la joven onubense detenida el mismo año cuando intentaba integrarse en Daesh. «En aquella época, cuando Paco desapareció, había redes yihadistas que estaban cazando a personas aquí en España.  No sabemos si le convencieron para irse, pero algo le hicieron a Paco. Sé que alguien sabe qué pasó y está callado», sentencia Isidro.