Lo de Lesmes y la obsesión por la justicia domesticada
La Unión Europea –referente democrático- lo ha dicho y escrito en multitud de ocasiones: que los jueces elijan a los jueces. Punto.
Esta es la cuestión. La izquierda desecha tal posibilidad en España –excepción hispana- porque entiende que dentro de los profesionales de la justicia hay una mayoría “conservadora” como si aplicar las leyes tuviera algo que ver con el conservadurismo o el progresismo.
Lo que hay que preguntarse en este quilombo del CGPJ y el TC es la obsesión sanchista, auténticamente obsesiva, por hacer pasar al PP por las horcas caudinas. Fácil: pretende aprovechar la mayoría parlamentaria de la investidura (Podemos, Bildu, ERC, PNV y los herederos de Jordi Pujol) para conformar unos órganos judiciales proclives a extender su poder. Tiene delante un panorama judicial nada halagüeño y pretende poner el carro delante de los bueyes. Está todo dicho. Es algo tan obvio que hasta el anterior equipo dirigente en Génova 13 se percató de la encerrona, por cierto, nunca perpetrada hasta el día de hoy.
Carlos Lesmes, bizcochable políticamente, ha hecho un requiebro en las últimas horas encorajinado ante las añagazas gubernamentales. Está como loco por salir de la cueva en la que lleva años conviviendo. Por de pronto, ha conseguido parar el asalto sanchista. Nunca entendí bien cómo una persona de su inteligencia demostrada pudo poner sus intereses mediáticos en aquellas manos de heredera.
Para los justiciables, esto es, el pueblo llano que sostiene fiscalmente el andamiaje que hace agua, son incomprensibles y rechazables los intentos políticos por influir en las sentencias. Lo dijo el propio Lesmes: el PSOE, específicamente Sánchez, aplaude con las orejas cuando viene una sentencia que afecta negativamente a sus adversarios (caso Gürtel que propició la caída de Rajoy), pero se revuelve cuando el fallo judicial les afecta de plano (Caso ERE).
La entente gubernamental controla el poder ejecutivo, el legislativo y sólo le queda el judicial. Del mediático ni hablo, por obvio. El tiempo dirá si el rodillo de izquierda radical al que se ha subido con entusiasmo Sánchez, tiene éxito o no.
Me atrevería a sostener que nos va la democracia en ello. Sigan atentos a la pantalla.
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