Òmnium y la ANC, contra Saúl Craviotto
Saúl Craviotto es un orgullo para nuestro país. Es el deportista olímpico más laureado, con seis medallas, orgulloso de ser Policía Nacional y, como catalán, defendió la legalidad en esta tierra atormentada por el separatismo y se posicionó en contra de ese intento de dinamitar nuestra Constitución llamado referéndum del 1 de octubre. Al ser un español de bien que reúne lo mejor de nuestro sentimiento como país, es un objetivo de primer orden para el separatismo, que está empeñado en el Ho tornarem a fer.
El alcalde socialista de Lérida, Félix Larrosa, en una de las pocas decisiones juiciosas que ha tomado a lo largo de su terrible mandato, decidió que Craviotto fuera el pregonero de la Fiesta Mayor de este año, por ser un «ejemplo de valores» y «referente para mucha gente, entre ellos muchos jóvenes». Este mito del deporte español nació en esta ciudad y tiene dedicado el centro de piragüismo municipal. No podía ser de otra manera cuando hablamos de un atleta de un nivel de escala planetaria. Una decisión acertada por parte de un mal alcalde, que algún día tenía que acertar.
Pero el separatismo catalán no entiende de trabajo bien hecho, ni de esfuerzo, ni de valores, ni de representar a España con orgullo y con dedicación. El separatismo catalán odia todo aquello que no le rinde sumisión, y veinte entidades, muchas de ellas llenas de rencor hacia España y todo lo que huela a español, han iniciado una cacería simbólica para que Saúl Craviotto no sea el pregonero de las fiestas ilerdenses. En su miseria moral solo les queda intentar manchar el nombre de un orgullo de nuestro deporte. Aunque no les servirá de nada, dada la grandeza de este deportista, que tanta admiración despierta en todos los rincones del país (nota para los periodistas a sueldo de Sánchez: país = España. De nada).
Entre las entidades que siembran el rencor en Lérida contra Saúl Craviotto no podían faltar unos cuantos CDR, los autodenominados Comités de Defensa de la República, los radicales que, en los momentos más duros del proceso separatista, se dedicaban a intentar amedrentar a los catalanes no separatistas. Ni las dos entidades que lideraron la sedición del 1 de octubre, Òmnium Cultural y la ANC, que, en cualquier Estado de Derecho que se hubiera respetado a sí mismo, ya habrían sido ilegalizadas hace años. Con Sánchez no hacen más que recibir honores, sobre todo Òmnium, objeto de continua pleitesía por parte del PSC.
A los separatistas les escuece que el cuerpo cuyo uniforme viste con orgullo Saúl Craviotto, la Policía Nacional, fuera decisivo para que el golpe de Estado del 1 de octubre fracasara. Los separatistas llevan años intentando desacreditar al CNP y a la Guardia Civil, excluyendo a estos cuerpos del teléfono de emergencias —el 112—, intentando cerrar sus instalaciones, como la Jefatura de Vía Layetana o la Comandancia de Travessera de Gràcia. Sin olvidar el siniestro episodio del COVID, cuando la consejería autonómica de Salud retrasó todo lo que pudo la vacunación a los agentes de estos dos cuerpos.
Son puro rencor, y ahora la han tomado con Craviotto. Y mañana será con cualquier agente de estos cuerpos que haga una buena labor para defender el orden público y la legalidad en Cataluña. De ahí la necesidad de que todos los catalanes de bien nos posicionemos a favor de que pueda leer el pregón de la Fiesta Mayor de Lérida. Porque se lo merece y por una cuestión de principios. Ni un paso atrás frente al fanatismo independentista.
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