Cuidado con los cosméticos: su excesivo uso puede resultar peligroso para niñas y adolescentes
Los productos de belleza contienen tóxicos como disruptores endocrinos, alérgenos y posibles carcinógenos
El organismo de los menores es especialmente vulnerable ante la exposición a sustancias tóxicas
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Cada vez se está extendiendo más entre niñas y adolescentes el uso de cosméticos pensados originalmente para mujeres adultas. Dicha práctica no está exenta de riesgos para su salud. Más bien al contrario, como acaba de poner de manifiesto un reciente estudio científico publicado en la revista The Journal of Pediatric Pharmacology and Therapeutics.
En este trabajo se detalla que los productos de belleza e higiene pueden exponer a las menores a sustancias tóxicas potencialmente problemáticas, como disruptores endocrinos, alérgenos y posibles carcinógenos que a menudo forman parte de su composición.
Los autores alertan sobre las posibles consecuencias de la exposición temprana y prolongada a sustancias de este tipo, ya que su organismo es especialmente vulnerable en esas etapas críticas del desarrollo, motivo por el que piden que se incremente la concienciación sobre este problema y que se establezca una regulación más estricta.
Falta de regulación adecuada
Carlos de Prada, responsable de la iniciativa Hogar sin tóxicos, que colabora con la European Environmental Bureau (EEB) en la difusión de estos asuntos en España, denuncia que «ni en Estados Unidos, donde se ha publicado el estudio, ni en la UE existe una regulación que proteja adecuadamente a las menores frente a esos posibles riesgos».
«De hecho, la Unión Europea ha decidido recientemente no sólo no mejorar la normativa general de cosméticos, sino incluso debilitarla. Se ha negado, entre otras cosas, a restringir adecuadamente en estos productos, de forma general, la presencia de cualquier sustancia que sea disruptora endocrina y no sólo de unas cuantas muy concretas como hasta ahora sucede».
Esta decisión ha sido tomada, insiste de Prada, «a pesar de que los disruptores endocrinos son, precisamente, una de las principales preocupaciones sanitarias en este tema, especialmente en el caso de las niñas».

Mayor absorción
El estudio también alerta de que las niñas y las adolescentes tienen una piel más delgada y permeable, «lo que permite una mayor absorción de sustancias nocivas», como los disruptores endocrinos, que son capaces de alterar su equilibrio hormonal, modificando su desarrollo y su salud reproductiva futura.
Por otro lado, algunas fragancias y conservantes pueden generar reacciones alérgicas o irritantes y derivar en dermatitis de contacto y exacerbación del acné. También se señala que la exposición acumulada a lo largo de años a algunos compuestos químicos podría aumentar el riesgo de daños celulares o cáncer.
Daño psicológico
Los autores del citado trabajo también insisten en el daño psicológico que puede acarrear para las adolescentes esta nueva obsesión por la belleza y los cosméticos. Con frecuencia se acaba explotando la inseguridad de las adolescentes respecto a su imagen para promover el uso de cosméticos que, supuestamente, corregirían «defectos».
Como afirma Carlos de Prada, «a la contaminación mental que supone para muchas niñas y adolescentes estar enganchadas a las redes sociales, viene a sumarse la contaminación química innecesaria a la que pueden exponerse por ello».

Redes sociales
Los científicos citan otras investigaciones que advierten sobre el papel que pueden tener las redes sociales en la posible exposición de las niñas a sustancias perjudiciales a través de la promoción de cosméticos no adecuados para ellas.
Según se denuncia, es frecuente encontrar en Tiktok vídeos protagonizados por niñas influencers recomendando rutinas de cuidado facial no aptas para esas edades. Muchas menores, incluso con menos de 10 años, pueden acabar usando varios productos cosméticos a diario.
Los investigadores advierten de que «el uso generalizado de productos originalmente diseñados para la piel adulta puede introducir riesgos como alteraciones hormonales, reacciones alérgicas y exposición prolongada a sustancias químicas nocivas como parabenos, ftalatos, sulfatos y formaldehído».
Cosmeticorexia
Se ha acuñado incluso el concepto de cosmeticorexia para definir la obsesión de muchas niñas por la cosmética. Una cosmeticorexia que, en alguna medida, apunta Carlos de Prada, «puede ser una cosmeticorexia tóxica».
Más allá de lo que suceda en la adolescencia propiamente dicha, «el que las personas comiencen a usar cosméticos y maquillaje a edades más tempranas aumenta la duración del uso y la exposición acumulada a estas sustancias químicas nocivas, lo que puede incrementar el riesgo de problemas de salud a largo plazo», advierten los científicos.

Paquete ómnibus
Hogar sin tóxicos señala que a pesar de las advertencias científicas, está previsto que en octubre se apruebe definitivamente el texto del paquete ómnibus que ha debilitado algunos aspectos de la regulación de cosméticos europea.
La campaña alerta de un aspecto muy negativo del texto del paquete ómnibus acordado: una vez se decide prohibir una sustancia por sus riesgos para la salud, se van a ampliar los periodos de gracia, de modo que dicha sustancia podrá seguir estando presente durante más tiempo en los cosméticos.
También se han introducido requerimientos que podrían dificultar la sustitución de sustancias cancerígenas, mutagénicas o tóxicas para la reproducción por alternativas más seguras.
Programas educativos
Por su parte, los científicos instan a que, además de mejorar la legislación y el control de lo que se publica en las redes sociales, se pongan en marcha programas educativos dirigidos a padres, médicos y adolescentes para reducir el uso de cosméticos en edades tempranas y, en el caso de que se use alguno, que sean productos realmente más seguros.
«Los productos actuales se prueban y desarrollan principalmente para adultos, sin tener en cuenta la exposición acumulativa tras una década de uso en la adolescencia», alertan.
Por este motivo, «actualizar la normativa, garantizar un etiquetado adecuado de los riesgos y exigir estudios de seguridad pediátrica contribuiría a prevenir que los jóvenes consumidores se expongan sin saberlo a sustancias tóxicas presentes en productos de belleza y cuidado personal. Proteger la salud de los adolescentes no es opcional, sino un deber ético», concluyen los investigadores.