El médico en un dispositivo: éstas son las enfermedades que se pueden prevenir
Gracias a la IA estos dispositivos móviles son capaces de evaluar los riesgos y ofrecer recomendaciones personalizadas para cada usuario
Los wearables son dispositivos electrónicos portátiles que se utilizan en el cuerpo humano para transmitir o recoger algún tipo de dato. Esta tecnología aplicada a la salud ha evolucionado mucho en los últimos tiempos gracias a la Inteligencia Artificial (IA) y a las nuevas tecnologías… ya han quedado muy atrás los relojes que ‘cuentan pasos’.
La producción de dispositivos wearables es un mercado en alza y, según los datos del informe de la consultora Technavio del año pasado, el mercado global de wearables superará los 99.000 millones de dólares en los próximos cuatro años, debido a la gran demanda de dispositivos de salud personal y al auge de la IA aplicada al bienestar.
Hoy en día, los nuevos wearables son verdaderos aliados para el bienestar y el autocuidado: miden, controlan, analizan y pueden incluso llegar a predecir comportamientos inadecuados o posibles riesgos para la salud. Tal y como indican desde la Clínica Mayo, además de medir las constantes básicas, hay dispositivos que analizan la frecuencia cardíaca, el sudor, la temperatura corporal profunda o incluso los niveles de hidratación.
Ya se están comercializando algunos dispositivos que comienzan a detectar indicadores relacionados con el estrés o la salud mental. De hecho, los investigadores de Mayo Clinic, están probando un reloj que permite a los padres detectar los primeros signos de un berrinche severo en niños con trastornos emocionales y de conducta. Esto les permitiría intervenir rápidamente y reducir de manera significativa la intensidad y duración del episodio.
Prevención eficaz
El valor real de los wearables en la medicina radica en su capacidad de monitorización continua y no invasiva. Ayudan de forma sencilla a los pacientes en la autogestión de su estado médico y en la toma de decisiones, pero, sobre todo, en la prevención.
Los datos médicos que proporcionan estas herramientas digitales ayudan a detectar anomalías en tiempo real que en una consulta podrían pasar desapercibidas. Son, por tanto, herramientas muy eficaces a la hora de detectar signos tempranos de alerta como ocurre en el caso de su uso en pacientes con diabetes o hipertensión que pueden prevenir las crisis antes de que ocurran gracias a los avisos de sus dispositivos. En embarazadas, en personas mayores e incluso en menores de edad, los sensores y cámaras acoplados han demostrado ser eficaces a la hora de detectar la importancia de una caída doméstica, un principio de arritmia cardíaca o fiebre y prevenir males mayores.
Una vez en funcionamiento, gracias a la IA estos dispositivos móviles son capaces de evaluar los riesgos y ofrecer recomendaciones personalizadas para cada usuario. Este enfoque predictivo está transformando la atención médica, que pasa de ser reactiva a preventiva.
Un artículo publicado en la revista Nature Medicine destaca cómo los wereables pueden contribuir a la medicina personalizada al proporcionar datos longitudinales a lo largo del tiempo que son esenciales para entender cómo evoluciona la salud de una persona.
Además, estos wearables actuales no funcionan de forma aislada, se pueden conectar a muchas aplicaciones del móvil, pero también a plataformas de salud digital y a otros sistemas médicos proporcionando información fidedigna a los médicos. Esto permite ajustar los tratamientos, prevenir crisis y llevar a cabo un seguimiento más eficaz de las patologías.
Del laboratorio al mercado
La investigación y desarrollo de sensores biométricos son clave en la creación de los wearables. Los investigadores diseñan todo tipo de sensores capaces de medir y registrar parámetros vitales como el oxígeno en sangre, la glucosa, el ritmo cardíaco o la tensión, entre otros muchos. Tal y como explican los expertos de la Universidad La Salle, el problema está en trasladar esos sensores a dispositivos manejables y ergonómicos que puedan ser usados de forma sencilla y práctica por los usuarios. El principal reto es combinar la precisión científica con el diseño ergonómico y la miniaturización.
Además, estos dispositivos tienen que estar diseñados para resistir el día a día, consumir poca batería y estar hechos de materiales biocompatibles para que los sensores se puedan integrar en productos como relojes, pulseras o incluso en ropa. Por si este reto fuera poco, también hay que dotarlos de un sistema de software específico que sea fácil de manejar e intuitivo y que cumpla con todas las normativas de privacidad y seguridad.
Una vez conseguido todo lo anterior, se recurre a la Inteligencia Artificial (IA) y se programa para que sus algoritmos detecten y analicen patrones que ofrezcan datos fidedignos sobre la salud de cada usuario.
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