La Policía tiene que actuar sin contemplaciones sobre estos bárbaros
Las elecciones al Ayuntamiento de Madrid han otorgado al centroderecha un mandato claro e incontestable, con plena legitimidad para poner en marcha su programa electoral y capacidad efectiva para mantener el orden establecido. Sucede, sin embargo, que en el ambiente capitalino aún flota una cierta atmósfera permisiva con dejes libertarios y anarquizantes. Esta es una de las tantas herencias que la anterior alcaldesa, la sesentaiochista doña Manuela Carmena, ha dejado al nuevo regidor. Sospechamos que Almeida no está abriendo dicho regalo con la mayor de las ilusiones.
Y así, bajo la bandera de ideales tan nobles como el ecologismo o el pacifismo, unos muy minoritarios piquetes han pretendido secuestrar el espacio público, colapsar el tráfico de una ciudad de más de tres millones de habitantes y, de paso, sustituir la decisión democrática, que los madrileños acaban de expresar en las urnas, por la negociación con dichos grupúsculos, que conduce –el lector lo habrá adivinado ya– a la imposición de la agenda de los minoritarios radicales sobre el conjunto de la ciudadanía.
Por suerte, el alcalde Almeida, como abogado del Estado que es, entiende que los imperativos legales existen y que las fuerzas del orden público no están para lucir sin más su bonito uniforme, sino para garantizar el cumplimiento efectivo de la voluntad popular. Almeida ha sido rápido y ágil pidiendo a la Policía Nacional desalojar a los piquetes de Greenpeace que cortaban el tráfico de la calle Alcalá. También ha estado divertido y elegante cuando ha manifestado sentir “envidia” por “la cantidad de tiempo libre que tienen algunos para hacer estas actuaciones”.
Ante una legislatura municipal que se adivina complicada, donde los de siempre tratarán de ganar en las calles lo que antes perdieron en las urnas, recomendamos al alcalde Almeida que continúe aplicando la máxima latina que demuestra conocer a la perfección; aquella que dice: suaviter in modo, fortiter in re. Ello tendrá como consecuencia el mejor de los efectos bumerán, que será el agradecimiento de los madrileños.
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