Una despedida
Como a uno le educaron en las formas, las buenas quiero decir, es deber la despedida. De igual modo el primer saludo, aunque el saludado nos lastime con su presencia, con su existencia, al caso. Más gozosa será entonces la despedida, exhalación educada de la repugnancia que pueden provocarnos ciertas personas. Yo he venido hoy, aquí, a decirle adiós a un hombrecillo que llegó a vicepresidente del Gobierno del reino de España. ¿Recuerdan aquel dicho de que “cualquiera puede llegar a ser presidente de los EEUU”? Pues esta vieja nación nuestra se lo ha tomado al pie de la letra. Y no porque no haya personas capacitadas, incluso inteligentes, sino a causa del baño de la opinión pública en el lodazal mediático, desde 2008, aproximadamente. De aquella crisis nacieron todos esos personajes atribulados, incultos, sin experiencia ninguna en la gestión. Idóneos para la demagogia de taberna.
También él, Pablo, campeón de las huestes revolucionarias, es un subproducto de la decadencia hispana, educativa, moral y estética. Mucho se ha escrito sobre sus nexos con Venezuela y con Irán; sus simpatías con cualquier cosa que estuviera en el lado podrido de la democracia, los nacionalismos vasco y catalán. Queda, en cualquier caso, conocer más elementos formales y sombríos, su relación con Roures, los compromisos ocultos con el insurreccionalismo catalanista. Acabaremos sabiéndolo, apenas su poder e influencia se diluyan. Y cuando la Justicia, que él tanto desprecia, le ponga en su lugar.
Llega, pues, el momento más deseado, decirle adiós. Despedir con una sonrisa a quien ha malgastado nuestro precioso tiempo. A quien ha llenado de chatarra ideológica la conversación pública. A quien ha fomentado el mal rollo entre españoles. A quien ha colocado a dedo a familiares y amiguetes, a cual más inútil, a costa del erario. A quien ha fomentado la destrucción del Estado de Derecho con sus ataques al poder judicial. A quien le regaló una serie de televisión al Rey “para que le diera las claves de la crisis política”. A quien aparecía en el Congreso en camisa sucia y sudando. A quien, en definitiva, ha aportado un grueso de fealdad imperdonable a la vida política de España.
El acto de despedirse parece siempre metafórico, porque, en realidad, hay solo una despedida indudable, ustedes ya saben cuál es. Para lo que nos ha ocupado hoy aquí, el deseo no es un final físico, sino una muerte política, con forenses del star system que agachen la cabeza y la firmen. El gozoso espectáculo de la verdad, iluminando, al fin, sobre semejante personaje. Adieu!
Lo último en Opinión
Últimas noticias
-
La palabra que usan los catalanes para insultar al resto de españoles: si te lo dicen es probable que no te des cuenta
-
Mediaset anuncia el fichaje de Josep Pedrerol con ‘El Chiringuito’
-
Audrey Hepburn lo resumió en una frase: «Puedes saber más sobre una persona por lo que dice de los demás que por lo que los demás dicen de ella»
-
Borja Sémper reaparece en Madrid y se deshace en halagos hacia los Reyes: «Son la mejor imagen de España»
-
Los expertos en decoración coinciden: la mejor alternativa a las mamparas y paneles fijos del cuarto de baño es un estor de ducha enrollable