Opinión

Más seguridad en La Mareta que en la frontera de Ceuta con Marruecos

Cuarenta guardias civiles, entre ellos agentes de élite del Grupo de Reserva y Seguridad. Cámaras antipaparazzi que rastrean hasta las rocas de la cala colindante. Un cordón marítimo de más de 732.000 metros cuadrados que prohíbe navegar a menos de un kilómetro de la costa. Y más de 250.000 euros del erario público comprometidos hasta 2028 sólo para blindar el descanso veraniego de Pedro Sánchez en la Residencia Real de La Mareta.

Para blindar su descanso particular, el Estado movilizó personal de Moncloa antes incluso de que Sánchez pusiera un pie en la isla, contrató vigilancia privada y logró que se restringiera la navegación en una superficie que ningún vecino de Ceuta ha visto jamás para proteger su propia casa. Para defender la integridad territorial española, en cambio, no hubo ni de lejos ese mismo despliegue.  Hay más seguridad para proteger el chapuzón del presidente en Lanzarote que la que hubo en la frontera de Ceuta cuando 60.000 marroquíes la traspasaron en apenas 24 horas.

Mientras Sánchez disfruta de círculos de seguridad concéntricos, unidades de élite y restricciones marítimas sin precedentes para garantizar que nadie perturbe su intimidad familiar, la frontera sur de España fue defendida por un puñado de militares y agentes, desbordados y abandonados a su suerte frente a la avalancha. Sánchez ha demostrado, una vez más, dónde están sus prioridades reales: no en la seguridad de los españoles de Ceuta, sino en la suya propia.