¿Mascar chicle para adelgazar?: carece de evidencia científica y puede aparecer un efecto laxante
El chicle no es una herramienta nutricional. Si se consume, mejor que sea de forma ocasional y sin azúcar
Masticar chicle para calmar la sensación de hambre es una práctica extendida que, sin embargo, no cuenta con evidencia científica que la respalde como una estrategia eficaz. Según Andrea Calderón, directora del Máster de Nutrición, Composición Corporal y Metabolismo de la Universidad Europea, «su efecto es más conductual que fisiológico y, lejos de ser una solución, puede generar problemas digestivos como la aerofagia o la distensión abdominal».
Cuando una persona mastica chicle con el estómago vacío, el cerebro activa la llamada «fase cefálica» de la digestión. Este interpreta el acto de masticar como el inicio de una comida y se prepara para ella, aumentando la producción de saliva y, ligeramente, la de jugos gástricos. No obstante, al no producirse una entrada real de energía o nutrientes, «no se genera saciedad real ni respuesta metabólica equivalente a una comida», explica Fernando Mata, profesor del Departamento de Farmacia y Nutrición de la Universidad Europea. Aunque esta preparación gástrica es una respuesta normal del sistema digestivo, «en ausencia de alimentos, no cumple ninguna función», añade.
Uno de los efectos directos de esta práctica es el aumento de problemas digestivos. La directora del Máster de Nutrición, Composición Corporal y Metabolismo señala que «masticar chicle de forma frecuente puede favorecer la aerofagia (tragar aire), lo que aumenta la probabilidad de gases, eructos y distensión abdominal, sobre todo en personas con intestino sensible». Además, muchos chicles comercializados como «sin azúcar» contienen polialcoholes como el sorbitol o el xilitol que, al llegar al colon, pueden fermentar y provocar más gases e incluso un efecto laxante si se consumen en grandes cantidades.
Desde una perspectiva nutricional, el uso del chicle como herramienta para controlar el apetito está desaconsejado. En este sentido, Mata señala que «no debería plantearse como una estrategia nutricional. Su efecto para reducir el deseo de comer a corto plazo es pequeño, inconsistente y no se mantiene en el tiempo».
La solución para la ansiedad por comer no reside en engañar al cuerpo, sino en analizar su origen, que suele estar relacionado con el estrés, el aburrimiento o una mala planificación de las comidas. Por ello, ambos expertos explican que «el chicle no debe considerarse como una herramienta nutricional. Si se consume, que sea por gusto, de forma ocasional y mejor sin azúcar» e insiste en que «lo importante de verdad está en todo lo demás: cómo comes, cuándo comes y por qué comes».
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