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El 5G de España no llega al listón que exige la inteligencia artificial más avanzada

  • Nacho Grosso
  • Cádiz (1973) Redactor y editor especializado en tecnología. Escribiendo profesionalmente desde 2017 para medios de difusión y blogs en español.

La única cifra que siempre ha importado en una red móvil ha sido la velocidad de descarga. Cuanto más alto el número, mejor, pero ese marco se ha quedado corto. Las aplicaciones de IA no consumen la red como una descarga cualquiera, y eso obliga a medir cosas que antes casi nadie miraba.

Ookla, la empresa detrás de Speedtest, ha analizado 22 mercados y 86 operadores para responder a una pregunta concreta: ¿aguantan las redes 5G actuales el tráfico que genera la IA? La respuesta corta es que sirven para lo básico, pero se quedan cortas en cuanto la exigencia sube. España aparece entre los mercados con margen de mejora.

Por qué la IA obliga a medir la red de otra forma

Una descarga tira sobre todo de la bajada. Ver un vídeo, cargar una web o actualizar una app funciona así, y las redes 5G se diseñaron pensando en ese reparto. El operador medio dedica alrededor del 10 % de su capacidad a la subida, según Ookla, porque históricamente el usuario recibía mucho más de lo que enviaba.

La IA rompe ese equilibrio. Un chatbot de texto ya mueve cerca de un 29 % de su tráfico hacia arriba. La IA de voz conversacional se acerca al reparto 50/50. Y las gafas inteligentes o la realidad aumentada, que envían imagen y sensores en tiempo real, pueden pedir un 40 % o más de subida. Ahí es donde aparecen las costuras.

Por eso Ookla propone fijarse en cinco métricas: capacidad de subida, latencia entre varios servidores, latencia con la red saturada, el retardo hasta la nube y la estabilidad de esa conexión. La velocidad de descarga deja de ser la protagonista.

Fuente: Getty

España se queda a las puertas del umbral para la IA de texto

Para que un modelo de lenguaje de texto responda con fluidez, la latencia de subida debe quedar por debajo de los 50 milisegundos. España se sitúa en 50,2 ms. Es cuestión de décimas, pero suficiente para dejarla fuera.

De hecho, España es uno de los cuatro únicos mercados del estudio que no bajan de ese umbral en reposo. La mayoría sí lo logra: 18 de los 22 mercados analizados cumplen el objetivo para IA de texto. El listón siguiente, los 40 ms que pide la IA de voz, lo alcanzan solo 13. Y la barrera de los 10 ms para realidad aumentada no la cruza ningún mercado, así que esa parte del futuro tendrá que esperar.

El verdadero problema aparece cuando la red se llena

Los 50,2 ms se miden con la red tranquila. El escenario cambia cuando muchos usuarios la usan a la vez, que es justo cuando la IA en tiempo real tiene que responder sin titubear.

Ookla mide esa caída con un multiplicador. En España, la latencia se degrada 6,6 veces bajo carga. Para situarlo: el Reino Unido aguanta mejor, con un 3,7x, mientras que Tailandia se dispara hasta 11,4x y roza latencias de casi un segundo. España queda en una zona intermedia, lejos de lo peor, pero también lejos de lo que necesita un asistente de voz para no cortarse a media frase.

La subida, es lo que nadie vigilaba

Si hay un punto flaco claro, es la capacidad de subida. España destina el 11,48 % de su ancho de banda 5G a enviar datos, con una velocidad media de subida de 17,12 Mbps. No es una cifra ridícula, pero tampoco holgada para lo que viene.

El detalle preocupante es la tendencia. Esa porción dedicada a la subida ha caído 2,90 puntos porcentuales entre 2023 y 2025. Mientras el consumo de IA empuja en dirección contraria y reclama más subida, la red española ha ido asignándole algo menos. Es la clase de desajuste que no se nota mientras solo mandamos mensajes, y que empieza a pesar en cuanto un agente de IA trabaja de forma continua en segundo plano.

El viaje hasta la nube también suma milisegundos

La latencia no termina en la antena. Cuando una consulta sale del móvil, todavía tiene que llegar hasta el servidor donde vive el modelo de IA, casi siempre en la nube.  En España, ese trayecto oscila entre los 65 milisegundos en Oracle Cloud Infrastructure y los 70 milisegundos en Azure. Son décimas que se acumulan sobre todo lo anterior. Por eso Ookla insiste en tratar la conexión con la nube como una pieza más de la infraestructura de red, y no como algo ajeno que empieza donde acaba el operador.

El significado en el día a día

Nada de esto impide usar hoy ChatGPT o dictar un mensaje por voz desde el móvil. Para el uso cotidiano, la red española cumple. El aviso mira al futuro cercano. Las gafas inteligentes empiezan a llegar, los asistentes de IA quieren funcionar sin pausas y los agentes autónomos generarán tráfico constante hacia arriba. Ese escenario exige justo lo que hoy escasea: más subida, menos latencia y una conexión estable con la nube.

El número grande de la velocidad de descarga ha dejado de contar la historia completa. La próxima generación de redes se jugará su prestigio en las métricas pequeñas, esas que hasta ahora quedaban en la letra pequeña de los informes.