A las manadas marroquíes de Ceuta se la traen al pairo los puntos violetas de Redondo
Mientras niñas marroquíes de diez años se esconden debajo de los furgones policiales en Ceuta para no ser violadas, la ministra de Igualdad, Ana Redondo, visitaba un punto violeta en Valladolid. Esas eran sus prioridades mientras las niñas de Ceuta sufrían un infierno.
La Policía Nacional recibe llamadas de agresiones sexuales a diario y no da abasto. Una violación en manada tuvo lugar esta semana en plena Avenida de Lisboa, una de las arterias principales de Ceuta, y sólo pudo detenerse a uno de los agresores. Las víctimas, en su mayoría mujeres y niñas marroquíes que cruzaron ilegalmente la frontera, no denuncian por miedo. Las que sí lo hacen presentan lesiones genitales compatibles con agresión sexual. Y los agresores, en la mayoría de los casos, siguen deambulando por las calles de Ceuta sin que nadie los detenga.
¿Dónde está Ana Redondo? En Valladolid, visitando un punto violeta y lamentando que algunas mujeres quieran ser madres y esposas tradicionales. ¿Dónde está el feminismo institucional que tanto presume de proteger a las mujeres? Mirando hacia otro lado. Porque el feminismo del Gobierno de Sánchez sólo funciona cuando el agresor encaja en su relato ideológico. Cuando los agresores son inmigrantes ilegales marroquíes y las víctimas son niñas que se esconden bajo los furgones de la Policía, el ministerio guarda silencio.
No es la primera vez que Ana Redondo y sus predecesoras demuestran que su feminismo es de escaparate. OKDIARIO destapó que el Ministerio de Igualdad había gastado 72 millones de euros en pulseras antimaltrato defectuosas, similares a las de AliExpress, que sonaban a deshoras, que los agresores podían quitarse con facilidad y que derivaron en la pérdida de datos de órdenes de alejamiento y en la excarcelación de maltratadores. Ana Redondo y su equipo despacharon aquello como «incidentes recurrentes». Las víctimas quedaron desprotegidas. Los agresores, en libertad.
El feminismo que predica este Gobierno protege a las mujeres en los mítines, en los carteles y en las ruedas de prensa. Pero cuando las mujeres de verdad lo necesitan, cuando son niñas de diez años escondiéndose bajo un furgón en Ceuta, el ministerio está visitando puntos violeta y persiguiendo a las tradwives de internet. Eso no es feminismo. Es una pantomima cara, inútil y obscena que le cuesta a los españoles decenas de millones de euros y que no ha protegido a una sola mujer que de verdad lo necesitara.
Y lo peor es que la ministra de Igualdad cree tener una solución infalible: los puntos violetas. La misma ministra que heredó el legado de las pulseras antimaltrato de AliExpress, que dejaron en libertad a maltratadores y desprotegidas a sus víctimas, ha encontrado en el punto violeta su nueva arma definitiva contra la violencia sexual. Que nadie se preocupe. Redondo está en ello.
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