Adiós a los teléfonos móviles en la mesilla de noche: ¿Por qué están volviendo los despertadores tradicionales?
En la actualidad, resulta cada vez más habitual ver a personas con el smartphone constantemente en la mano. Este comportamiento se ha normalizado tanto que, en muchos casos, aparece una sensación de inseguridad cuando el móvil no está cerca. Sin embargo, cada vez más personas están apostando por los despertadores tradicionales debido a los inconvenientes que presenta el hecho de tener el teléfono en la mesilla de noche.
Hay quienes aseguran que les cuesta conciliar el sueño y, cuando finalmente lo consiguen, no logran descansar como es debido. Los despertares durante la noche son frecuentes y, al día siguiente, aparecen síntomas como cansancio, somnolencia, fatiga o incluso dolores de cabeza. Asimismo, según un informe de la Agencia Nacional Francesa de Seguridad Sanitaria de la Alimentación, el Medio Ambiente y el Trabajo, las fuentes de luz azul pueden acelerar el envejecimiento de la retina, contribuyendo a la disminución de la agudeza visual y favoreciendo enfermedades oculares como la degeneración macular.
La razón por la que cada vez más personas utilizan los despertadores tradicionales
Las pantallas de los teléfonos inteligentes emiten luz azul, y la exposición a este tipo de luz puede suprimir la producción natural de melatonina, la hormona del sueño.
«La luz azul es la más potente a la hora de estimular los fotorreceptores de la retina y la vía retino-cortical, provocando por tanto una disminución de amplitud en la síntesis de melatonina, que es clave en la inducción y el mantenimiento del sueño», explica José Ortega, de la Sociedad Española de Sueño (SES). «Evidentemente hay personas más sensibles, mientras que a otras no parece afectarles esta estimulación con luz azul».
Por lo tanto, mirar el teléfono antes de acostarse puede dificultar conciliar el sueño. Además, al utilizar el teléfono como despertador, el hecho de consultar la hora durante la noche puede hacer que el cerebro se despierte tanto que volver a dormirse se convierta en un verdadero desafío.
A esto hay que sumar que tener el móvil en la mesilla de noche puede, de alguna manera, mantenerte en estado de alerta constante, impidiéndote relajarte y dormir profundamente. Esto podría explicar por qué cada vez más personas están dejando su teléfono fuera del dormitorio durante la noche y escogen los despertadores tradicionales. Diversos estudios han demostrado que éste simple hábito tiene numerosos beneficios para el bienestar físico y, sobre todo, mental.
Gabriela Paoli, psicóloga y autora del libro «Salud digital: claves para un uso saludable de la tecnología», explica: «Si durante la noche nos despertamos, seguramente tendremos la tentación de conectarnos y allí perderemos horas de sueño que nos traerán consecuencias negativas al día siguiente». Y añade, según recoge el diario ABC: «Si apagar el wifi resulta demasiado, aconsejo poner el teléfono en modo avión y dejarlo en otra habitación. Y volver a los viejos y sanos hábitos de siempre: el despertador, y recurrir a un buen libro y escuchar algún programa de radio o música para conciliar el sueño. Así tendremos muchas más posibilidades de no caer en la tentación de conectarnos durante la noche y que nos robe horas de descanso».
Exposición a la luz y ritmos circadianos
Un estudio reciente sugiere que mirar pantallas antes de dormir no interfiere de forma significativa con el sueño, ya que el retraso para conciliarlo sería, como máximo, de unos 10 minutos. La investigación, publicada en la revista Sleep Medicine Reviews, revisa los trabajos realizados sobre este tema durante la última década y plantea que la luz azul podría no ser la principal responsable de los trastornos del sueño.
Según los investigadores, el verdadero problema podría estar más relacionado con la actividad estimulante antes de acostarse o con la exposición excesiva a la luz en general, y no únicamente con la tonalidad azul de las pantallas. El estudio apunta que los efectos de esta luz serían menores de lo que se pensaba hasta ahora.
Las conclusiones indican que el impacto de la luz azul sobre el tiempo necesario para dormirse es relativamente reducido, con retrasos que rondan los 10 minutos como máximo. En cambio, factores como la actividad mental, el tipo de contenido consumido o la intensidad de la luz parecen tener una influencia más importante.
La luz, en términos generales, desempeña un papel clave en los ritmos circadianos, es decir, los ciclos biológicos de unas 24 horas que regulan funciones internas como el sueño, la temperatura corporal, la secreción hormonal o el metabolismo. Estos ritmos se sincronizan principalmente con los cambios de luz y oscuridad del entorno, ayudando al organismo a adaptarse al día y la noche. Por ello, aspectos como el brillo de la pantalla, el horario de uso o el tipo de actividad realizada podrían ser más determinantes que el color de la luz en sí, detalla el Hospital Clinic de Barcelona.
En definitiva, cada vez más personas están recuperando los despertadores tradicionales como una forma de reducir la dependencia del teléfono móvil y mejorar la calidad del descanso.
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