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El vivo X Fold6 se pone un catalejo y lleva el zoom a 1.933 mm en el Centro Espacial Kennedy

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

El vivo X Fold6 es el plegable que puede llevar un tubo metálico acoplado a la espalda, y con él se parece más a un catalejo con pantalla que a un plegable en sí. Es el extensor de teleobjetivo ZEISS, un accesorio que acompañó al teléfono durante mi visita al Centro Espacial Kennedy. Aquí voy a centrarme en el zoom, que es donde este móvil se la juega. Hice fotos a distancias muy distintas y una serie de tres disparos a unos obreros sirve para saber hasta dónde se puede estirar.

Lo que pone el tubo y lo que pone el software

El teleobjetivo periscópico del X Fold6 tiene un sensor de 50 MP y 3 aumentos ópticos, lo que equivale a una focal de 70 mm. El extensor de teleobjetivo ZEISS Gen 2 suma 2,35 aumentos ópticos adicionales, según vivo, y se vende aparte.

Foto: Nacho Grosso

Multiplicar 70 mm por 2,35 deja una base óptica de unos 165 mm, y los 200 mm que anuncia vivo se alcanzan con un pequeño recorte digital, algo que la propia marca ya indica. Los metadatos de mis fotos encajan con esa base, porque el zoom digital que registran parte siempre de esos 165 mm.

Todo lo que supera esa base es recorte digital y trabajo del procesado de imagen. La marca habla de un Hiperzoom ZEISS de hasta 100 aumentos, una cifra que dice poco hasta que se mira qué queda en la imagen.

Poniendo a prueba el vivo X6 Fold – Foto: Carlos Bueno

Has de tener esto en cuenta

El vivo X Fold6 llega a España desde el 1 de octubre por 1979 euros en su versión de 12 GB de RAM y 512 GB de almacenamiento. El extensor de teleobjetivo ZEISS no se incluye con el móvil y hay que comprarlo por separado, subiendo entonces a 2399 euros.

Donde el tubo se gana la mochila

A 200 mm de focal equivalente las fotos salen limpias. Un cohete expuesto muestra las letras de UNITED STATES en su cápsula, los cables que lo sujetan aparecen finos y definidos, y una torre metálica con su grúa, a lo lejos, mantiene los bordes nítidos.

Foto: Nacho Grosso

En plena luz, la cámara trabaja con ISO 72 y 1/2000 s en alguna de esas tomas, así que no hay ruido que repasar ni temblor que perdonar.

Foto: Nacho Grosso

Con 709 mm de focal equivalente, una bandera estadounidense a contraluz demuestra que el recorte todavía aguanta. El tejido conserva sus colores y su transparencia, y el cielo no se quema detrás.

Foto: Nacho Grosso

Unos obreros que sirven de regla

Tres imágenes apuntan a los mismos operarios sobre una estructura metálica. Los aumentos son 777 mm, 1.511 mm y 1.933 mm, que equivalen a un recorte digital de 4,7, 9,2 y 11,7 veces sobre la base óptica.

A 777 mm la escena aguanta bien sin esfuerzo. Se distinguen los arneses, la cadena que cruza la viga, los colores reflectantes de los chalecos y el papel desplegado que consultan, aunque las caras ya pierden definición.

Foto: Nacho Grosso

A 1.511 mm el resultado cambia de naturaleza. El encuadre gana fuerza, con los tres operarios y el papel en el centro, pero las caras se vuelven lisas, los contornos se rodean de un halo y los dibujos de los cascos se reducen a manchas.

Foto: Nacho Grosso

A 1.933 mm de focal equivalente ya no hay detalle que rascar. Las gafas, las barbas y la tela de los chalecos parecen pintadas al óleo, y del papel que sostienen no se lee nada. Es cierto que la foto sigue contando la escena, con el gesto de una mano sobre el papel y la postura de cada uno, pero exigirle más sería injusto.

Foto: Nacho Grosso

Con la cifra a la vista se entiende el porqué. A 1.933 mm el recorte es de 11,7 aumentos sobre la base óptica, y el archivo final supera los 12 megapíxeles aunque la información óptica que lo sustenta es una fracción diminuta. El resto lo pone el procesado de la imagen.

Cuándo conviene dejar de acercarse

Mi límite está entre los 700 y los 800 mm si quiero una foto que aguante a tamaño completo. Hasta los 1.500 mm sirve para redes sociales y pantallas de móvil, y por encima de esa cifra solo para dejar constancia de que algo estaba ahí.

Estas fotos merecen mirarse con perspectiva. Distinguir los arneses, las barbas y el gesto de una mano sobre un papel desde tan lejos habría pedido hace pocos años un teleobjetivo profesional de miles de euros. Ahora lo hace un plegable con un tubo acoplado que cabe en la mochila, y eso habría sonado a ciencia ficción no hace tanto.