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Suena cruel pero los científicos están dejando que las pitones birmanas se coman zarigüeyas con GPS y la verdadera razón pocos la conocen

pitones zarigueyas
Blanca Espada

En el sur de Florida hay zonas de pantano donde no es fácil ver lo que pasa. La vegetación es densa, el agua es oscura y, a simple vista, parece todo bastante tranquilo. Pero no lo es en realidad, sino que desde hace años, en esos lugares está ocurriendo algo que ha cambiado por completo el equilibrio natural.

Durante mucho tiempo, los depredadores más conocidos eran el caimán o la pantera de Florida. Eran los que marcaban el ritmo del ecosistema. Pero ahora hay otro animal que ha pasado por delante de todos ellos en cuanto a impacto. Se trata de la pitón birmana, una serpiente originaria del sudeste asiático que puede alcanzar varios metros de longitud y alimentarse de animales de gran tamaño y que en pocas décadas ha dejado de ser algo puntual para convertirse en uno de los mayores problemas para la fauna de la zona por lo que entre los remedios que se han buscado para resolver el problema, hay uno que implica a otro animal, las zarigueyas, usadas además con GPS. 

Los científicos están dejando que las pitones birmanas se coman zarigüeyas con GPS

Las pitones birmanas comenzaron a detectarse en estado salvaje en Florida a finales de los años 70. Desde entonces, su expansión ha sido constante. Se han adaptado sin dificultad a los humedales subtropicales y han encontrado un entorno prácticamente perfecto para reproducirse.

El impacto ha sido enorme y en algunas zonas, las poblaciones de mamíferos han caído de forma drástica. Mapaches, zarigüeyas o linces han sufrido descensos que superan en muchos casos el 90% y en otros casos, directamente han desaparecido. Pero este efecto no se queda ahí ya que cuando desaparecen las presas, otros depredadores también lo notan. La pantera de Florida, que ya estaba en peligro, tiene ahora más dificultades para encontrar alimento. Y eso genera un efecto en cadena que afecta a todo el ecosistema.

El problema es que controlar a estas serpientes no es nada sencillo. Encontrarlas en los Everglades es extremadamente complicado ya que se camuflan, se mueven en silencio y pueden permanecer ocultas durante largos periodos de tiempo.

El gran problema es que resulta imposible encontrarlas

Durante años, los investigadores han probado distintos métodos para localizarlas. Desde trampas hasta análisis de ADN ambiental, pero el problema es que muchos de estos sistemas sólo permiten saber que la serpiente ha pasado por un lugar, no dónde está en ese momento. Las tasas de detección son muy bajas, en algunos casos, inferiores al 1%. Es como intentar cazar algo que prácticamente no se deja ver nunca.

También se han probado señuelos robóticos o incluso serpientes rastreadoras con GPS. Pero los resultados no han sido los esperados. Las pitones han seguido expandiéndose mientras la población de animales autóctonos seguía cayendo, hasta que ocurrió algo que cambió el enfoque por completo.

La pista inesperada que lo cambió todo

Todo empezó casi por casualidad. Un grupo de investigadores que estudiaba el comportamiento de mamíferos en la zona comenzó a recibir señales extrañas en sus dispositivos GPS. Algunos animales con collar dejaban de moverse de repente. Cuando los científicos acudían al lugar, encontraban los collares pero no a los animales ya que estaban dentro del estómago de pitones. Y ese hallazgo dio lugar a una idea tan simple como efectiva.

Si la pitón se come al animal, el collar sigue funcionando. Y eso permite seguir a la serpiente desde dentro. A partir de ahí se puso en marcha un sistema basado en colocar dispositivos GPS y VHF en zarigüeyas. de modo que actualmente hay decenas de animales monitorizados, y el objetivo es ampliar el número. De este modo, cuando un collar deja de moverse durante varias horas, se activa una alerta. Los investigadores acuden al punto y localizan a la pitón, que aún no ha digerido el dispositivo. Gracias a este método, ya se han capturado varias serpientes de gran tamaño. Algunas superaban los cuatro metros.

Por qué se utilizan zarigüeyas y no otros animales

Las zarigüeyas no se eligieron sólo porque sean fáciles de encontrar o porque haya muchas. Este animal tiene una característica biológica muy particular. Es el único marsupial nativo de Norteamérica y, además, posee una resistencia poco común frente al veneno de serpiente. Su organismo produce una proteína capaz de neutralizar toxinas de varias especies.

Es decir, la evolución le ha dado una especie de «defensa natural» frente a algo que, en teoría, debería ser letal. Ese detalle ha despertado el interés de la comunidad científica. De hecho, ya se están investigando aplicaciones médicas basadas en esa proteína para desarrollar tratamientos contra mordeduras de serpiente. Pero mientras tanto, en los pantanos de Florida, las zarigüeyas cumplen otra función inesperada: ayudar a localizar a uno de los depredadores más difíciles de detectar.

Un método eficaz, pero con límites

El uso de animales con collar se ha convertido en una herramienta útil en zonas concretas, como el refugio de Crocodile Lake, en Key Largo. Allí, este sistema ha permitido retirar varias pitones antes de que siguieran reproduciéndose. Y eso es clave ya que cada serpiente capturada evita decenas de nuevas crías, si bien las hembras pueden poner entre 20 y 50 huevos.

Aun así, los propios investigadores reconocen que no es una solución definitiva. Se trata de una estrategia a pequeña escala dentro de un problema mucho mayor dado que las pitones llevan décadas expandiéndose y revertir esa situación no será rápido ni sencillo.