Agencia EFE Fragancias tóxicas

‘Eau de tóxico’: el problema oculto en muchas de las fragancias y perfumes que empleamos habitualmente

En una sola fragancia puede haber centenares de sustancias químicas diferentes

La industria de las fragancias se ampara en el secreto comercial para no desvelar la composición de sus aromas

Al margen de perfumes y colonias, las fragancias están presentes en multitud de productos de consumo

En una fragancia puede haber cientos o incluso miles de tóxicos peligrosos para nuestra salud. Generado por IA.
En una fragancia puede haber cientos o incluso miles de tóxicos peligrosos para nuestra salud. Generado por IA.

Para saber cómo huele el éxito en nuestra sociedad, sólo hace falta ver un rato la televisión. Rápidamente nos lo dejan claro esos sofisticados anuncios que nos muestran a personas jóvenes, atractivas y llenas de glamour que tienen el mundo entero a sus pies. Simplemente tenemos que comprar esas mismas fragancias y perfumes que usan para formar parte del club de los elegidos.

Lo que nunca se explica en esos mensajes comerciales es con qué ingredientes ni a través de qué procesos se elaboran esos productos perfumados. Ni siquiera pensamos en que resulte pertinente ninguna aclaración, ¿cómo va a haber algún inconveniente en algo que desprende ese olor tan maravilloso y que además aumenta nuestro magnetismo personal?

El marketing nos ha convencido de que, para que nuestras casas huelan a limpio, deben oler a químico. De forma similar, se nos ha inculcado que la higiene y el cuidado personal tienen que incluir obligatoriamente el uso de sustancias artificiales de síntesis química. El problema es que dichos compuestos no son necesariamente tan inocuos ni están tan controlados como pensamos.

Secreto comercial

Cuando en el etiquetado de algún producto se indica que contiene, por ejemplo, «fragrance», «parfum» o cualquier otro término similar, estamos probablemente ante un flagrante ejercicio de opacidad.

Esto es así porque detrás de esta denominación puede esconderse el empleo de hasta 3.000 sustancias químicas, entre las cuales podría haber algunas con propiedades tóxicas, cuyo nombre se niegan a revelar las marcas del sector amparándose en el secreto comercial y con el fin de evitar posibles plagios de la competencia.

Recientemente, la doctora Pilar Muñoz-Calero, especialista en medicina ambiental, se refirió a esta cuestión en una entrevista para Efe que se ha vuelto viral. En esta conversación, la experta remarca que esta forma de actuar por parte de las compañías está totalmente permitida.

Fragancias naturales

Al margen de perfumes y colonias, estas fragancias también están presentes en ambientadores, productos de limpieza, detergentes, suavizantes, cosméticos, champús, geles, desodorantes e infinidad de artículos de consumo.

En algunos casos, dichas fragancias pueden estar asociadas con problemas de salud, incluso cuando hablamos de fragancias naturales. En la citada entrevista, Muñoz-Calero pone como ejemplo los aromas naturales basados en el empleo de terpenos, compuestos orgánicos aromáticos producidos naturalmente por plantas. Este es el caso de las fragancias con olor a pino o a limón, que se basan en terpenos como el limoneno y el pineno.

«Si estás limpiando con eso en tu casa, y entonces abres la ventana y entra ozono, este ozono se mezcla con el terpeno del jabón y se genera formaldehído, que es un producto reconocido por el IARC, la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, que pertenece a la OMS, como cancerígeno», advierte Muñoz-Calero.

 

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No están obligadas

Preguntado por OKGREEN sobre las declaraciones de la doctora, Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, confirma que las compañías que elaboran fragancias «no están obligadas a declarar debidamente las sustancias que emplean en un producto concreto».

«En una etiqueta podemos ver que dice simplemente la palabra fragancia sin que se nos aclare nada más, aunque potencialmente puedan ser cientos de sustancias diferentes», asegura.

Derecho del consumidor

«No se tiene en cuenta el derecho del consumidor a conocer exactamente qué es lo que está comprando, a qué se expone y si el producto contiene o no sustancias preocupantes», insiste el también periodista y divulgador ambiental.

Esto se debe en gran medida a la falta de regulación. «Más allá de algunos pequeños espacios en los que la administración pueda ejercer algún tipo de control, la industria de las fragancias, lejos de ser debidamente controlada, más bien se autorregula», afirma.

Imitación de anuncio de fragancias. Generado por IA.
Imitación de anuncio de fragancias. Generado por IA.

Estándares voluntarios

«La Asociación Internacional de Fragancias (IFRA) y el Instituto de Investigación de Materiales de Fragancias (RIFM), que es una entidad de la propia industria, desarrollan y establecen estándares voluntarios para las sustancias químicas usadas en la composición de las fragancias», relata de Prada.

«Así se establecen algunos listados de sustancias que sería aconsejable reducir o evitar. Por otro lado, buena parte de los estudios de toxicidad los lleva a cabo o los paga la propia industria y con frecuencia son secretos», critica el experto.

Problemas de salud

Según el periodista, distintas investigaciones científicas e informes han vinculado ciertos compuestos que podrían estar presentes en algunos productos perfumados con diferentes problemas de salud como el cáncer, daños respiratorios, alteraciones hormonales y efectos sobre la reproducción y el desarrollo.

«Obviamente no conviene generalizar. La situación será diferente según unos u otros productos concretos y también según cada individuo. Hay personas que son especialmente sensibles y que al exponerse a algunas fragancias pueden sufrir dolores de cabeza, dificultad para respirar o concentrarse, mareos, etc.», matiza de Prada.

«Muchos asmáticos pueden experimentar síntomas adversos, así como, especialmente, las personas con Sensibilidad Química Múltiple. Diferentes instituciones sanitarias han intentado concienciar sobre el tema y en algunos países se ha llegado incluso a promover la creación de espacios libres de fragancias», añade.

Aplicación de perfume. Generado por IA.
Aplicación de perfume. Generado por IA.

Ciencia independiente

Por todas estas razones, de Prada aboga por «poner fin al secreto en la composición de las fragancias. También habría que poner en manos de la comunidad científica independiente el estudio de la toxicidad de muchas sustancias que utiliza esta industria e impedir que en la evaluación de los posibles efectos se utilicen estudios secretos pagados por ella».

Otra medida indispensable sería garantizar el derecho de los consumidores a estar informados. «Mientras no se disponga de una correcta regulación, es bueno que al menos las personas estén informadas y, de ese modo, puedan tomar algunas precauciones en los casos en que sea aconsejable».

«Puede haber quien opte, por ejemplo, por el uso de productos sin fragancias como algunos científicos recomiendan. Sea como fuere, sería clave que, en lugar de guiarse simplemente por estímulos publicitarios, la gente prestase atención a lo que muestran algunas fuentes científicas serias», concluye el experto.