‘We the hispanos’: el sueño americano habla español
«La verdad une y reconcilia, mientras que la mentira divide y enfrenta». Son palabras pronunciadas por José Luis López-Linares antes del preestreno en el cine Capitol de Madrid de su nuevo documental We the hispanos: España, raíz de Estados Unidos, que se estrena en cines este próximo viernes 17 de abril.
Es la tercera entrega de su exitosa serie sobre el legado español en América, después de España, la primera globalización e Hispanoamérica, canto de vida y esperanza. Parecía difícil superar a estas dos obras maestras, en fondo intelectual y en forma cinematográfica, pero López-Linares lo consigue con una auténtica sinfonía de historia y cultura que realmente nos reconcilia, como dice su autor, con nosotros mismos.
En We the hispanos el realizador vuelve a su línea maestra, dando presencia a numerosas voces, desde empleadas de un puesto de comida callejero a catedráticos, de cocineros a músicos, de guías turísticos a jefes tribales, en una realidad coral que refleja el orgullo por una historia común. Pues lo hispano fue, como subraya la principal idea argumental del film, un elemento cofundacional en el nacimiento de los EEUU junto a lo anglosajón.
Una historia común que cruza los actuales EEUU desde la isla de Quadra-Vancouver, en el Pacífico noroeste, donde hoy ondea la bandera española gracias al líder indígena de los makah, Micah MacCarty, en el fuerte Núñez Gaona, primer enclave europeo en el actual estado de Washington en 1792, hasta el fuerte de San Agustín, en Florida, primera tierra norteamericana a la que llegaron los españoles en 1513, 107 años antes de que la pisaran los primeros anglosajones.
El documental resalta las mil y una herencias hispanas en la historia de EEUU, desde el real de a ocho, el dólar español, como origen de la moneda norteamericana; la conducción de ganado a caballo de nuestras llanuras castellanas y andaluzas como punto de partida de la cultura de los vaqueros del Oeste, como explica Alfonso Borrego, descendiente del jefe apache Gerónimo, católico e hispanohablante; o la influencia del toque español sin el cual no se puede entender el jazz, en palabras de un pionero como el pianista Jelly Roll Morton.
Justa y necesaria es la reivindicación de la obra evangelizadora en California de San Fray Junípero Serra, protector de los indios, víctima de la arremetida woke, como prueba la no muy lejana decapitación de su estatua en la antigua misión de Santa Bárbara.
El filme recuerda los nombres de sus misiones, que nominan hoy a las grandes ciudades californianas, desde Los Ángeles a San Antonio, o el origen del vino californiano, cuyas primeras vides se plantaron para que los franciscanos celebraran con él la misa. «No fueron los españoles los que maltrataron a los nativos, fueron los Estados Unidos», dice la historiadora Janette Bartel en la misión de San Diego de Alcalá.
El documental refleja también la ayuda de España en tiempos de Carlos III a las Trece Colonias en su lucha contra la metrópoli británica, enmarcada en la voluntad española de alejar de América a su rival, como explican certeramente Carmen Iglesias, Alfonso Bullón de Mendoza o Gonzalo M. Quintero.
Esta ayuda se materializó en armas y bagajes enviados río Misisipi arriba, incluidas mantas zamoranas que protegieron en la campaña de invierno a las tropas de George Washington, como cuenta el embajador Eduardo Garrigues. Carlos Fernández-Andrade recuerda que Carlos III ordenó que en todos los territorios españoles de América se hiciera una colecta entre la población para sufragar la guerra de los rebeldes contra Gran Bretaña.
Aquí de nuevo emerge un justo homenaje de López-Linares, en este caso a otra extraordinaria figura arrumbada en la propia memoria de España, como es Bernardo de Gálvez, ciudadano honorario de EEUU, distinción que honra a solo ocho grandes nombres de todo el mundo, como Winston Churchill o Santa Teresa de Calcuta.
