Sánchez ensaya su ‘Negreirazo’ en Andalucía
Los pucherazos ya no se acometen extrayendo de la urna papeletas de un partido y metiendo igual número del otro. Eso ya está demodé. Porque con mucho menos riesgo se puede lograr la mayor de las eficacias. Ni tampoco vía Indra. Eso es un estúpido bulo que corrieron delincuentes como Alvise Pérez. Entre otras razones, porque en prácticamente todos los colegios electorales de España hay apoderados de PSOE y PP, lo cual hace física y metafísicamente imposible el tangazo. La empresa que preside Ángel Simón se limita a recoger los datos que envía cada mesa y punto. Y en esto de procesar votos electrónicamente, todo hay que decirlo, son una referencia mundial. Lo hacen muy bien y, lo más importante, en tiempo récord.
Los robos electorales modernos se consuman bien expulsando a los votantes del país o de la circunscripción electoral por las buenas o por las malas, bien alterando el censo. Lo primero lo implementó con extraordinarios resultados ETA: sus asesinatos, su extorsión, sus amenazas, sus secuestros y su matonismo provocaron la huida del País Vasco de 200.000 personas que se fueron a vivir y a votar a Madrid, a Andalucía y a la Costa Valenciana para salvar la vida. Sobra decir que todos ellos optaban masivamente por opciones constitucionalistas y en su inmensa mayoría por formaciones de derecha y centroderecha. Tres cuartos de lo mismo sucedió en Navarra con la huida de 50.000 de mis paisanos, básicamente a Madrid. Sin el terrorismo de los ahora socios del PSOE tanto en una comunidad como en otra seguiría ganando o gobernando la derecha. No son cuentos, son cuentas. Tres cuartos de lo mismo ha acontecido en Venezuela, donde Maduro forzó el exilio de 8 millones de personas, las cuales ya no podrán optar jamás por opciones democráticas como la que encabezaron en 2024 Edmundo González y María Corina Machado, más que nada, porque carecen del derecho efectivo de voto.
Alterar el censo, que es lo que está haciendo el Gobierno de Pedro Sánchez, es una forma moderna de robo electoral en unas elecciones
El PP calla por miedo a la inevitable comparación con Trump ante el pucherazo legal que está urdiendo casi en silencio Pedro Sánchez emulando a sus narcoamigos venezolanos y argentinos. La única diferencia es que tanto el dúo Maduro-Delcy como el matrimonio Kirchner decidieron echar electores del país y nuestro presidente está importándolos. Los mexicanos son más expeditivos y sí están instalados en el añejo sistema de adquirir el voto. El partido Morena de Sheinbaum, por ejemplo, encarga el trabajo al narco, que tiene billetes con el careto de Lincoln, Hamilton, Jackson, Grant o Franklin para aburrir. Esta despreciable gente se encarga de hacer el trabajo sucio para el partido actualmente en el poder.
Como he repetido hasta la saciedad, Sánchez es más sibilino que sus homólogos centroamericanos y sudamericanos. Nos la metieron hasta el fondo con la Ley de Memoria de 2022, que permite la inmediata nacionalización de nietos de exiliados y, por ende, que gocen del sufragio activo. Mejor dicho, de presuntos hijos y nietos de exiliados. Básicamente estos últimos por evidentes razones biológicas. ¿Cómo coño se certifica incontrovertiblemente que un tío o una tía que dice ser descendiente de alguien que se las piró de España por la Guerra Civil lo es? Gente que lleva viviendo toda la vida en Argentina, en México, en Venezuela, en Colombia y en otras partes del mundo, ciudadanos cuyos padres también nacieron allí, la mayoría de los cuales ni siquiera han pisado España, ¿y ahora se interesan por la política española? Venga ya.
