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Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda

Prediciendo el futuro del trabajo: nuevos modelos para anticipar bajas por lumbalgia

Nuevos enfoques científicos buscan mejorar la predicción del absentismo laboral por dolor de espalda

El manejo activo y la prevención basada en el movimiento, claves frente al dolor lumbar en el trabajo

Un estudio coordinado por la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE) ha mostrado que ser autónomo es el único factor asociado a un menor riesgo y duración de baja laboral por dolor lumbar a lo largo de los siguientes 18 meses, y a un riesgo también menor de que, en caso de producirse, genere 30 o más días de baja durante ese periodo.

Este trabajo, que ha sido publicado en Occupational and Environmental Medicine, la revista especializada en Medicina Laboral del grupo editorial British Medical Journal, ha analizado 77 factores que estudios previos habían demostrado asociarse a la intensidad del dolor, al grado de discapacidad y a la evolución de ambos parámetros.

El estudio, que se ha prolongado durante 17 años en el tiempo, ha sido dirigido por investigadores del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León (IBIOMED), la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro-Segovia de Arana (Madrid), el departamento de Enfermería y Fisioterapia de la Universidad de Salamanca y la Unidad de Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa de la capital de España. Para abordar este tema tan importante, los tres principales expertos del estudio hablan en OKSALUD sobre estos datos tan relevantes en nuestro país.

Dr. Francisco Kovacs

Miembro de la Unidad de la Espalda Kovacs del Hospital HLA Universitario Moncloa y director de REIDE

Pregunta.- Como director de la Red Española de Investigadores en Dolencias de la Espalda (REIDE), usted ha destacado que factores económicos y psicosociales influyen más que la intensidad del dolor en la decisión de pedir una baja laboral. ¿Qué implicaciones tiene esto para el abordaje clínico habitual del dolor lumbar en atención primaria y especializada?

R.- Las conclusiones de la investigación sobre los predictores de la baja laboral por lumbalgia no son necesariamente aplicables en el ámbito clínico, pues se realizó con trabajadores activos reclutados en el entorno laboral (y no con pacientes atendidos en el ámbito sanitario), y se centró en la predicción del absentismo laboral por lumbalgia (y no en el de la evolución de parámetros clínicos, como el dolor o la discapacidad).

Sin embargo, estudios previos han demostrado que algunos factores psicosociales influyen en la evolución clínica de los pacientes, y especialmente en su grado de discapacidad (definida como “restricción de la actividad cotidiana”), lo que a su vez influye en su calidad de vida. En los pacientes españoles se ha comprobado que el factor psicológico más relacionado con el grado de discapacidad es tener una personalidad ansiosa, mientras que otros aspectos importantes entre los pacientes anglosajones y escandinavos, como la intensidad de los pensamientos catastrofistas, resultan irrelevantes en nuestro entorno.

Por otra parte, en más del 90% de los pacientes la lumbalgia es de causa inespecífica, lo que significa que no se debe a una causa estructural que pueda verse en una resonancia magnética u otras pruebas de imagen. En esos casos, los estudios científicos reflejan que los pacientes se desasosiegan cuando perciben que su entorno sospecha erróneamente que, dado que no se ve nada patológico en sus pruebas de imagen, pueden estar inventando o exagerando su dolor. Esa es una fuente adicional de frustración y sufrimiento.

En la práctica, eso implica que, en el ámbito clínico, además de aplicar tratamientos efectivos para mejorar el dolor, es conveniente encauzar los factores psicológicos para evitar restricciones y sufrimiento innecesario al paciente. Además, sólo se deben prescribir pruebas complementarias cuando están indicadas y sus resultados se tienen que interpretar conjuntamente con los del interrogatorio clínico y la exploración física, sin asumir erróneamente que el dolor es inventado si las pruebas de imagen no muestran hallazgos patológicos.

P.- En investigaciones previas ha señalado la importancia de mantener el movimiento incluso durante episodios de dolor de espalda y ha cuestionado enfoques tradicionales como el reposo en cama o la higiene postural rígida. ¿Cómo podrían integrarse estas recomendaciones terapéuticas actuales en medidas preventivas aplicadas en el ámbito laboral para reducir el absentismo por lumbalgia?

R.- Los ensayos clínicos controlados que se han realizado en España con distintas poblaciones, desde ancianos ingresados en residencias a pacientes tratados en el ámbito clínico, demuestran que los programas de educación basados en la higiene postural o la ergonomía son significativamente menos efectivos que los centrados en el “manejo activo” del dolor lumbar.

