Langostino industrial

El impacto oculto del langostino industrial: su producción está destruyendo los manglares ecuatorianos

La expansión desmedida del sector ha provocado la pérdida del 57% de los manglares ecuatorianos

España importa cada año de Ecuador más langostino del que se pesca o se cría en toda la UE

La acuicultura española inspira a Europa y al mundo por sus prácticas sostenibles y de bienestar animal

El Observatorio de Bienestar Animal (OBA), en colaboración con Protección Animal Ecuador, acaba de presentar los resultados de una investigación científica elaborada por la organización Foodrise que desvela el severo impacto ambiental, climático y laboral oculto tras el consumo masivo de langostinos en Europa y, en particular, en nuestro país.

Según el informe Cheap Shrimp, High Costs, España importa anualmente de Ecuador más langostino del que se pesca o se cría en toda la Unión Europea. Con ello se financia un modelo acuícola que ya ha provocado el colapso de hasta el 90% de los manglares en algunas zonas del país latinoamericano y mantiene a un 63% de sus trabajadores en condiciones de precariedad laboral.

En este trabajo también se señala que en Europa se consume tres veces más langostinos de granja intensiva ecuatoriana que el salvaje capturado por las flotas pesqueras comunitarias. Ecuador se ha erigido en el mayor productor y exportador mundial de este crustáceo, alcanzando en 2025 una facturación de 8.400 millones de dólares, superando por primera vez al petróleo crudo.

Degradación de los ecosistemas

Sin embargo, este crecimiento exponencial, que ha escalado de las 40.000 toneladas en el año 2000 a una cifra estimada de 1,2 millones de toneladas en la actualidad, ha dejado tras de sí una insostenible degradación en los ecosistemas locales.

La investigación de Foodrise señala que los estanques para la acuicultura de langostinos ocupan ya unas 220.000 hectáreas de suelo costero. El documento certifica que la pérdida histórica del 57% de la cobertura total de manglares del país, que en algunos de los estuarios del Golfo de Guayaquil llega a un alarmante colapso del 90%, equivale a la destrucción de un ecosistema que resulta indispensable para capturar carbono y mitigar la crisis climática global.

Huella de carbono

A esta pérdida de superficie de los manglares en las costas ecuatorianas se le suma una elevada huella de carbono, causada por la dependencia de piensos industriales basados en soja y harinas de pescado.

«Una sola porción de 100 gramos de langostino de cultivo genera 18 kg de emisiones de CO₂e, más que el equivalente de vacuno lechero medio (17 kg CO₂e), lo que convierte al langostino de cultivo en el tercer sistema alimentario más intensivo en emisiones, sólo por detrás de la carne de vacuno y el cordero», insisten los investigadores.

Langostino industrial. Foto: Marcos Zegers / Observatorio de Bienestar Animal / We Animals.

Información y transparencia

Ante la gravedad de estos hallazgos, Miriam Martínez, directora de Bienestar Animal en el Observatorio de Bienestar Animal, advierte de que «es inadmisible que el langostino que se consume a diario en España se sustente sobre la destrucción de las costas de Ecuador».

«Las empresas que los ponen al alcance de las personas consumidoras deberían conocer bien el impacto de sus productos tanto a nivel de bienestar animal como de impacto ambiental. Y, más importante, deberían ser transparentes sobre esto para que sus clientes puedan realizar compras con toda la información», insiste Martínez.

Recursos hídricos

El informe también analiza el impacto de la actividad acuícola en los recursos hídricos costeros. De acuerdo con sus datos, el principal impacto en el agua proviene de la carga orgánica generada por los piensos y los propios desechos metabólicos de los animales.

Por cada tonelada de langostinos que se produce, el sistema genera más de 51 kilos de desechos de nitrógeno, de los cuales más de la mitad (26 kilos por tonelada) acaba siendo vertida de forma directa a las aguas de los ríos y costas circundantes.

Asimismo, el dossier denuncia el uso recurrente, y en cantidades opacas para autoridades y consumidores, de antibióticos críticos para la medicina humana. Aunque la normativa ecuatoriana limita estas sustancias, su empleo persiste para contener patologías derivadas de las condiciones de hacinamiento, incrementando así el peligroso riesgo de proliferación de bacterias resistentes.

Piscinas para producción de langostinos. Foto: Marcos Zegers / Observatorio de Bienestar Animal / We Animals.

Precariedad laboral

En el plano social, los datos recopilados junto a la Organización Internacional del Trabajo (OIT) confirman que el 63% de los operarios acuícolas carecen de contrato formal, lo que cronifica la precariedad laboral.

«A esto se suman las permanentes tensiones territoriales con las comunidades ancestrales, provocadas por la agresiva adquisición de terrenos por parte de grandes corporaciones para expandir unas granjas acuícolas que destruyen hogares y desplazan de forma forzosa a la población nativa», destacan las organizaciones implicadas en este trabajo.

Ablación del pedúnculo ocular. Foto: Ulet Ifansasti / Observatorio de Bienestar Animal / We Animals.

Crueldad y maltrato animal

Al margen del informe, el OBA también ha desvelado recientemente un impactante material audiovisual de instalaciones de reproducción en Indonesia, uno de los gigantes de la acuicultura mundial, sólo por detrás de Ecuador, China, Vietnam e India.

Las imágenes, captadas por la organización internacional de fotoperiodismo We Animals Media, documentan por primera vez para el consumidor español la crudeza de la ablación del pedúnculo ocular.

Dicha técnica consiste en extirpar, cortar o aplastar uno de los dos ojos de la hembra. Esta mutilación, ejecutada de manera rutinaria y sin ningún tipo de anestesia, destruye la glándula que regula la inhibición de la reproducción, provocando una alteración hormonal forzada que acelera drásticamente la maduración de los ovarios y llega a multiplicar entre 10 y 20 veces la producción natural de huevos.