Los amigos de ZP y Sánchez, derrotados en América

Los amigos de ZP y Sánchez, derrotados en América
  • Pedro Fernández Barbadillo
  • Columnista de Internacional. En la editorial Homo Legens ha publicado 'Eternamente Franco' y 'Los césares del imperio americano'. Su último libro es 'Eso no estaba en mi libro de historia del Imperio español' (Almuzara).

Junio está siendo un pésimo mes para los que han sido llamado «perfectos idiotas latinoamericanos». Acaban de sufrir tres grandes derrotas. Y, encima, por voluntad popular.

Keiko Fujimori por fin va a ser presidenta de Perú, por casi 45.000 votos, más o menos la misma cantidad por la que en 2021 ganó la presidencia el golpista Pedro Castillo. La Asamblea del Poder Popular cubana ha eliminado el dogma marxista de la economía y ha legalizado la banca, la propiedad privada y la fijación de precios sin intervención estatal. Y en Colombia ha vencido Abelardo de la Espriella, al que todos los medios de comunicación «serios», incluida la prensa que lee la derecha, pero no es derecha, le califican de «candidato de ultraderecha». Alegría para Donald Trump y Marco Rubio y disgusto para Sánchez y Zapatero, que pierden a varios de sus amigos y socios.

Después de sorprender en la primera vuelta al superar al favorito, Iván Cepeda, por casi 700.000 sufragios, Abelardo de la Espriella ha alcanzado la presidencia de la república en la segunda vuelta, celebrada el 21 de junio. En esta ocasión, la diferencia ha sido mucho más pequeña. El senador ha reducido la distancia con el abogado y empresario a unos 250.000 votos. Y la izquierda a coro, dirigida por el tenor Gustavo Petro, ha empezado a clamar contra un fraude.

Es muy tentador ser de izquierdas, sobre todo si ejerces una profesión con proyección pública, como la de político o intelectual orgánico (profesor, académico, tertuliano…), porque, aparte de que la banda cuida de uno con un mimo que no se encuentra en la derecha, ni en la embajada de Estados Unidos, se puede cometer cualquier barrabasada y siempre se quedará impune. Por eso, el ex guerrillero y todavía presidente, Gustavo Petro, ha pasado las tres semanas entre las dos vueltas de las presidenciales enfrascado en la campaña.

Como en Colombia en 2015 se restauró la prohibición de reelección del presidente, Petro quería sucederse mediante Cepeda. Tras el resultado de la primera vuelta, Petro consiguió que sus camaradas en la Cámara de Representantes aprobasen una “suspensión provisional” de su cargo, a fin de que pudiera hacer campaña sin trabas legales. Además, el gobierno izquierdista ha recurrido a promesas y gasto público para comprar votos.
La implicación de Petro, un hombre que ha demostrado en estos cuatro años su mesianismo y sus desequilibrios mentales (en la ONU afirmó que el carbón y el petróleo son más peligrosos que la coca, cuya producción se ha disparado con él como presidente, hasta suponer más de un 4% del PIB nacional), fue de tal intensidad que la noche del sábado al domingo difundió una encuesta mentirosa atribuida a AtlasIntel que daba a Cepeda como vencedor; y, horas más tarde, acusó al alcalde de Medellín de impedir el acceso al centro de recuento local de los representantes de la candidatura de Cepeda, obstrucción que Fico Gutiérrez negó.

Si esas manipulaciones las hubiera cometido un presidente conservador o liberal, los medios de comunicación internacionales le hubieran criticado con razón y sin piedad. Pero como se trata de un miembro del bando progresista, se perdonan como «cosas de Gustavo».

De los datos, destaca el aumento de la participación en cerca de seis puntos. Esos casi 2,5 millones de votos válidos más parece habérselos tragado Cepeda, pues éste, entre las dos vueltas, ha captado tres millones de sufragios. En cambio, Espriella, además de los 1,6 millones de la conservadora Paloma Valencia con los que ya contaba, sólo ha crecido en 957.000. Junto a los nuevos votantes, también ha habido transferencias de los candidatos derrotados en la primera vuelta.