El «manejo activo» se resume en dos conceptos esenciales. El primero es incitar a los sanos a desarrollar una musculatura potente, resistente y bien coordinada, lo que reduce el riesgo de que aparezcan episodios de lumbalgia y acorta su duración. El segundo es transmitir que, si aparece un episodio de dolor lumbar, conviene evitar el reposo en cama o reducirlo tanto como sea posible, y mantener el mayor grado de actividad física que permita el dolor. Eso mejora la irrigación y mantiene el tono y la coordinación muscular, lo que acorta significativamente el episodio y reduce el riesgo de recidivas.

Creo que convendría actualizar con ese enfoque los contenidos de los programas de educación sanitaria destinados a los trabajadores. Y como los programas educativos de efectividad comprobada son simples y baratos, y actualmente es imposible identificar a los trabajadores con mayor riesgo de absentismo por lumbalgia, convendría impartir esos programas educativos a todos los trabajadores.

P.- Su trayectoria investigadora incluye más de 140 publicaciones y colaboraciones en proyectos sobre pronóstico, diagnóstico y tratamiento del dolor lumbar. ¿Qué líneas de investigación considera más prometedoras para avanzar en la predicción individual del riesgo de absentismo laboral por dolor lumbar, dado que los modelos actuales tienen baja discriminación?

R.- Aunque el dolor adquiere un componente emocional, especialmente cuando es intenso o persistente, es esencialmente una experiencia sensorial que en gran medida es determinada biológicamente, y actualmente los médicos podemos predecir bien cómo va a evolucionar en un paciente concreto el dolor lumbar, el grado de discapacidad y el dolor irradiado a la pierna. En el ámbito clínico, también podemos identificar precozmente a los pacientes con mayor riesgo de convertirse en crónicos e incluso determinar la probabilidad individual de que algunos tratamientos sean efectivos en un caso concreto. De hecho, herramientas gratuitas y de uso libre, como www.pronosticodolorlumbar.es o www.pronosticoNRT.es, permiten hacerlo de manera fiable, basándose en pruebas científicas sólidas.

Sin embargo, pedir una baja laboral es un comportamiento, y como tal tiene la complejidad inherente a todo comportamiento humano. En él, el componente biológico es sólo un aspecto más, que este estudio refleja que es menos determinante que los incentivos económicos. Por lo tanto, es probable que sea más factible predecir la baja laboral basándose en factores psicosociales y económicos que en parámetros clínicos o biológicos. Futuros estudios deberían comprobar esta hipótesis, e identificar y cuantificar esos factores.

Prof. Jesús Seco

Prof.  Catedrático, Universidad de León Instituto de Biomedicina (IBIOMED)

Pregunta.-. El estudio muestra que ser trabajador autónomo reduce significativamente el riesgo de baja laboral y su duración. Desde su experiencia, ¿cómo deberían adaptarse los programas de intervención física en función del tipo de contrato laboral para apoyar la continuidad laboral de los trabajadores con dolor lumbar?

¡Menuda pregunta más atinada! Es preciso resaltar que la inseguridad laboral es un factor de riesgo significativo que eleva la prevalencia de dolor lumbar y dificulta la recuperación. Por ello, cabe resaltar que las estrategias clave se fundamentan en dos aspectos: la flexibilidad en la implementación, es decir, que los programas sean accesibles dentro del horario laboral para evitar que el trabajador perciba el ejercicio terapéutico como una carga adicional que ponga en riesgo su posición; y, en segundo lugar, el abordaje de las barreras del sistema, esto es, identificar no solo las limitaciones físicas, sino también las barreras organizacionales (apoyo del supervisor, políticas de empresa) que pueden variar drásticamente entre un trabajador temporal y uno fijo. Esto resulta crucial.

Así, en trabajadores que muestren inseguridad laboral, el enfoque terapéutico se debería orientar hacia las creencias de evitación y a priorizar la educación para reducir el miedo. Por otra parte, los programas de intervención de ejercicio terapéutico deberían basarse en intervenciones de corta duración e intensas.

Resulta obvio que estos programas deben ser dirigidos y ejecutados por personal sanitario, como son los fisioterapeutas, especialistas en la salud mediante el movimiento.

Finalmente, en trabajadores con contratos estables, el enfoque es más a largo plazo, realizando modificaciones técnicas en el puesto de trabajo y evaluaciones ergonómicas a largo plazo, así como programas multimodales en el propio lugar de trabajo, que combinan ejercicio terapéutico (tonificación muscular y flexibilidad), terapia cognitivo-conductual y control del estrés. Todo lo cual ha demostrado ser más efectivo para prevenir la recurrencia que el ejercicio aislado.

