Tienes que abrochar los cinturones de atrás aunque no vaya nadie: la DGT explica por qué
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La DGT suele ofrecer información de gran interés a los ciudadanos a través de sus redes sociales o de su página web, en muchas ocasiones sobre consejos de seguridad y situaciones que quizás jamás te habrías imaginado pero que, si lo dicen, es por algo, por lo que siempre es importante seguir las recomendaciones. Te contamos la recomendación de la DGT sobre abrochar los cinturones traseros aunque no vaya nadie sentado, algo que muy pocas personas saben pero que puede resultar muy importante para lograr la mejor experiencia de conducción.
¿Por qué la DGT recomienda abrochar los cinturones traseros si no va nadie sentado?
Entre las últimas recomendaciones de la DGT, siempre interesantes, destaca una que sorprende a quien la descubre ya que no se le encuentra sentido, pero al ver la explicación tiene mucho. Muchos expertos en seguridad vial coinciden con la DGT en que es recomendable abrochar los cinturones traseros aunque no vaya nadie, siempre y cuando en el maletero se transporten cosas, si va vacío no sería necesario.
El motivo tiene mucho sentido, y es que si los cinturones no están abrochados, en caso de que haya un frenazo brusco, la carga del maletero podría desplazarse contra el respaldo de los asientos, que al no no tener el cinturón de seguridad abrochado podrían ceder y que la carga fuera contra el conductor y el resto de viajeros, con el riesgo que eso supone. Los cinturones le dan una barrera extra al interior del vehículo, y si están abrochados la carga no los traspasará.
El efecto elefante en el coche
Ese desplazamiento de la carga se conoce como el «efecto elefante», que es lo que pasa cuando hay un frenazo y las personas que están en los asientos traseros se desplazan bruscamente contra el asiento del conductor o del copiloto en el caso de no tener el cinturón de seguridad abrochado. Esa fuerza equivale al peso de un paquidermo, de ahí su nombre, y supone un gran riesgo tanto para los propios pasajeros que bruscamente se liberan por el vehículo como para los que viajan delante y pueden sufrir daños, que en el caso del conductor podría incluso perder el control del vehículo.
Por poner un ejemplo, circulando a 60 km/h, una persona con un peso de 75 kg sin cinturón, al sufrir un frenazo golpearía el asiento delantero con una fuerza equivalente al peso de un elefante de 4,2 toneladas, una auténtica barbaridad, realmente nadie se imagina que su propio cuerpo pueda llegar a ejercer esa fuerza en alguna circunstancia.
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