Sorpresa entre los científicos: los cambios en el clima envejecen más a las abejas que la contaminación
El CSIC estudia 980 abejas en un gradiente de 1.000 kilómetros y descubren qué acelera su envejecimiento
El estudio, liderado por la Estación Biológica de Doñana, analiza 980 abejas de 60 puntos de Argentina
El aumento de las temperaturas y los cambios en la disponibilidad de flores desgastan a los polinizadores
Las tripas de las abejas demuestran el bienestar ecológico de una ciudad

El cambio climático y la cantidad de flores disponibles influyen más en el envejecimiento de las abejas que la urbanización o la contaminación ambiental. Es la principal conclusión de un estudio liderado por la Estación Biológica de Doñana-CSIC y publicado en la revista Global Change Biology.
El trabajo ha analizado más de 980 abejas obreras procedentes de casi 60 puntos distribuidos entre nueve localidades de Argentina, a lo largo de un gradiente ambiental de unos 1.000 kilómetros. Se trata de uno de los mayores muestreos realizados hasta ahora sobre esta cuestión en un insecto polinizador, que ha dejado resultados preocupantes.
Marcador de desgaste
Los investigadores han usado como indicador base los telómeros, pequeñas estructuras que protegen los extremos de los cromosomas. Su longitud se emplea habitualmente como marcador del envejecimiento y del desgaste fisiológico de los seres vivos.
Para cada localización se describieron las condiciones climáticas, el grado de urbanización, la abundancia y diversidad de flores y la presencia de algo más de 40 contaminantes orgánicos en el polen. La longitud de los telómeros se midió a partir de muestras de ADN extraídas de tejidos de las abejas.
«Este estudio es novedoso porque analiza simultáneamente distintos componentes del cambio global, como el clima, la urbanización, la contaminación y los recursos florales, a lo largo de un gradiente ambiental muy amplio», ha destacado Pablo Burraco, principal autor del trabajo e investigador de la Estación Biológica de Doñana.
Ciudades y contaminación
El investigador recalca que la mayoría de los trabajos anteriores se habían centrado en un único factor ambiental o se habían realizado a escalas geográficas mucho menores. «Además, esta información era prácticamente inexistente en insectos y otros invertebrados», ha añadido.
Los modelos estadísticos aplicados a los datos apuntan a que ni la urbanización ni la contaminación química se asociaron con la variación en la longitud de los telómeros. En cambio, sí lo hicieron las condiciones climáticas y las características florales de cada punto de muestreo.
Los resultados sugieren que las abejas domésticas podrían ser capaces de amortiguar, al menos en cierta medida, efectos directamente asociados a la actividad humana. Tanto su movilidad y capacidad de adaptación como la organización social de las colonias contribuirían a reducir el impacto de esas presiones.

Presión por parte del clima
Sin embargo, las alteraciones ligadas de forma indirecta a la actividad humana, especialmente el aumento de las temperaturas y los cambios en la disponibilidad de flores, podrían tener una mayor influencia en el envejecimiento de estos insectos. Los datos refuerzan así la necesidad de considerar el cambio climático como una presión relevante para la salud de los polinizadores.
El contexto en el que se publica el trabajo es delicado. La FAO calcula que casi el 35% de los polinizadores invertebrados del planeta, en especial abejas y mariposas, está en peligro de extinción, junto a alrededor del 17% de los polinizadores vertebrados.
El organismo de Naciones Unidas recuerda que más del 75% de los cultivos alimentarios del mundo depende en alguna medida de la polinización animal y que en torno al 87,5% de las plantas con flores es polinizado por animales. El IPBES eleva al 40% la proporción de especies de abejas que podrían estar amenazadas.
Un tercio amenazado
Las series largas apuntan en la misma dirección. Un estudio alemán publicado en PLOS One documentó una caída del 76% en la biomasa de insectos voladores entre 1998 y 2016, y al menos un tercio de todas las especies de insectos está en peligro de extinción. En Europa, con datos de 2026, el 10,4% de las especies de abejas descritas se encuentra amenazado.
En España, Greenpeace estima que la polinización por insectos tiene un impacto económico de unos 2.400 millones de euros anuales, con cultivos como el melón, la sandía, el almendro o el cerezo que dependen de estos animales entre un 40% y un 100%. En California, los apicultores documentaron pérdidas medias del 60% de sus colonias entre junio de 2024 y febrero de 2025.

Colaboración internacional
Los próximos estudios deberán determinar si los cambios observados en los telómeros se traducen en una menor supervivencia de las abejas, un peor funcionamiento de las colonias o una reducción de sus poblaciones. «También será importante conocer hasta qué punto estas alteraciones pueden afectar a la polinización de plantas silvestres y cultivos, y cuantificar sus posibles consecuencias económicas», ha señalado Burraco.
El trabajo ha sido posible gracias a una colaboración internacional y multidisciplinar entre instituciones de España, Argentina, Bélgica, Nigeria y Reino Unido, que ha permitido integrar información molecular, climática, ecológica, paisajística y toxicológica.
«El estudio pone de manifiesto la importancia de combinar grandes muestreos de campo con herramientas moleculares para entender cómo el cambio global puede afectar a procesos fisiológicos que, como el envejecimiento, influyen en la salud y el futuro de las poblaciones animales», concluye el investigador del CSIC.