Sánchez se cree Dios
No hace falta remontarse muy atrás en la memoria. Era febrero de 2013 y el presidente Mariano Rajoy compareció a través de un monitor de televisión sin posibilidad de que los periodistas le formularan preguntas. El PSOE entró a degüello y acuñó la expresión «el plasma de Rajoy» para utilizarla cada vez que Rajoy recurría a esta estrategia de comunicación. Pues bien, lo de Sánchez deja en pañales aquello, porque Moncloa retrasó la comparecencia del presidente en la que anunció los cambios en el Gobierno porque a la hora prevista -las seis de la tarde- estaba jugando al ajedrez en el Gambit Café, un establecimiento situado en la calle del Barco 26 del centro de Madrid. El jefe del Ejecutivo entró al local a las 17:00 horas acompañado de la ministra de Cultura y Deporte, Milagros Tolón, y de un nutrido grupo de asesores, y abandonó el establecimiento en torno a las 18:00 horas. Un cuarto de hora más tarde salía por televisión. Ajeno a los tiempos marcados por Moncloa, Sánchez —que acudió acompañado de una nutrida comitiva de vehículos— jugó varias partidas con la mirada atenta a sus rivales en una zona del fondo del local, pero sin prestar atención al reloj. En resumen: Sánchez se va a un café-bar y su prevista comparecencia se emite con retraso porque el presidente llega tarde porque tenía cosas más importantes que hacer: jugar al ajedrez.
La visita, que no figuraba en la agenda oficial del presidente, estuvo rodeada de un extraordinario dispositivo de seguridad. Según ha podido constatar OKDIARIO, el perímetro del establecimiento contó con presencia de Policía Nacional, Policía Local y agentes especializados en revisión de infraestructuras subterráneas —conocidos coloquialmente como agentes de subsuelo— encargados de inspeccionar las alcantarillas de la zona. A los que se encontraban en el interior del local se les impuso una condición inequívoca: tenían prohibido publicar vídeos o imágenes hasta que el propio Sánchez colgara su vídeo en TikTok fuera de la agenda oficial. Esta restricción, que apunta a una cuidada gestión del relato en redes sociales, sugiere que la visita no fue improvisada, sino planificada. Lo del plasma de Rajoy comparado con esto es una broma. Sánchez se cree Dios.
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