Hay que destituirlo ya
Mañana es tarde para que el Gobierno destituya a Jordi Puigneró. Un cargo público como él no puede despreciar con total impunidad la figura del Rey. El secretario de Telecomunicaciones, Ciberseguridad y Sociedad Digital de la Generalitat es la prueba de que la capacidad de los independentistas para hacer el ridículo es inabarcable. La obsesión con Felipe VI, digna de diván y tratamiento. Mientras el Monarca intervenía en el pleno extraordinario del Consejo Económico y Social (CES) para defender una revolución digital y tecnológica “inteligente” que revierta de manera positiva en la creación de puestos de trabajo, Puigneró se jactaba en las redes sociales de que plantará al Monarca en el próximo Mobile World Congress.
Una cita de primer orden mundial cuya continuidad en Cataluña pende de un hilo debido a la deriva secesionista. Su única baza para permanecer en Barcelona pasa por tener el apoyo de Felipe VI, ya que es un aval a nivel internacional y una garantía que tranquilizará a organizadores e inversores con su presencia. No obstante, lejos de considerar la decisiva influencia de Felipe VI, el independentismo en general y Puigneró en particular se dedican a hacer casus belli contra él, que es igual que tirar piedras contra un evento esencial para la maltrecha economía de la región. Otra prueba más de que el radicalismo separatista prefiere la miseria económica de sus conciudadanos antes que renunciar a sus veleidades.
El Mobile World Congress tiene un impacto económico de casi 500 millones de euros en cada edición. Desde 2006, ha generado más de 4.000 millones de euros y ha llevado la cifra de empleos parciales por encima de los 100.000. Sin embargo, Jordi Puigneró colabora con sus palabras a fomentar la perniciosa inestabilidad que carcome el día a día en Cataluña. Un cargo público como él debería ser extremadamente cuidadoso con sus palabras. Sin embargo, esa condición no le impide lanzar absurdos oprobios contra la figura del jefe de Estado. Algo que le debe costar el puesto de manera inmediata. El Ejecutivo ni debe ni puede consentir más ofensas, menos si cabe con el 155 en vigor. Desgraciadamente, no es la primera vez, ya que Felipe VI tuvo que soportar que lo nombraran persona non grata en Gerona. No obstante, por muchos esfuerzos despreciativos que hagan los golpistas, Felipe VI es demasiado Rey para un independentismo de pandereta.
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