P.- Usted ha participado en proyectos sobre dolor de espalda, estrés y daño muscular, además de liderar investigaciones en fisioterapia. ¿Puede comentar cómo los factores musculares y de estrés pueden integrarse en modelos predictivos más robustos para anticipar la necesidad de baja laboral?

R.- Es una pregunta extraordinaria y apasionante de contestar, aunque algo compleja; intentaré ser lo más didáctico posible.

Los modelos predictivos robustos para predecir una baja laboral por dolor lumbar y que integrasen factores musculares y de estrés requerirán un enfoque biopsicosocial que incorpore el daño muscular medible (mediante fuerza cuantificada por dinamometría isocinética esencialmente), expresión bioquímica del daño muscular (Creatina Quinasa —CK o CPK—, Mioglobina, Lactato Deshidrogenasa —LDH—, Aldolasa y Aspartato Aminotransferasa —AST/GOT—), así como biomarcadores de inflamación (Proteína C Reactiva —PCR— e Interleucina-6 —IL-6—), de estrés oxidativo (Malondialdehído —MDA— y TBARS) y de estrés crónico (fundamentalmente cortisol), con factores psicosociales (inseguridad laboral, creencias de evitación).

Dado que cada marcador tiene una cinética de aparición y desaparición diferente (la mioglobina es precoz mientras que la CK tarda más en alcanzar su pico), se recomienda el uso de múltiples biomarcadores para obtener un diagnóstico preciso del estado muscular y su capacidad de recuperación. Por ello, también se recomienda analizar troponinas musculares esqueléticas y fragmentos de titina y desmina, ambas proteínas muy específicas de lesión muscular.

La investigación orienta a que la combinación de daño muscular inducido por ejercicio (EIMD) y altos niveles de estrés incrementaría el riesgo de cronicidad y absentismo, superando la capacidad física funcional en el análisis de riesgo.

P.- La logística de este estudio implicó retos importantes para recoger datos clínicos y laborales durante años. ¿Qué lecciones ha aprendido sobre la colaboración entre servicios sanitarios, empresas y mutuas que podrían facilitar estudios futuros de epidemiología laboral en España?

R.- En primer lugar, hemos de resaltar que la colaboración entre servicios sanitarios, empresas y mutuas ha resultado crucial y que así debería seguir siendo.

Sin embargo, al intentar trasladar los resultados y conclusiones de nuestro estudio para que haya un cambio, encontramos enormes dificultades.

En mi opinión, podríamos recordar, plantear o sugerir posibles actuaciones de las administraciones públicas competentes en materia sanitaria: los sistemas de información adecuados siguen sin existir y sería conveniente que la ley estableciera y exigiera la concreción de dichos sistemas de información; que se proceda a actualizar dichos sistemas y hacerlo de forma más coordinada en su conjunto.

Es preciso también recordar —algo muy importante— que la salud está muy fragmentada entre:

• Sistema Nacional de Salud (público, el médico que da la baja por contingencia común, es decir, enfermedad no relacionada con el trabajo).
• MATEPSS (gestión privada de dinero público, médico que da la baja por contingencia profesional, bien enfermedad relacionada con el trabajo o accidente laboral).
• Servicios de Prevención (empresa privada, que realizan la vigilancia de la salud y la prevención de riesgos laborales).

Por todo ello, el establecimiento de un sistema de información sobre la salud laboral sólo sería posible con una organización a nivel estatal regulada por ley, de tal modo que pudiera aglutinar toda la información generada desde los distintos actores en salud, que al final gestionan la salud integral, y que sea accesible para la consulta de datos de forma conjunta.

Aunque lo importante debería ser la salud del trabajador y de la trabajadora, tal y como está el sistema de atención y gestión es difícil garantizar una prevención y una atención adecuadas a los trabajadores y trabajadoras y, consecuentemente, poder afrontar con garantías de éxito la problemática del absentismo laboral.

Dra. Ana Royuela

Miembro de la Unidad de Bioestadística Clínica del Instituto de Investigación Sanitaria Puerta de Hierro-Segovia de Arana

Pregunta.- Usted es responsable metodológica en bioestadística clínica y ha trabajado en análisis multivariables complejos para este estudio. ¿Qué desafíos encontró al aplicar modelos pronósticos a variables psicosociales y económicas, y qué recomendaciones daría para estudios similares en el futuro?

