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Prevención

Golpe de calor: los síntomas menos conocidos que alertan de una emergencia

Confusión, vómitos o piel seca pueden indicar una situación potencialmente grave

Si el malestar no mejora en una hora hay que acudir a Urgencias

Con la llegada del verano y el aumento de las temperaturas, los expertos sanitarios vuelven a alertar sobre los riesgos del calor extremo. Y es que, según la OMS, las altas temperaturas pueden afectar seriamente a la salud. De hecho, los golpes de calor son la primera causa de muerte relacionada con el clima. La buena noticia es que pueden prevenirse.

El médico de Atención Primaria Antonio García Navas explica que el golpe de calor no suele aparecer de forma repentina, sino que presenta unos síntomas previos. Es lo que se conoce como agotamiento por calor. Consiste en una subida de la temperatura corporal acompañada de una bajada de tensión, y puede manifestarse con fatiga, sudoración excesiva o ausencia de sudor, hiperventilación, náuseas, vómitos o diarrea, piel caliente, roja y seca, además de un intenso dolor de cabeza. En los casos más graves, puede producirse alteración del estado mental, convulsiones, delirio e incluso pérdida de conocimiento.

Si una persona comienza con estos síntomas, las recomendaciones del doctor García Navas son: «Beber agua y bebidas isotónicas con poca azúcar, buscar un lugar a la sombra o climatizado y refrescarse. Si los síntomas leves no mejoran en una hora, hay que acudir a Urgencias», afirma tajante este facultativo, ya que el agotamiento por calor puede derivar en un golpe de calor, que es una emergencia vital.

Advierte que en determinadas circunstancias, pueden producirse golpes de calor repentinos. «Normalmente, ocurre en personas sanas que se encuentran bien y realizan alguna actividad que supone un riesgo cuando hay altas temperaturas», argumenta.

Población de mayor riesgo

García Navas destaca como población especialmente vulnerable los niños menores de cuatro años y las personas mayores de 65, en quienes el sistema termorregulador del cuerpo no responde adecuadamente. En esta población, son síntomas comunes ante un golpe de calor —y diferentes al resto de personas— la ausencia de sudoración y palidez de la piel.

Otros grupos de riesgo son mujeres embarazadas; personas con enfermedades cardiovasculares, respiratorias y neurodegenerativas; quienes padecen enfermedades crónicas; aquellas que siguen ciertos tratamientos médicos (diuréticos, neurolépticos, anticolinérgicos o tranquilizantes); las personas con trastornos de la memoria, dificultades de comprensión, de orientación o poca autonomía en la vida cotidiana, y aquellas que consumen alcohol y otras drogas.

Entre los factores de riesgo, el facultativo resalta el hecho de habitar viviendas sin sistema de climatización, que pueden alcanzar temperaturas interiores muy elevadas, la exposición excesiva al calor por motivos laborales y la realización de ejercicio físico en las horas centrales del día. Llama la atención sobre la soledad como un factor especial de riesgo. En este sentido, lamenta con preocupación que «cada vez hay más personas mayores que viven solas y no tienen un entorno familiar que las cuide».

Especial atención a los menores

En cuanto a los más pequeños, la pediatra Carmen Fidalgo explica que los menores de cuatro años, y especialmente los menores de un año, tienen un mayor riesgo de sufrir un golpe de calor por diversos motivos: «Por un lado, existe una gran desproporción entre su peso y su superficie corporal, lo que hace que tengan más dificultades para disipar el calor que un adulto. Además, tienen menos glándulas sudoríparas y estas funcionan peor por su inmadurez, a lo que hay que añadir que no regulan bien la sensación de sed. Por otro lado, los niños tienen mucha mayor actividad física que los adultos y eso hace que generen hasta un 25% más de calor. Y si tienen alguna patología crónica o toman determinados medicamentos, como los diuréticos, se deshidratan aún más rápido».

Apunta que ante un golpe de calor en un niño, «lo primero que hay que hacer es quitarle la ropa, ponerlo a la sombra y refrescarlo». Y luego, llamar al 112 o al 061 porque va la vida en ello».

¿Pero cómo identificar un golpe de calor en bebés? Carmen Fidalgo da las claves: «Empiezan con una subida de la fiebre sin motivo aparente, más allá del calor, y están irritables, no quieren comer y pueden incluso vomitar». Otros síntomas que describe son taquipnea (frecuencia respiratoria anormalmente rápida y superficial), taquicardia, falta de apetito, debilidad y decaimiento. «Al principio sudan mucho, pero luego dejan de sudar porque se deshidratan. También pueden ponerse pálidos y, cuando el golpe de calor ya se ha instaurado, la piel se vuelve roja, caliente y seca».

Plan de prevención frente al calor

Para prevenir los daños sobre la salud provocados por las olas de calor, el Ministerio de Sanidad pone en marcha cada verano el Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos de los Excesos de Temperaturas Sobre la Salud. Este plan divide el mapa de España en «zonas de meteosalud», es decir, áreas específicas para evaluar de forma localizada el impacto del calor extremo. Esto permite al Ministerio de Sanidad y a la AEMET establecer umbrales de temperatura propios y asignar niveles de riesgo adaptados a la realidad climática y a la vulnerabilidad de cada territorio.

Para el doctor García Navas, esta división ha sido «una medida maravillosa con la que se ha mejorado la atención a la población, ya que se pueden distribuir mejor los recursos».

Recomendaciones

El Plan ofrece una serie de recomendaciones generales de protección y prevención frente a las altas temperaturas, válidas tanto para niños como para adultos. Entre ellas, beber agua y líquidos con frecuencia, aunque no se tenga sed y con independencia de la actividad física que se realice; evitar bebidas con cafeína, alcohol o muy azucaradas, ya que pueden favorecer la deshidratación; permanecer en lugares frescos y refrescarse cada vez que se necesite; reducir la actividad física y evitar realizar deporte al aire libre en las horas centrales del día; usar ropa ligera, holgada y transpirable; no dejar nunca a ninguna persona en un vehículo estacionado y cerrado; mantener las medicinas en un lugar fresco, ya que el calor puede alterar su composición y efectos, y hacer comidas ligeras.

Respecto a los más pequeños, la pediatra Carmen Fidalgo hace hincapié en que no deben pasear al sol durante las horas centrales del día. «Es mejor que estén en casa y aprovechen para leer o jugar tranquilos». Concluye haciendo una advertencia a las familias que veranean en zonas costeras: «Los niños menores de seis meses no pueden ir a la playa bajo ningún concepto, porque su sistema termorregulador apenas funciona y la temperatura corporal puede subirles con mucha facilidad y sufrir un golpe de calor que puede llegar a ser mortal».