Sánchez no está acabado… los españoles, sí
Todo se le derrumba a su alrededor. Es como un boxeador grogui que se desplaza por el cuadrilátero repartiendo mandobles al aire en la firme creencia de que puede salir de ésta tras haber superado la nefasta gestión del Covid-19, los flagrantes casos de corrupción que le atañen personalmente, abusos clamorosos de poder y una montaña de mentiras imperdonables en un dirigente que se pregona como «progresista» (sic) y democrático.
La penúltima (Sánchez tiene muchas últimas todavía que ofrecer) ha sido esto a propósito del gran diseñador de su poder, José Luis Abalos. Ha venido a decir, muy compungido eso sí, que desconocía sus facetas personales. ¡Hace falta tener cuajo averiado! Por si faltara algún ingrediente al pastel sanchista, se unen ahora las informaciones respecto a los dineros públicos asignados a la empresa familiar de su amiga de Egea de los Caballeros (Zaragoza) en un montante de 16 millones de euros más la pasta que en su día también insufló el gobierno del socialista Javier Lambán. Esa amiga «política» es ahora, ni más ni menos, que Secretaria de Estado para Iberoamérica. Y ahí lo dejo, por el momento.
¿Está Sánchez acabado como subrayan algunos observadores? Una cosa es que el imaginario popular haya concluido respecto a su catadura moral del gobernante y otra cosa bien distinta es que el aludido esté dispuesto a asumir sus responsabilidades políticas de inmediato y, posteriormente, las judiciales. Considerado el asunto con toda frialdad, sobre todo con los antecedentes de Sánchez, no es conveniente afirmar tajantemente que esté dispuesto a considerarse a sí mismo en calidad de «amortizado». Más bien, podrían considerarse amortizados a los españoles de la hora actual a la luz de datos objetivos. Verbigracia. El Estado está en almoneda… Ahí está la súplica desesperada a Puigdemont, prófugo de la justicia, que ha respondido a la mano tendida con un sonoro estacazo. Se puede tabular la entrega a Marruecos sin que se conozcan las razones para tamaña supeditación a los intereses del sátrapa alhauita.
Si contemplamos la calidad de vida económica real de los españoles, no se pueden obviar datos como los del paro, la desesperación de las clases medias y bajas para llegar a final de mes, la crisis de la vivienda y la condena a las nuevas generaciones españolas respecto a su negro horizonte.
La verdad es siempre la verdad.
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