R.- La calidad del dato es fundamental. Ahora que estamos en la era del Big data y la IA, prestar especial atención a la calidad del dato que entra en el modelo es imprescindible para obtener unos resultados válidos y fiables. En este estudio, se ha cuidado muchísimo esa calidad y procesamiento de los datos recogidos. Para la medición de variables psicosociales y asociadas al dolor lumbar, se han empleado cuestionarios previamente validados (VAS, RMQ, CSQ, FAB, CoPsoQ), tal y como puede apreciarse en el artículo publicado.

Además, en todo estudio observacional, los datos perdidos (missing data) son siempre un handicap para el análisis, porque dependiendo del patrón de pérdida de datos, si es al azar o no, y si el dato perdido puede predecirse según el resto de variables recogidas o no, puede estar introduciéndose un sesgo en el análisis. Y esto repercute directamente en los resultados que se obtienen. En este caso, se cuidó especialmente el patrón de pérdida de datos y se tomaron decisiones acordes a cada situación.

Otro desafío fue el bajo porcentaje de trabajadores que estuvieron de baja laboral por lumbalgia en los 18 meses siguientes al control médico basal. Esperábamos un 20% de trabajadores con al menos una baja, y la realidad fue 7.4%. Esto se llama “desbalance de clases” en la jerga, y supone que el modelo tiende a predecir mayoritariamente la clase mayoritaria (aquellos trabajadores sin baja) y tenga peor capacidad para detectar correctamente la minoritaria (trabajadores con baja laboral). Por eso, los resultados de rendimiento fueron que la calibración del modelo era muy buena, pero la discriminación, pobre.

P.- Considerando que la bioestadística demostró que muchas variables clásicas (como intensidad del dolor) no fueron predictoras robustas de absentismo, ¿cómo puede la bioestadística avanzar para integrar datos longitudinales y subjetivos en predicciones más precisas para la salud laboral?

R.- La bioestadística puede avanzar integrando modelos longitudinales y multivariables más complejos como modelos mixtos, modelos de análisis de tiempo a un evento (modelos de supervivencia) o enfoques de machine learning, que incorporen mediciones repetidas en el tiempo, por ejemplo, intensidad de dolor en momentos diferentes, y variables subjetivas, como las expectativas personales, percepción del impacto económico o inseguridad laboral, para capturar mejor la evolución dinámica del dolor y del comportamiento laboral.

En este estudio hemos visto que los factores clínicos clásicos como la intensidad del dolor o la discapacidad asociada a dolor lumbar, que sí predicen la evolución del dolor, no resultaron predictores robustos de absentismo. Esto sugiere que los modelos predictivos futuros deberían integrar datos biológicos, sociales y conductuales recogidos longitudinalmente para mejorar la precisión de las predicciones en salud laboral.

P.- Desde su experiencia en metodologías epidemiológicas y salud pública, ¿qué papel tienen las medidas preventivas poblacionales frente al diseño de políticas laborales y de salud pública basadas en evidencia científica como esta?

R.- Las medidas preventivas poblacionales tienen un papel central en el diseño de políticas laborales y de salud pública cuando la evidencia muestra que no es posible identificar con precisión a los individuos con mayor riesgo de absentismo. En este estudio, el modelo estadístico encontró asociación con ser trabajador autónomo, tener una mayor percepción de inseguridad laboral, mayor edad, episodios previos de lumbalgia superiores a 14 días, percibir que una posible baja tendría un alto impacto económico y tener una alta autopercepción de estar de baja en los próximos meses; pero no permitieron predecir de forma fiable qué trabajador concreto solicitaría una baja, lo que limita la eficacia de estrategias preventivas dirigidas únicamente a grupos de alto riesgo.

Desde la perspectiva de la epidemiología y la salud pública, esto refuerza el enfoque de prevención poblacional, que busca reducir el riesgo en toda la población trabajadora mediante intervenciones generales (educación en salud, ergonomía laboral, promoción de actividad física o mejoras organizativas del trabajo). Este enfoque suele tener mayor impacto global, ya que actúa sobre determinantes amplios —incluidos factores sociales y laborales— que influyen en la aparición del absentismo.

Por tanto, la evidencia científica como la presentada en este estudio orienta a que las políticas públicas combinen medidas universales de prevención con intervenciones estructurales en el entorno laboral, en lugar de centrarse únicamente en identificar individuos de alto riesgo, lo que puede resultar poco efectivo cuando los predictores individuales son débiles.