Opinión

La confesión de Julito Martínez noquea a Zapatero y al Gobierno

En vísperas de su declaración ante el juez, Julio Martínez, más conocido como Julito, ha decidido finalmente contar la verdad y tirar de la manta, dejando desnudos los argumentos de José Luis Rodríguez Zapatero y el Gobierno, que ha defendido contra viento y marea la inocencia del ex jefe del Ejecutivo. Es verdad que el empresario ha estado sumido en un mar de dudas sobre cómo enfocar su defensa, pero al final ha optado por dar un paso al frente y hacerse un Aldama, esto es, colaborar con la Justicia.

Detrás de la decisión de Julio Martínez está, por supuesto, su abogada, María Dolores Márquez de Prado, quien ha terminado por convencerle de que era crucial colaborar, sobre todo porque la declaración de su contable, Cristóbal Cano, podía dejarle en una posición imposible en caso de que desvelara sus negocios offshore con José Luis Rodríguez Zapatero.

En definitiva, Julito Martínez estaba entre la espada y la pared, atrapado en una encrucijada de la que no podía salir, de modo que, al final, ha optado por colocar sus intereses por encima de cualquier otra circunstancia, pese a las presiones que ha recibido para que guardara silencio.

El problema es que Zapatero ha perdido un elemento imprescindible, su mayor dique de contención. Porque la confesión de Julio Martínez arruina sus argumentos de que no cometió ningún delito de tráfico de influencias y blanqueo de capitales vinculados al rescate público de 53 millones de euros de la aerolínea Plus Ultra.

Martínez ha dejado claro que el ex presidente utilizó sus contactos y posición, a cambio del 1 por ciento, para lograr un rescate que no cumplía los requisitos. Y eso no sólo destroza la línea de defensa del ex presidente, sino que coloca al Gobierno de Pedro Sánchez en una situación imposible. No ya sólo por defender a quien, según sostiene el juez y avala la confesión del empresario, lideraba una red criminal a través de una trama de tráfico de influencias y blanqueo de capitales, sino porque convierte al mismísimo Gobierno, que fue quien concedió la ayuda a la aerolínea, en cooperador necesario de esa trama.