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Dra. María Vitale: «Hay que estar en alerta, el 60% de la radiación solar se recibe fuera de los meses de verano»

"Protegerse del sol no significa dejar de disfrutar del aire libre"

"Proteger la piel de los niños hoy puede marcar la diferencia en su salud futura"

La fotoprotección infantil no debería quedarse en la playa ni desaparecer con el final del verano. Los niños pasan buena parte del año expuestos al sol en situaciones tan cotidianas como el recreo, el parque, las actividades deportivas o las excursiones escolares, una exposición que se acumula con el paso de los años y que puede tener consecuencias sobre la salud de la piel. De hecho, el 74% de los menores se expone al sol en parques y zonas de juego y el 64,1% lo hace en el colegio, mientras que el 60% de la radiación solar se recibe fuera de los meses de verano.

A pesar de estos datos, los hábitos de protección siguen estando muy vinculados a los meses estivales. El 22,2% de los adultos reconoce no adoptar ninguna medida de fotoprotección fuera del verano y persisten creencias como considerar deseable el bronceado o asociarlo con una buena salud. Para conocer qué riesgos implica esta exposición acumulada y, sobre todo, cómo pueden las familias convertir la protección solar en un hábito durante todo el año, OKSALUD entrevista a la Dra. María Vitale, dermatóloga y Medical Manager Dermatology de Cantabria Labs.

Pregunta.- El 74% de los niños se expone al sol en parques y zonas de juego y el 64,1% en el colegio. ¿Estamos protegiendo suficientemente a los menores en esos espacios cotidianos o seguimos asociando demasiado la fotoprotección con la playa y el verano?

Respuesta.- Claramente no estamos protegiendo lo suficiente a los menores en estos entornos. Estos datos del estudio de la AECC lo confirman: la fotoprotección sigue estando muy ligada a la playa y al verano, y eso hace que el parque, el recreo o la actividad deportiva extraescolar pasen casi completamente desapercibidos como escenarios de exposición solar relevante. Y, sin embargo, son situaciones que se repiten a diario, a lo largo de los meses y de los años, y cuyo impacto acumulado en la piel de los niños es muy significativo.

Lo que necesitamos es un cambio de hábitos. La fotoprotección no es un ritual de verano, es un hábito de salud para todo el año. Y cuanto antes se interiorice, mejor, porque los hábitos que se adquieren en la infancia son los que verdaderamente perduran.

P.- El estudio señala que los niños menores de 15 años están más expuestos al sol que sus propios padres. ¿Qué consecuencias puede tener esta exposición acumulada durante la infancia sobre la salud de la piel a largo plazo?

R.- La piel tiene memoria. El daño solar se acumula a lo largo de toda la vida y los estudios científicos muestran que una parte muy significativa de esa exposición se produce durante la infancia y la adolescencia. La piel de los niños es especialmente vulnerable, no solo porque pasan más tiempo al aire libre, sino porque sus mecanismos de defensa frente a la radiación ultravioleta aún no están completamente maduros.

Esta acumulación de daño solar desde edades tempranas es un factor de riesgo importante para el desarrollo posterior de lesiones cutáneas. De ahí la enorme importancia de actuar desde el principio, cuando los hábitos son más fáciles de instaurar y cuando cada medida preventiva tiene mayor impacto a largo plazo.

P.- El 60% de la radiación solar se recibe fuera de los meses de verano y, sin embargo, un 22,2% de los adultos no adopta ninguna medida de protección en esta época. ¿Qué hábitos básicos deberíamos incorporar a nuestra rutina durante todo el año?

R.- Este dato es uno de los más relevantes del estudio y uno de los que más claramente evidencia la brecha entre lo que sabemos y lo que hacemos. Y, sin duda, uno de los que más nos preocupa desde Cantabria Labs que llevamos años haciendo muchos esfuerzos para desestacionalizar el uso del fotoprotector solo en verano.
El sol no se va en septiembre; la radiación ultravioleta está presente durante todo el año, aunque no siempre la percibamos con la misma intensidad.

Deberíamos incorporar a nuestra rutina hábitos básicos como usar protector solar de amplio espectro a diario, también en invierno y en días nublados, para mí la clave es encontrar el fotoprotector que mejor se adapta a tu piel y, también, a tu estilo de vida. Además, buscar la sombra en las horas centrales del día; proteger a los niños con ropa adecuada, gorra y gafas de sol cuando van al parque o al colegio; y revisar periódicamente la piel para detectar cualquier cambio en lunares o manchas. Ninguno de estos gestos requiere un esfuerzo extraordinario, pero todos juntos marcan una diferencia real. Si bien el uso del fotoprotector, es una medida más a tener en cuenta, es la que tiene una relación científicamente establecida con la prevención de cáncer de piel.

P.- ¿Qué papel deberían desempeñar los colegios? ¿Deberían existir protocolos específicos de fotoprotección para recreos, actividades deportivas, excursiones o patios escolares?

R.- Los colegios son un espacio clave, precisamente porque es donde los niños pasan muchas horas expuestos al sol en entornos que no se perciben como de riesgo. Un recreo de 30 minutos al día, cinco días a la semana, durante diez meses al año suma una exposición enorme. Y en ese tiempo, muy pocos niños llevan protector solar o han recibido alguna indicación al respecto.

