Este peligroso volcán de Estados Unidos podría cambiar el panorama de la energía geotérmica
La energía geotérmica no depende de las horas de sol ni de las fluctuaciones del viento
Esta fuente energética sirve para climatizar edificios y generar electricidad
La mayor dificultad de la energía geotérmica radica en las complejas perforaciones del subsuelo
Cuando pensamos en energías renovables, solemos imaginarnos placas solares en las cubiertas de los edificios, aerogeneradores extendiéndose por el paisaje o presas hidroeléctricas que se aprovechan de la fuerza de los ríos. Sin embargo, bajo nuestros pies existe otra fuente energética sostenible que está empezando a revelar todo su potencial: la energía geotérmica.
A diferencia de otras renovables, la geotermia no depende de las horas de sol ni de las fluctuaciones del viento, lo que la convierte en una alternativa estable y predecible. La principal dificultad para su desarrollo reside en la complejidad de las operaciones de perforación que deben llevarse a cabo para aprovechar el calor oculto bajo la superficie terrestre.
Estas dificultades técnicas no han impedido que en Oregón (Estados Unidos), se esté construyendo actualmente una planta de energía geotérmica que aprovechará la fuerza del volcán Newberry, situado entre los volcanes activos más peligrosos de Estados Unidos, según el Servicio Geológico federal (USGS, según sus siglas en inglés), para producir electricidad.
Temperatura y profundidad
Una de las claves de la energía geotérmica es su versatilidad. En función de la temperatura del subsuelo y, por tanto, de la profundidad a la que se acceda, el calor terrestre puede utilizarse tanto para climatizar edificios como para generar electricidad.
En los sistemas de climatización residencial, basados en geotermia somera, los sondeos suelen tener diámetros de entre 10 y 15 centímetros, con profundidades que van desde unas pocas decenas de metros hasta 200 metros.
En cambio, en proyectos industriales o de generación eléctrica, las perforaciones pueden alcanzar varios kilómetros de profundidad, habitualmente en torno a 4 o 5 kilómetros, y requieren diámetros mayores de hasta 60 centímetros en superficie, que se reducen progresivamente mediante un diseño telescópico a medida que el pozo desciende.
Tuberías subterráneas
Las perforaciones del terreno se aprovechan para introducir tuberías por las que circula un fluido, que suele ser agua o un líquido anticongelante. Cuanto mayor sea la profundidad a la que lleguen estos conductos, el fluido se calentará más, ya que la temperatura aumenta progresivamente en las capas más profundas del subsuelo.
Ese calor puede utilizarse para la climatización de viviendas y edificios, mediante sistemas como el suelo radiante o los radiadores de baja temperatura. Si el fluido empleado es agua, también puede emplearse la misma para obtener agua caliente sanitaria, sin que el fluido geotérmico entre en contacto directo con el agua de consumo.
Cuando las temperaturas alcanzadas son suficientemente elevadas, como ocurre en los sistemas de geotermia profunda, el calor permite generar vapor, que se utiliza para mover turbinas conectadas a generadores eléctricos y producir así electricidad de forma continua.
Energía continua
Según destaca un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), «al ser una fuente de energía continua, las centrales geotérmicas pueden operar a su máxima capacidad durante todo el día y el año».
En estos momentos, la energía geotérmica cubre menos del 1% de la demanda energética mundial. Su uso se concentra en unos pocos países que disponen de recursos de fácil acceso y alta calidad, como Estados Unidos, Islandia, Indonesia, Turquía, Kenia e Italia.
Pero las previsiones apuntan a un importante salto adelante en los próximos años. «Con las continuas mejoras tecnológicas y la reducción de los costos de los proyectos, la energía geotérmica podría satisfacer hasta el 15% del crecimiento de la demanda mundial de electricidad de aquí al 2050», añade la AIE.
Volcán activo
Precisamente, el proyecto piloto que se está desarrollando en el volcán Newberry es uno de los que podría marcar un antes y un después para la energía geotérmica. Ello a pesar de que, como advierte el USGS, se trata de un volcán activo y muy peligroso.
El punto de partida es el aprovechamiento de lo que los expertos denominan rocas supercalientes. Se trata de formaciones rocosas situadas a gran profundidad, habitualmente en torno a los cuatro o cinco kilómetros, donde el gradiente térmico es especialmente elevado debido a la presencia de un sistema magmático.
Estado supercrítico
En esas condiciones, las temperaturas pueden superar los 374 grados centígrados, el umbral a partir del cual el agua entra en estado denominado supercrítico.
En ese punto, el agua combina propiedades de ambos estados de la materia: como líquido, retiene más energía térmica que el vapor convencional; pero fluye con gran facilidad, como si fuera un gas, lo que permite transportar mucha más energía y aumentar de forma notable la eficiencia de la generación eléctrica.
Más energía
Según los expertos, un pozo geotérmico supercaliente puede producir entre cinco y diez veces más energía que un pozo convencional. El principal desafío no está en el aprovechamiento del calor, sino en alcanzar esas profundidades extremas donde se encuentran las rocas a temperaturas tan elevadas.
Para superar este obstáculo, los investigadores están recurriendo a técnicas inspiradas en la fracturación hidráulica, que permiten crear microfracturas controladas en el subsuelo y facilitar la circulación y el bombeo de agua hasta las zonas más calientes de la roca.
Terremotos
Este tipo de intervenciones, no obstante, pueden generar sismicidad inducida, generalmente en forma de pequeños terremotos apenas perceptibles, riesgo que obliga a un seguimiento continuo y a ajustes operativos para minimizar impactos, más aún en lugares en los que, ya de por sí, hay actividad sísmica, como sucede en los entornos volcánicos.
La empresa promotora del proyecto, Mazama Energy, espera superar con éxito todos los retos pendientes para que, en este 2026, se comience a vender electricidad a hogares y negocios de la zona.
Según sus estimaciones, el potencial del volcán Newberry podría llegar, en su fase de desarrollo comercial pleno, hasta los cinco gigavatios, una energía equivalente a cerca de dos tercios de la producción eléctrica anual del estado de Oregón.
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