De nuevo, causan desconfianza los altísimos porcentajes que ha obtenido Cepeda en los departamentos del interior y del Pacífico dominados por las narcoguerrillas. En Nariño, Chocó, Valle y Cauca, ¿se vota libremente o a punta de fusil?, ¿y por qué a los terroristas les gusta la izquierda?

En Antioquia, segundo departamento por población, Espriella le sacó más de un millón de votos a Cepeda. Y en Bogotá, Cepeda se estancó respecto al resultado de Petro en 2022, con los mismos 2,2 millones, mientras que Espriella subió a 1,9 millones, 450.000 papeletas más de las que recibió en la capital Rodolfo Hernández, adversario de Petro, en esa segunda vuelta.
El último empujón para la victoria se lo dio a Espriella el voto exterior. Dentro de Colombia, la ventaja del candidato de Defensores por la Patria fue de poco más de 70.000 papeletas, pero en el extranjero ha tenido una ventaja superior a las 170.000.

A pesar del resultado (el recuento oficial de las papeletas de papel ha confirmado el preconteo hecho por una empresa privada) y de las felicitaciones ya enviadas por varios gobiernos americanos a Espriella, Petro y muchos de los militantes del Pacto Histórico han empezado a denunciar un pucherazo e injerencia extranjera.

El presidente en funciones, que cesará el 7 de agosto, ha dejado en X un hilo demencial, en el que sentencia que las elecciones son nulas debido a «la intervención directa del presidente Donald Trump»; se compara con el personaje literario Aureliano Buendía; declara que no jurará lealtad «a un virrey»; avisa de que «viene la mafia armada matando pueblo»; y anuncia que va a «hacer política en los EEUU», para lo que intentará aprender inglés, con «las obras completas de Shakespeare».

Por muchos defectos que tiene Colombia, no es como Bolivia, donde Evo Morales ha levantado Cochabamba contra el presidente Rodrigo Paz, al que exige ni más ni menos que la dimisión, pese a haber ganado las elecciones el año pasado. Éste decretó el domingo 21 el estado de excepción a nivel nacional después de más de seis semanas de bloqueos y cortes de carretera.

En una similitud con algunos presidentes bolivarianos, Espriella carece de mayoría parlamentaria. En el Congreso, la primera bancada corresponde al Pacto Histórico, pero contará, sin duda, con el respaldo de los conservadores, los liberales y los seguidores del expresidente Álvaro Uribe, en sus planes de combatir a las narcoguerrillas y la delincuencia, en reactivar la minería y la exportación de petróleo y en suprimir las trabas burocráticas acumuladas.
Una de las conclusiones de este junio electoral es el ya mencionado peso del voto del exterior en el resultado final. A Fujimori le ha dado la victoria. Sin duda, el PSOE, que está dedicado a llenar el censo electoral con varios millones de «nuevos españoles», tanto en Argentina y Cuba como en España, mediante nacionalizaciones exprés, sacará la lección pertinente: acelerar el proceso, quizás no para dar un vuelco, pero sí para restar algunos diputados al PP y a VOX.

Otra de las conclusiones es la de que los sudamericanos asentados en España no rechazan masivamente la izquierda, a pesar de lo que sostienen el PP y sus columnistas fieles. Los análisis demuestran lo contrario. Salvo en el caso de los venezolanos, el primer partido escogido por los iberoamericanos que reciben la nacionalidad española es el PSOE. En la primera vuelta de las peruanas, venció el socialista Roberto Sánchez y, aunque Fujimori ganó en la segunda, lo hizo con el porcentaje más bajo de los países europeos. Respecto a las elecciones colombianas, Cepeda quedó primero en las dos vueltas.
Quienes promueven el «Madrid de todos los acentos» con la finalidad de hacerse con una cantera de votos pueden encontrarse con un chasco descomunal.

La última conclusión es que en las siete elecciones presidenciales celebradas desde 2025, en Chile, Bolivia, Ecuador, Honduras, Costa Rica, Perú y Colombia, han vencido candidatos derechistas y admiradores de Trump. Este nuevo ciclo político, ¿tiene relación con la supresión por parte de la Casa Blanca de la agencia USAID, conocida por financiar a ONG y medios de comunicación sesgados a la izquierda? ¿Es casualidad o causalidad? Admito que es una conjetura, pero a mí me llama la atención semejante cronología.

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