calor Arde París

París planta cara al aire acondicionado empleando el agua fría del Sena para refrigerar edificios

La ola de calor de junio provocó la muerte de cerca de 5.800 personas en Francia

El aire acondicionado está dejando de ser un tabú en el país vecino

¿Ventilador o aire acondicionado? Resuelve tus dudas de consumo antes de que comience a apretar el calor

La Torre Eiffel y el río Sena en París.
La Torre Eiffel y el río Sena en París.

Este sofocante verano está causando estragos no sólo en España, sino que también se ha dejado sentir con inusitada fuerza en el resto del continente europeo. Basta con mirar a nuestro país vecino para entender que este calor ya no es el de siempre, hasta el punto de haberse convertido en una amenaza para la población.

Un claro ejemplo lo tenemos en la terrible ola de calor que padeció Francia entre el 17 de junio y el 2 de julio, que batió todos los récords no sólo por lo temprana, sino también por su intensidad y duración. Durante los peores días se alcanzaron valores tan extremos como los 44,3 °C en Pissos (suroeste), los 43,8 °C de Palluau y Saintes (oeste) o los 42,5 °C de Burdeos.

Pero lo peor fue que este episodio provocó la muerte de cerca de 5.800 personas. Este incremento de la mortalidad afectó a todos los grupos de edad a partir de los 15 años. Las personas de 75 años o más representaron en torno a dos tercios de las víctimas, pero también se detectaron multitud de casos entre los adultos más jóvenes.

Tabú en declive

Otra de las consecuencias de este verano abrasador es el derretimiento de un tabú que está dejando de ser tal: el aire acondicionado. Durante muchos años, el uso de estos equipos de climatización ha estado mal visto en Francia, donde tan sólo el 25% de la población los emplea, frente al 60% de los españoles.

Las principales críticas remarcan que el calor que expulsan estos aparatos a la calle, aunque no calientan la atmósfera a escala global, sí que pueden contribuir al aumento del efecto isla de calor en las principales ciudades, ya que se están añadiendo calorias a un entorno ya de por sí sobrecalentado por el asfalto.

También recuerdan que los aparatos de aire acondicionado incrementan inevitablemente el consumo de energía eléctrica, así como las emisiones de gases de efecto invernadero causantes del cambio climático.

Ventas disparadas

Menos de dos de cada diez franceses consideran que el aire acondicionado respeta el medioambiente, según una encuesta de Ipsos publicada en junio. Ello no ha impedido que la venta de estos equipos se esté disparando.

El fenómeno, en realidad, viene de lejos: la presencia de equipamientos de aire acondicionado en las casas francesas ha aumentado un tercio en dos años, pasando del 18% en 2023 al 24% en 2025.

Rotura de stock

Pero lo que nunca había pasado hasta ahora es la rotura de stock causada por la demanda masiva de estos aparatos en la mayoría de los comercios franceses.

A finales de mayo, una prematura ola de calor llevó a los franceses a comprar más de 680.000 ventiladores en tan sólo siete días. La cifra supuso un aumento interanual del 1.500% y unos ingresos totales de 28,4 millones de euros.

Apenas un mes después, la ya citada ola de calor de junio dejó imágenes virales de grandes superficies repletas de personas que llegaban incluso a las manos para hacerse con uno de los últimos equipos disponibles en el establecimiento.

 

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Refrigeración urbana

El tiempo dirá si la fiebre del aire acondicionado es puntual o si ha llegado para quedarse. Mientras tanto, ciudades como París han desarrollado sus propias soluciones para protegerse de las altas temperaturas.

La capital francesa cuenta, de hecho, con una de las redes de refrigeración urbana más grandes del mundo. El sistema abarca 120 kilómetros de tuberías subterráneas que distribuyen agua fría para climatizar edificios públicos, museos, oficinas, hospitales, hoteles, oficinas y escuelas. El Sena desempeña un papel clave en esta infraestructura.

 

Intercambio de calor

Su funcionamiento es muy sencillo: el agua fría del río se bombea por una tubería hasta las plantas de producción de la red. Allí esta tubería discurre junto a otra que transporta, a su vez, agua caliente procedente de los edificios de la ciudad.

Entre ambas se produce un intercambio de calor: una fina pared metálica separa los dos circuitos y permite que el calor pase de la tubería de agua más caliente a la más fría, sin que los fluidos lleguen a entrar en contacto.

Es como colocar una botella caliente dentro de un cubo de agua fría: el calor de la botella pasa al agua que la rodea, aunque ambos líquidos nunca llegan a entrar en contacto. Tras enfriarse de esta manera, el agua del circuito urbano vuelve a los edificios para seguir refrigerándolos, mientras el agua del Sena se devuelve al río ligeramente más cálida que antes.

Ampliación de la red

Fraîcheur de Paris, que es la empresa encargada de gestionar el sistema, trabaja ya en su ampliación para que pueda llegar a muchos más edificios y responder mejor a los episodios de calor cada vez más extremos que sufre la capital francesa.

El objetivo es que la red supere los 250 kilómetros en 2042. También está prevista la construcción de 20 nuevas plantas de producción y 10 instalaciones de almacenamiento para abastecer a más de 3.000 abonados.