La frase de Santa Clara de Asís sobre seguir a Cristo: «Ama totalmente a Aquel que se entregó totalmente por tu amor»
Para todos los fieles de la religión católica y quienes admiran la figura de Cristo, Santa Clara de Asís dio algunos consejos.
San Felipe Neri, sacerdote italiano
Confía en Dios, sus ojos están en ti
Santa Teresa de Jesús, mística y escritora
Bajo el sol de la Umbría medieval, en esa Italia de caminos polvorientos y murallas de piedra gris, las decisiones de una joven noble podían alterar el curso de una familia entera. Clara Offreduccio decidió romper con ese guion previsible una noche de palmas y asombro, cuando se despojó de sus brocados para vestir un sayal áspero junto a los muros de la Porciúncula. No buscaba un refugio bucólico ni una huida romántica del mundo, sino una apuesta radical por la autenticidad evangélica que marcaría un antes y un después en la historia del franciscanismo, es decir, dela filosofía en los seguidores de San Francisco de Asís.
La pobreza y sus posibilidades en la fe
El corazón de esa opción vital no descansaba sobre el peso de las normas monásticas tradicionales, sino sobre la vivencia de un vínculo de absoluta reciprocidad. Mientras los conventos de la época acumulaban propiedades y rentas para garantizar su propia supervivencia institucional, Clara y sus compañeras exigían a los Papas el llamado «privilegio de la pobreza». Renunciar a todo patrimonio no significaba una rendición a la miseria, sino una liberación de las ataduras materiales para centrar la mirada en un modelo muy concreto. El desprendimiento económico abría el espacio interior necesario para acoger una entrega que no guardaba nada para sí.
Esa dinámica de abandono y rescate encuentra su síntesis más depurada en una frase que atraviesa los siglos con la fuerza de un mandato íntimo: «Ama totalmente a Aquel que se entregó totalmente por tu amor». Lejos de la piadosa fórmula decorativa, la sentencia funciona como un programa de vida implacable. Exige una inmersión completa, sin reservas ni medias tintas, donde el afecto deja de ser un sentimiento pasajero para convertirse en la brújula que orienta cada segundo del día. La donación total del referente espiritual demanda una respuesta idéntica, un espejo donde el creyente se mira y decide vaciarse de egoísmo.
Pensamiento y también influencia
Observar esta reflexión permite entender que aquel encierro voluntario no era sinónimo de aislamiento pasivo. Desde su pequeña celda, postrada muchas veces por la enfermedad durante sus últimos años, la abadesa ejercía una influencia magnética sobre obispos, cardenales y sobre el propio Francisco de Asís. Su celda era un observatorio agudo de las miserias del mundo exterior. Sabía perfectamente que el poder corrompe y que la ambición destruye la fraternidad. Por eso supo mantener el timón firme frente a las presiones eclesiásticas que intentaban imponer reglas más relajadas a su comunidad de hermanas pobres.
Contra la riqueza y la acumulación
El peso de la renuncia voluntaria choca frontalmente con la lógica de acumulación que domina las sociedades contemporáneas. Vivimos rodeados de seguros, previsiones y garantías materiales que ahogan cualquier posibilidad de entrega desinteresada. La figura de la santa de Asís interpela esa mentalidad calculadora. Recuerda que la verdadera libertad nace precisamente cuando se disuelven las dependencias terrenas y uno se atreve a vivir a la intemperie de la fe. No se trata de un masoquismo espiritual, sino de la alegría desbordante de quien descubre que ya no tiene nada que perder porque lo ha apostado todo a una sola carta.
Conservamos sus escritos, manuscritos y originales
Los escritos que se conservan de su puño y letra, sus cartas a Inés de Praga son un testimonio literario y místico excepcional, destilan una pasión desbordante. Utiliza imágenes tomadas del espejo y de la contemplación para explicar cómo el alma humana se transforma en la medida en que dirige su atención hacia lo trascendente. El espejo refleja una realidad, pero en la mística clariana el reflejo se convierte en unión. Contemplar la pobreza del crucificado genera el impulso necesario para abrazar las propias fragilidades cotidianas sin miedo al juicio ajeno.
Legado en la actualidad, a lo largo de los años
El paso de los siglos no ha logrado apagar la nitidez de ese mensaje. En un tiempo acostumbrado a medir el valor de las personas por su productividad o por el brillo de sus éxitos públicos, la propuesta de Clara propone un desvío silencioso. Sugiere que el éxito humano no se mide por lo que se acumula en las alforjas, sino por la profundidad del amor que se es capaz de entregar sin calcular las consecuencias.
Al final, las murallas ya no existen como tales, pero la silueta de aquella mujer menuda sigue invitando a mirar hacia lo esencial, recordando que solo merece la pena quemarse por aquello que se entrega sin condiciones.
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