¿Diésel renovable o recarga eléctrica?: Qué combustible es el más beneficioso para tu bolsillo
El estudio de T&E, realizado en España, confirma que recargar un eléctrico cuesta 5,7€ por 100 km
En España, la gasolina supone 142 euros al mes frente a 48 del eléctrico: un 66% más barato
Los europeos pagarían 500.000 millones más entre 2025 y 2050 si prosperan los créditos al HVO
El HVO —aceite vegetal hidrogenado— o diésel renovable se vende como la alternativa verde y asequible a la gasolina. Un nuevo análisis de Transport & Environment (T&E) pone en duda ese argumento: conducir con biocombustibles avanzados en España es un 92% más caro que recargar un coche eléctrico. La organización insta a la UE a mantener sus objetivos de CO₂ para los fabricantes.
Frente a los 5,7 euros por cada 100 kilómetros que cuesta de media recargar un vehículo eléctrico en la Unión Europea, el HVO puro eleva esa cifra a 11 euros para recorrer la misma distancia. En España, la brecha es aún mayor: un 92% de diferencia que impacta directamente en el presupuesto de cualquier conductor.
La factura del conductor
Las cifras de movilidad cotidiana refuerzan la misma conclusión. En España, circular con un coche de gasolina cuesta aproximadamente 142 euros al mes, mientras que hacerlo en vehículo eléctrico sale por unos 48 euros. Eso supone que la recarga eléctrica es entre un 55% y un 66% más económica que la combustión convencional.
La situación es especialmente crítica para transportistas y empresas con flotas, cuya dependencia del combustible es estructural. Con el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, el coste extra de repostar un coche de gasolina puede ser cinco veces superior al coste adicional de recargar un eléctrico.
Presión industrial
Los gobiernos alemán e italiano, junto a la industria del automóvil europea, presionan para rebajar los objetivos de emisiones de CO₂ de los fabricantes. El argumento: que los coches de combustión interna que funcionan con biocombustibles avanzados sean tratados como vehículos de cero emisiones.
El problema es que no existen suficientes biocombustibles avanzados para abastecer a todos los conductores. Si el lobby del automóvil logra su objetivo, los conductores competirían directamente con el sector de la aviación por unas materias primas escasas, lo que elevaría aún más los precios.
Tecnologías inmaduras
El HVO puro no es el único escenario posible. Las tecnologías de biocombustibles menos desarrolladas —a partir de residuos celulósicos o de la fracción biomásica de los residuos sólidos urbanos— podrían resultar, de media, entre un 80% y un 110% más caras que conducir un eléctrico de batería.
Según T&E, los mandatos europeos de combustibles de aviación sostenibles (ReFuelEU) establecen, además, sanciones que duplican la diferencia de precio entre el queroseno fósil y los biocombustibles, lo que incentiva a las aerolíneas a acaparar estas materias primas antes que los conductores de turismos.
500.000 millones de euros
La Comisión Europea ha propuesto conceder créditos por biocombustibles a los fabricantes de automóviles, una vía que se queda a medio camino de las demandas alemanas e italianas pero que T&E considera igualmente perjudicial.
Según los cálculos de la organización, esta propuesta supondría un aumento del 60% en el gasto en combustible en 2050 respecto a la normativa actual. En términos absolutos: los conductores europeos desembolsarían 500.000 millones de euros más entre 2025 y 2050 en comparación con el marco legislativo vigente.
Defender los objetivos de CO₂
Bosco Serrano Valverde, responsable de combustibles sostenibles de T&E España, lo sintetizó sin ambigüedades: «Recargar un vehículo eléctrico es mucho más barato que llenar el depósito con biocombustibles avanzados».
Serrano añadió que la industria automovilística «quiere que sean los conductores quienes paguen la factura, mientras retrasa la electrificación». Por el contrario, señaló, mantener los objetivos de la UE «garantizará una oferta cada vez mayor de vehículos eléctricos más asequibles».
Independencia energética
T&E defiende que rechazar los créditos para biocombustibles reduciría las facturas de los conductores, aceleraría la transición hacia la movilidad eléctrica y reduciría la dependencia de Europa de los combustibles fósiles importados.
También recalca los riesgos asociados a las materias primas: las cadenas de suministro de biocombustibles pueden ser potencialmente insostenibles o, en el peor de los casos, fraudulentas. Los vehículos eléctricos, por el contrario, ya han demostrado su capacidad para proteger a los conductores frente a las subidas de precios provocadas por las crisis energéticas. El HVO y los demás biocombustibles avanzados, según los datos, no pueden decir lo mismo.
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