Sánchez quiere presidir la república de los cien años
Hemos dejado España en manos de una SIL: Sociedad Ilimitada de Ladrones. Una organización criminal de vasta trayectoria y ética de cloaca que asaltaron el poder para quedarse con el Estado. Para eso hicieron una moción de censura: no para acabar con lo que se daba, sino para quedarse con lo que otros le daban. Y todos los casos e informaciones aparecidas como dominó imparable desde hace años sobre la mayor trama delictiva jamás habida en España, apunta a la mano no incorrupta del número uno, la versión gibelina de un trasunto de Luis XIV con mandíbula de chulapo desenfrenado, que ante la inmisericorde espada de la Justicia, se ha propuesto seguir en el poder ejecutando un pucherazo por imposición legal, un golpe de Estado por vía autocrática. Le ha llamado ley de nietos y va a permitir a gente que no ha nacido en España ni ha cotizado un solo día en nuestra nación decidir el próximo presidente del Gobierno. Al final del artículo explicaremos el propósito real que esconde su necesidad de repetir poltrona y mando.
Mientras León XIV era ensalzado en la España que sigue siendo católica, su pretendido sosias canónico pone silencio de por medio para irse con su tetraprocesada mujer a ejercer de progresista sound. Y lo hace tirando de helicóptero, coches oficiales y avión privado, justo después de hablar de cambio climático y contaminación ambiental, porque el progre zurdo, primero alecciona y pontifica, y luego, se ríe de los incautos que le han creído. Que cada vez son menos. Incluso la opinión sincronizada mediática se ha dividido. Está la fetén, la musculada con esteroides de parné público, que sigue creando para su incauta e ignorante audiencia apesebrada en tertulias caras una supuesta conspiración contra el número uno de la mafia. Y luego está la pragmática, la que ahora saca lustre a su jeta periodística para presumir de imparcialidad, cuando llenan sus editoriales y platós de quintacolumnistas de la trola.
Pero esto irá a peor. La costra de moho maloliente de esa letrina moral y putrefacta alcanza ya a casi todos los integrantes del inmueble. Lo mejor que pueden hacer es cerrar el PSOE, fundirlo en el cadalso de la historia y los decentes que ahí queden, pocos, se monten un partido nuevo (con que sea limpio nos vale) o prueben a vivir por una vez de su talento fuera del calor de la política.
Porque no hay rincón que no esté manchado de inmundicia ni cajón que no refleje la podredumbre ética de quienes convirtieron su sede en la cueva de Alí Ferraz. Y ahora que ya no ven salida al delito, anulada la impunidad que creían poseer, les queda el búnker y el delirio, donde niegan cada día la realidad que les golpea con imputaciones y sentencias próximas. Aun rodeados, creen que están ganando la guerra. Y su número uno, el más peligroso de toda la tropa de locos que le rodean, ya ordena calentar la calle, sacar leyes por decreto para alterar el censo y provocar conflictos internos y externos con los que justificar, junto a su banda pretoriana, dicha retórica golpista.
Sánchez, sin embargo, aún guarda su gran as en la manga de resistencia tribunera en caso de perder las elecciones de 2027: ser el opositor durante cuatro años a un gobierno al que rodeará desde el primer día en las calles (porque la izquierda sociológica es así) y volver bajo palio en 2031: porque en ese momento, al cumplirse cien años del alumbramiento de la Segunda República, es cuando el truhan de Pedro culminará su gran obra autocrática: la que su referente político no pudo ganar en 1936.
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