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Si te gustan las uvas estás de enhorabuena: un estudio científico afirma que pueden fortalecer tu piel frente a los rayos UV del verano

  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

El consumo de uvas podría reforzar las defensas de la piel frente a los rayos UV al activar genes vinculados a la protección cutánea, según una investigación publicada por la revista científica ACS Nutrition Science en junio de 2026.

El trabajo está liderado por John M. Pezzuto, catedrático del Colegio de Farmacia y Ciencias de la Salud de la Universidad de Nueva Inglaterra Occidental en Springfield, Massachusetts.

El ensayo clínico analizado contó con 29 voluntarios que siguieron una dieta de control durante dos semanas y consumieron después el equivalente a tres raciones diarias de uva durante otras dos semanas. Al concluir esa fase, el equipo extrajo biopsias de piel tanto de zonas expuestas como no expuestas a la radiación ultravioleta.

Las muestras se tomaron antes y después de la intervención dietética, para analizar los cambios moleculares en el tejido cutáneo.

¿Cómo pueden las uvas fortalecer la piel frente a los rayos UV del verano?

El análisis del tejido dérmico reveló que el consumo de uva activó genes vinculados a la queratinización y la cornificación, dos procesos que refuerzan la capa exterior de la piel. Estos genes permiten a la epidermis resistir factores ambientales como la radiación ultravioleta, los agentes químicos y los patógenos, y contribuyen a mantener la firmeza y la elasticidad del tejido cutáneo.

Los autores del estudio también detectaron alteraciones en el perfil lipídico del plasma de los participantes. Los fosfatidilinositoles analizados aumentaron entre un 23 y un 142 % tras la intervención; los fosfatidilserinas, entre un 18 y un 118 %; y los fosfatidilcolinas, entre un 11 y un 95 %. Estas familias de lípidos se asocian con la función barrera de la piel, la actividad antiinflamatoria y las propiedades antienvejecimiento del tejido cutáneo.

Una de las conclusiones del equipo es que el trabajo constituye la primera demostración directa de que el consumo de uva modifica la expresión génica en un tejido somático humano más allá de las células mononucleares de sangre periférica. Hasta ahora, las respuestas nutrigenómicas de la uva solo se habían documentado en ese tipo celular, más fácil de obtener en ensayos clínicos.

El marcador del daño oxidativo solar en las uvas

Otro resultado relevante fue la reducción de los niveles de malondialdehído inducidos por los rayos UV en la piel de 26 de los 29 participantes tras el consumo de uva. El malondialdehído es un subproducto de la peroxidación lipídica: aparece cuando la radiación ultravioleta daña los lípidos de las membranas celulares y sirve como marcador del estrés oxidativo cutáneo.

Lo llamativo es que esa reducción se produjo también en los cuatro participantes cuyos tejidos se analizaron en detalle y que no habían mostrado mejora en los tests estándar de resistencia UV.

Los autores del estudio interpretan este resultado como evidencia de que el consumo de uva genera cambios moleculares beneficiosos en la piel con independencia de que las pruebas convencionales reflejen o no una mayor resistencia a la radiación.

El microbioma intestinal como posible vía de los fitoquímicos de la uva hacia la piel

El equipo propone que los fitoquímicos de la uva modifican la composición del microbioma intestinal, que a su vez genera metabolitos capaces de llegar al tejido cutáneo a través del eje intestino-piel. Ese mecanismo nutrigenómico explicaría la modulación génica observada en la epidermis de los participantes, así como la variabilidad de las respuestas entre individuos.

Pezzuto lleva más de dos décadas estudiando los efectos de los fitoquímicos de la uva en la salud humana.

Trabajos anteriores del mismo equipo ya habían documentado que el consumo de uva aumentaba la resistencia UV en aproximadamente el 30 % de los participantes, medida por la dosis de eritema mínima. Este nuevo estudio amplía ese hallazgo al demostrar que los efectos beneficiosos sobre la piel alcanzan también a quienes no responden en esa prueba.