Creo que los centros educativos tienen un papel fundamental en educar para adquirir hábitos saludables desde temprana edad. Sería muy valioso que se facilitara el uso del protector solar durante las actividades diarias al aire libre como también disponer de de zonas de sombra, y que en las excursiones o actividades deportivas con mayor tiempo de exposición se incorporara la fotoprotección y el uso de ropa adecuada, como parte de los preparativos habituales. Por ejemplo, el día de excursión, además de llevar el bocadillo en la mochila, deben llevar el fotoprotector y una gorra. La escuela transmite hábitos de salud en muchos ámbitos; la fotoprotección debería ser uno de ellos.

P.-El 62,4% de los encuestados considera todavía deseable estar bronceado y uno de cada tres cree que tener color es una señal de salud. ¿Por qué siguen tan arraigadas estas creencias y qué mensaje deberíamos trasladar especialmente a niños y adolescentes?

R.- El bronceado como símbolo de salud y belleza es un concepto muy arraigado en la sociedad y que ha sido reforzado por la publicidad, las redes sociales y algunos cánones estéticos y culturales. Cambiar esa percepción no es sencillo, pero es necesario.

Desde Cantabria Labs llevamos desde el año 2017 realizando el Observatorio Heliocare by Cantabria Labs, un informe de hábitos al sol que revela el comportamiento de la población frente al sol. En 2026, el 58% de los encuestados consideraba que el bronceado es sinónimo de daño cutáneo y envejecimiento, sin embargo, aún queda un 38% que sigue pensando que es belleza o salud. Aunque es alentador ver una evolución positiva a lo largo de los años, tanto en el conocimiento del daño solar como en el uso diario del fotoprotector, aún nos queda camino por recorrer.

Desde la dermatología y la industria farmacéutica llevamos años trasladando un mensaje claro: el bronceado es la respuesta de la piel al daño solar. No es una señal de salud, sino la evidencia de que la piel se ha defendido frente a la radiación ultravioleta. A los adolescentes en particular hay que llegar con mensajes que conecten con sus propios valores y con cómo se relacionan con su imagen, y hay que hacerlo con formatos y canales que realmente les lleguen, desde referentes que respetan y en los entornos donde pasan el tiempo. El deporte, los divulgadores científicos, las redes sociales… todos son aliados imprescindibles en ese cambio de cultura.

P.-¿Qué medidas son realmente imprescindibles para proteger a un niño cuando juega en el parque o pasa varias horas al aire libre: sombra, ropa, gorra, protector solar…? ¿En qué orden de importancia las situaría?

R.- La protección solar es más eficaz cuando es combinada. No existe una única medida que sea suficiente por sí sola, sino que la clave está en utilizarlas de forma complementaria.

Dicho esto, si tuviera que establecer una jerarquía, lo primero, el protector solar de amplio espectro, de factor 50 o 50+, aplicado antes de la exposición y renovado cada dos horas, idealmente. En los más pequeños, hay que prestar especial atención a las zonas más expuestas (la cara, orejas, nuca, hombros y el dorso de las manos) y sobre todo buscar un formato con el que se sienta cómodo para reaplicarlo (por ejemplo, los stick o barras). En segundo lugar, buscar zonas sombreadas, especialmente en las horas centrales del día. Y, por último, complementarlo con la ropa, la gorra y las gafas de sol, porque ofrecen una protección física continuada. .

P.- ¿Existe el riesgo de que la preocupación por el cáncer de piel lleve a algunas familias a evitar completamente el sol? ¿Cómo se puede encontrar el equilibrio entre proteger la piel y disfrutar de las actividades al aire libre?

R.- Sí, es un riesgo que debemos tener en cuenta como profesionales de la salud y como comunicadores. El objetivo nunca es generar alarma ni privar a los niños del sol, sino dotarles de las herramientas para disfrutarlo de forma segura. El sol aporta beneficios reales, favorece la síntesis de vitamina D, promueve el movimiento y el juego al aire libre, y contribuye al bienestar general.

Lo que queremos es que ese disfrute sea responsable y consciente. Protegerse del sol no significa encerrarse en casa, significa elegir bien las horas de exposición, usar las medidas de protección adecuadas y establecer una rutina que se repita durante todo el año. La prevención no está reñida con disfrutar de una vida activa al aire libre; todo lo contrario, es lo que lo hace posible de forma sostenida y saludable.

P.- Si tuviera que quedarse con tres consejos para que una familia convierta la fotoprotección en un hábito durante todo el año, ¿cuáles serían?

R.- El primero: integrar el protector solar en la rutina diaria, igual que el cepillado de dientes. Que salir de casa sin él resulte tan raro como salir sin haber desayunado. Es decir, que sea un acto automático. El segundo: predicar con el ejemplo. Los niños aprenden por imitación, y los adultos somos su principal referente. Si ven que sus padres o cuidadores se aplican la protección solar antes de salir al parque o usan sombrero en el colegio, lo normalizan desde pequeños.

Y el tercero: no esperar al verano. La fotoprotección es una necesidad durante todo el año, también en primavera, en otoño y en invierno. El 60% de la radiación solar que recibimos anualmente llega fuera de los meses de verano. Ese dato, cuando las familias lo conocen y lo interiorizan, suele ser suficiente para cambiar la perspectiva.