Un hombre tranquilo para una Andalucía tranquila
Ayer se publicaron en distintos medios las últimas encuestas sobre las elecciones andaluzas del próximo domingo, completándose un amplísimo estudio demoscópico con hasta once sondeos en menos de dos semanas. Al contrario que en otros casos, los resultados son bastante homogéneos y la dispersión en las horquillas es relativamente pequeña. Eso supone, como primera evidencia, que los partidos y sus candidatos saben cómo van a salir en la foto; y desde ese conocimiento es muy didáctico ver cómo unos y otros se están comportando y cómo de coherentes y sinceros, o de absurdos y falsos, son los mensajes que están trasladando.
De vuelta de estar unos días en Andalucía, trae uno la sensación de que están viviendo las elecciones con muchísima tranquilidad. Están los andaluces en sus obligaciones y en el ajetreo de sus ferias y romerías de primavera; sin preocuparse demasiado por lo que pueda pasar porque saben que no va a pasar nada. Y claro, por mucho que alguno se empeñe, en la tranquilidad y la estabilidad no hay mucho dramatismo.
A esa tranquilidad contribuye la de su presidente, Juanma Moreno. Parece El hombre tranquilo del relato de Maurice Walsh y la película de John Ford, y habla a los andaluces como Sean Thornton hablaba a los vecinos de Inisfree; con la sensibilidad y vulnerabilidad de quien reconoció el derrumbe psicológico que vivió en Adamuz, pero con la firmeza de quien conoce su seguridad y su fuerza. Otros, opositores y opinadores, intentan agobiarle con esa incertidumbre que les carcome: ¿y si pierde algún escaño? ¿y si no llega a la mayoría absoluta?… Pero ha salido él y ha exteriorizado con tremenda sinceridad la sencilla solución a lo que los demás ven un gran problema: «me falte o no me falte algún diputado, iré a investirme». Y ya está, cansado de que todos se lo pregunten, se ha dado el gustazo de decirlo, aunque quizá pueda ser desincentivador para algunos votantes.
En Vox, aunque no tienen otra que hacerse los importantes, se saben condenados a pintar muy poco. Saben desde hace mucho que en Andalucía, al igual que en Madrid, no juegan un partido de su liga; de hecho, salen sin los titulares porque el PP arrolla, y saca más votos y diputados que toda la izquierda, sin bajarse del autobús. De ellos depende si quieren acompañar a Moreno con discreción, para que les deje jugar unos minutos y les dé alguna asistencia para completar la goleada, o si quieren alborotar estruendosamente y que los andaluces les terminen diciendo: «va a dar mucho…, va a dar mucho coñazo, quillo».
Los de los partidos de la izquierda radical están en esa misma inanidad, pero con una carga extra de histerismo y de sobreactuación. Se dedican en los mítines y las entrevistas a decir, no lo que harían, sino lo que van a hacer con la sanidad o con la educación; cuando su aportación a Andalucía es y será completamente nominal y no saldrá del Por o el Adelante del nombre de sus coaliciones. Pero claro, ni Maíllo ni García pueden reconocer que el provecho de su participación en estas elecciones lo obtendrán, únicamente, ellos mismos y la docena de compañeros que van a obtener su condición de diputados y van a poder vivir de los andaluces durante los próximos cuatro años.
Para el final queda María Jesús Montero, y poco se puede decir porque todo el mundo lo está viendo. Cuando se ideó, la cosa ya no pintaba bien; pero lo que comenzó mal continuó peor y puede terminar en tragedia. La verdad es que casi no quedan ganas de hacer sangre, y eso que ella nos ha sangrado a todos durante ocho años. Y, además, en vez de hacer un discreto mutis por el foro, sigue hablando de la tontería de la remontada, demostrando que no se cansa de reírse de nosotros y que su limitada capacidad intelectual siempre cede ante su desparpajo y su desvergüenza. Pero el fin de fiesta está siendo dramático; si se pone en plan serio, nadie se la toma en serio, y si desmelena sus greñas aleonadas, corre el riesgo de decir barbaridades como lo del accidente laboral en referencia a la muerte criminal de los dos guardias civiles en Huelva.
En definitiva, que el pescado está vendido y parece que cuando todos los demás están yendo a la feria, Moreno ya vuelve con los globos, los peluches y el algodón de azúcar. Y, al igual que John Wayne y al contrario que Marisú y el resto de contrincantes, muy tranquilo.
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