El PSOE tiene tiempo de sobra para meter a machamartillo en el universo electoral español a los 2,4 millones que han solicitado la nacionalidad
Ojo al dato porque mete miedo al mismísimo miedo. Con la Ley de Memoria han solicitado la nacionalidad 2,4 millones de extranjeros alegando ser descendientes de exiliados. ¿Hay tanto exiliado y tanto hijo y nieto de exiliado? Venga ya. Sea como fuere, 1,2 millones ya han gestionado o están gestionando la obtención del pasaporte con el escudo del Reino de España en nuestras oficinas en el exterior. De momento, 545.000 gozan ya de la condición plena de ciudadanos españoles y de ellos un total de 306.000 son ya miembros de pleno derecho del censo. ¿Saben cuál fue la diferencia de sufragios entre el PP y el PSOE en las generales de julio de 2023? Exactamente de 339.119. ¿Necesitan alguna aclaración de la que se nos viene encima? Porque sobra decir que los hijos de los hijos del exilio votarán masivamente a partidos de izquierda. Recordarlo tiene tufo a perogrullada. Y como quiera que legalmente no hay límite temporal para resolver administrativamente la concesión de la nacionalidad y como quiera también que en teoría quedan 14 meses y medio para las generales, el PSOE tiene tiempo de sobra para introducir a machamartillo en el universo electoral español a estos 2,4 millones de paracaidistas. Cuidadín, pues. Por cierto: en el mundo de la política sólo se atreve a alzar la voz Ayuso y en el de los medios, OKDIARIO.
Otro motivo de sospecha es que se ha ampliado el universo de posibles beneficiarios de la nacionalización a través de una cantosísima addenda en la Ley de Memoria de 2022. Debe ser que no les salían los números. Inicialmente eran sólo hijos y nietos, o más bien supuestos hijos y nietos —yo no me creo nada—, del exilio. Ahora también podrán pedir la nacionalidad los «nacidos fuera de España de padres o abuelos originariamente españoles». En fin, un cachondeo, toda vez que esta generalidad o vaguedad en la letra pequeña abre la puerta al adulteramiento del cuerpo electoral a la carta.
Cierto es que el PP se ha salido del mapa con este rosario de convocatorias autonómicas que representan un acierto nivel dios de Feijóo porque están dejando con la lengua fuera al autócrata. Es un 3-0 con sabor a goleada cuantitativa y cualitativamente. Y esta noche terminará con un 4-0. Pero no lo es menos que nadie ha reparado en un detalle no precisamente menor, síntoma de la que se avecina. El PSOE venció holgadamente en el voto exterior en Extremadura, Aragón y en Castilla y León cuando en el presencial el PP arrasó. Lo que oyen.
Si en las papeletas andaluzas del exterior se anota la victoria el PSOE desafiando la lógica más elemental, preparémonos para lo peor en 2027
No sé si hoy ocurrirá lo mismo con las papeletas que vienen de fuera de España, pero me temo que sí. Que Juanma Moreno va a salir por la puerta grande y seguramente cortando las dos orejas y el rabo de la mayoría absoluta está fuera de toda duda porque así lo atestiguan unánimemente las encuestas y porque ha revolucionado, modernizado y enriquecido una región que estuvo 38 años consecutivos (1980-2018) secuestrada por el caciquismo clientelar del Partido Socialista. Más tiempo del que el dictador gobernó España. No está de más recordar que en tierras de Hernán Cortés y Francisco Pizarro el PSOE salvó el diputado 18 y privó a Guardiola del 30 gracias a la gasolina extra llegada de tierras lejanas.
Pero lo empírico vuelve a acongojar: el censo exterior ha pasado de las 263.504 personas con derecho a voto en las autonómicas andaluzas de 2022 a las 302.070 que podrán hacerlo en las de hoy. El sanchismo se meterá un bofetón de escándalo de la mano de María Jesús Montero, alias Chiqui —no sé si por chiquilicuatre o porque la llaman así desde pequeñita— y el PP se las prometerá muy felices olvidando que tendrá lugar el cuarto ensayo con los sufragios externos. Si en las papeletas andaluzas del exterior se anota la victoria el PSOE desafiando la lógica más elemental, preparémonos para lo peor en 2027, cuando Sánchez nos haya colado uno o dos millones de nuevas almas en el corpus electoral de toda España. Esto es un maratón en el que un corredor compite limpio y el otro va dopado hasta las trancas. Y 14 meses son muchos meses. Muchísimos para hacer trapacerías.
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