Okupas sí, propietarios no
Lo ocurrido con la nueva Ley de Vivienda, redactada a toda velocidad (elecciones a la vista) y con evidentes signos de inconstitucionalidad, es, quizá y probablemente, unos de los hechos perpetrados por el sanchismo más grave para la convivencia entre las gentes de este país que todavía llamamos España.
Ningún Gobierno en Europa ni en el mundo libre se atrevería a presentar un texto legal de tal catadura. El derecho a la propiedad, mucho más si se trata de una vivienda, es algo inherente a todas las civilizaciones desde que el mundo es mundo. Los romanos, los griegos, hasta las tribus indígenas de la América descubierta, consideraban al domus como algo sagrado e inviolable. El gran manipulador Sánchez, fiel a sí mismo, preguntaba a la oposición qué es lo que les molestaba de su nueva norma cocinada en los estertores del Frankenstein.
Maliciosamente, fiel así mismo, hacía referencia a los fondos buitre y obvia la cuestión del gran asunto de la okupación con el que se cercenan los derechos de los propietarios. Los datos no dejan lugar a dudas. Miles o millones de españoles en avanzada edad decidieron en su día destinar parte de sus ahorros a la compra de un apartamento o piso para posteriormente alquilar y con ese dinero completar su magra pensión que les permitiría subsistir. Pues bien, el señor Sánchez, incapaz de sobreponerse a las presiones de sus socios independentistas, bilduetarras y al populismo barato de los morados, ha decidido que esos millones de españoles tienen que perder sus viviendas para favorecer a vagos y maleantes.
En síntesis, esto es, justamente lo ocurre. Si la democracia no pone coto a estos desmanes nos podríamos encontrar con algo muy serio. Si el Estado de derecho no es capaz de garantizar un derecho tan elemental, es probable entonces que los afectados opten en su desesperación por encontrar otras vías que garanticen sus derechos. Tengo para mí que el Frankestein no ha medido bien el alcance de sus fechorías parlamentarias.
Antes de que ello suceda, no estaría de más que se aplique la medida en las propias carnes de los que han cometido el desmán. Quizá la plataforma de afectados por la okupación deberían tabular a bote pronto el listado de propiedades inmobiliarias de aquellos dirigentes que dicen que la okupación no es un problema social y, además, la jalean. Y obrar en consecuencia…
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