Virrey de Nueva España, gobernador de Luisiana y Florida, Gálvez liderará una campaña militar decisiva en el sur de EEUU arrebatando a los ingleses el enclave estratégico de Pensacola. Su retrato luce hoy en el Capitolio gracias a la voluntad de Teresa Valcarce y Manuel Olmedo, de la Asociación Bernardo de Gálvez de Málaga, que rescataron la promesa, incumplida por más de dos siglos, realizada al militar español por Oliver Pollock, uno de los grandes patriotas de la Revolución Americana.
Hay numerosos momentos de sabrosas revelaciones eruditas, pero a la vez We the hispanos, ofrece como gran película que es, muchos instantes cargados de emoción, como es la historia del Fuerte Mosé, donde los españoles acogían en Florida a los esclavos negros huidos de Carolina y Georgia de sus amos americanos. Allí vivían bajo la protección española su nueva condición de hombres libres.
Conmovedor es el documento que muestra a la cámara el investigador Michael N. Henderson, descendiente de Agnes, una esclava de la Luisiana francesa, que se liberó por el sistema de coartación de las leyes españolas cuando el territorio pasó a nuestras manos, por el que se permitía a los esclavos comprarse a sí mismos para recuperar su libertad. El documento de manumisión de su antepasada que Henderson descubrió lleva la firma del gran Bernardo de Gálvez. Agnes consiguió su libertad gracias a España antes de que las Trece Colonias adquirieran la suya.
Clave es, en este sentido, la impronta jurídica española en la nueva nación norteamericana. Los derechos individuales de la Constitución americana son los derechos naturales que establece el padre Vitoria y la Escuela de Salamanca para los indígenas, como recuerda Consuelo Martínez-Sicluna. Incluso las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio fueron fundamento de las leyes civiles de Luisiana. En el Capitolio hay una efigie del rey castellano como uno de los inspiradores de los congresistas a la hora de legislar.
Pero los padres fundadores fueron más allá y tuvieron el imperio español como modelo para su idea de expansión desde el Atlántico hasta el Pacífico, pero con una notable diferencia: si el mestizaje fue el fundamento de la expansión de la Monarquía Católica, no sucederá así al principio con la norteamericana, como señala Manuel Lucena Giraldo.
Carlos Leáñez Aristimuño subraya a su vez que esa expansión hacia el Oeste, que culmina con la conquista de California a los mexicanos en 1846, a la que seguirá la fiebre del oro, tiene un costo: el sueño americano deja de ser exclusivamente anglosajón y descubre que es también español, y que además lo español no es suprimible como hicieron con lo nativo.
No deja de lado el documental de López-Linares la situación de los inmigrantes hispanos en EEUU y las medidas tomadas por las distintas administraciones norteamericanas frente a los flujos migratorios, como el muro fronterizo con México auspiciado tanto por demócratas como republicanos. Tienen voz en el filme las duras condiciones de los que tratan de cruzar ilegalmente, expuestos a robos, violaciones y secuestros, cuando no la muerte. Y también pone el punto en el origen de esta situación, que es la vida desesperada de estas personas en sus países de procedencia.
Así, Juan Miguel Zunzunegui levanta acta de una realidad incontestable desde México hasta Argentina: «A ningún país le ha ido mejor que cuando juntos éramos un imperio». Su crítica a Simón Bolívar, «el gran destructor de América», es refrendada por Elvira Roca Barea: «El proceso de balcanización no se ha detenido en doscientos años, sigue todavía vigente».
We the hispanos es una nueva película magistral de López-Linares que viene a celebrar muy oportunamente las raíces hispanas de EEUU en el 250 aniversario de su independencia. Razón por la cual, también muy oportunamente, el Gobierno de Isabel Díaz Ayuso ha decidido que EEUU sea el país invitado de nuestro próximo Festival de la Hispanidad.
Sólo el hecho de que EEUU sea hoy la quinta nación del mundo con más hispanohablantes justifica esta celebración en la región capital de España. Porque el sueño americano, hoy más que nunca, habla español.