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Si nunca subes contenido propio en redes sociales, tu perfil habla mal de ti

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

Hay un ejercicio que hago de vez en cuando, casi sin querer. Me refiero a entrar en el perfil de alguien y me pongo a bajar, a bajar, a bajar, buscando algo escrito por esa persona. Una opinión, una foto suya, un pensamiento suelto. Y en muchos casos no lo encuentro, solo hay contenido ajeno o vídeos de otros. Cero contenido propio en redes sociales. Y cada vez que me pasa, me quedo pensando qué sé realmente de esa persona después de haber visto cien publicaciones suyas. La respuesta, casi siempre, es nada.

La tentación que veo en otros

No hace falta haberlo vivido en primera persona para entender por qué pasa. Veo a gente con criterio de sobra refugiarse en el simple reenvío cuando tocaba opinar sobre algo delicado o en lo que podría lucirse quizás. Compartir un artículo ajeno no expone no obliga a defender una postura propia, pero escribir la tuya sí. Y entiendo por qué, en ciertos momentos, resulta más cómodo esconderse detrás del criterio de otro que exponer el propio.

Por qué me duele más verlo en LinkedIn

En Facebook o en un estado de WhatsApp, lo entiendo y hasta lo disculpo. Ahí no hay tanto en juego. Pero en LinkedIn me cuesta más pasarlo por alto, sobre todo cuando sé que esa persona anda buscando trabajo o quiere hacer contactos. Sé de gente cuyo perfil no dice nada de ellos porque nunca han escrito nada propio. Y me da rabia, porque sé que detrás hay más, mucho más de lo que ese perfil vacío deja ver. Y, además, deja entrever que no saben tratar a LinkedIn como lo que es, una herramienta de empleo, no un «Facebook de trabajo».

Fuente: Unsplash

Compartir no es lo mismo que contar algo tuyo

No pido que todo el mundo se convierta en creador de contenido ni que publique todos los días. Pido algo más modesto, que de vez en cuando aparezca una idea propia, aunque sea imperfecta o corta, la haga realidad. Un comentario que revele cómo piensas vale más que veinte artículos reenviados sin una palabra de tu parte.

La comparación que no me quito de la cabeza

Sigo pensando en eso de «muy de cuñado», y creo que no le falta razón. Conozco a ese familiar que en cada comida repite lo último que ha visto en un vídeo, sin una opinión propia detrás. En redes pasa lo mismo, solo que con más público y, en el caso de LinkedIn, con más consecuencias. Lo que subimos, o lo que dejamos de subir, también nos define. Y prefiero que mi perfil hable de mí con mis propias palabras, aunque a veces me cueste encontrarlas.