Rabietas infantiles: por qué ocurren y cómo gestionarlas con calma según Quirónsalud

Rabietas infantiles: por qué ocurren y cómo gestionarlas con calma según Quirónsalud
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Es habitual que entre los dos y los cuatro años los niños atraviesen etapas marcadas por rabietas, gritos, llantos o negativas constantes, una situación que los padres deben afrontar con tranquilidad al tratarse de una fase normal en su desarrollo. La doctora Ana García Figueruelo, especialista en pediatría del Hospital Quirónsalud Sur, señala que estos comportamientos responden a factores específicos de su evolución.

¿Por qué ocurren las rabietas?

El comportamiento del niño durante estos episodios tiene una raíz clara en su proceso de maduración:

  • Desarrollo emocional: Es en esta etapa cuando el cerebro del niño comienza a aprender cómo expresar lo que siente.
  • Límites de autonomía: Los pequeños ganan autonomía física –como andar, correr o subir escaleras–, pero se enfrentan a límites que aún les cuesta comprender.
  • Frustración: La diferencia entre su gran capacidad de movimiento y su limitada autonomía verbal les impide expresar sus deseos, lo que les lleva a descargar su malestar mediante llantos, gritos o patadas.

Estrategias para gestionar la frustración

Para manejar estos episodios de forma eficaz, la especialista propone un abordaje basado en cuatro pilares:

  • Mantener la serenidad: Es fundamental que el adulto conserve la calma, pero también debe ser capaz de demostrarle al niño esa misma tranquilidad.
  • Validar las emociones: Se recomienda reconocer el enfado del pequeño con frases como “entiendo que estés enfadado”, explicando al mismo tiempo por qué no puede obtener lo que demanda en ese momento.
  • Ofrecer alternativas: En lugar de imponer una decisión única, es útil dar opciones al niño para que sea él mismo quien elija, como por ejemplo decidir entre dos pares de zapatos diferentes.
  • Fomentar el diálogo: Una vez que la tormenta emocional ha pasado y todos los implicados están tranquilos, es el momento de hablar con el niño, explicarle el motivo de las decisiones y volver a validar sus sentimientos para prevenir futuros episodios.

El aprendizaje como objetivo final

Aunque las rabietas forman parte del crecimiento, la Dra. García advierte que no se debe ceder ante ellas, ya que es importante que los niños aprendan dónde se sitúan los límites y que estos comportamientos no se perpetúen. Lejos de ser un simple conflicto, estos episodios representan una ocasión ideal para enseñarles a identificar y gestionar sus emociones de manera saludable.

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