Bienestar animal

Cuestan igual que un coche: China dispara el precio de los monos de laboratorio y los lleva a la extinción

El veto de Pekín a la exportación hunde el suministro y dispara el tráfico ilegal de macacos salvajes

Las ONG denuncian el maltrato de las crías y alertan de que el macaco cangrejero está en peligro

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Para hacerse una idea de la magnitud de la industria farmacéutica china, hay que fijarse en el precio de los monos. Un mono de laboratorio en China cuesta ya casi lo mismo que un coche medio, y esa cifra roza los 27.000 euros por ejemplar.

Los macacos rhesus y cynomolgus comparten con el ser humano una fisiología mucho más cercana que la de los roedores. Esta similitud se manifiesta a nivel inmunológico, cerebral y en el propio desarrollo orgánico de las enfermedades. Por eso, el precio de estos primates constituye un valioso indicador de la industria: advierte sobre la futura cartera de medicamentos que hoy se encuentran en fase de ensayos clínicos.

El monopolio de Pekín

Tras la prohibición india de 1978 sobre la exportación de macacos rhesus, los criadores chinos reaccionaron con inversiones masivas para satisfacer la creciente demanda internacional.

En las décadas siguientes, Pekín se consolidó como el principal exportador mundial de primates de laboratorio, aportando cerca de un tercio de los macacos exportados globalmente entre 2015 y 2021.

El precio de cada ejemplar era entonces bajo, en torno a los 3.700 euros por un macaco chino en 2019. Eso permitió a países como Estados Unidos utilizarlos masivamente en investigación.

La puerta se cierra

Todas las principales vacunas contra la COVID-19 autorizadas en Estados Unidos se habían probado antes en monos. El suministro barato parecía garantizado hasta que la pandemia alteró las reglas del comercio internacional.

En 2020, Pekín detuvo repentinamente sus exportaciones, justificándolas oficialmente para prevenir enfermedades zoonóticas. El cierre dejó a los laboratorios occidentales sin su proveedor más importante.

Estados Unidos, donde se realiza más de un tercio de los ensayos clínicos mundiales, recurrió entonces a otros proveedores, sobre todo a granjas de Camboya, Mauricio y Vietnam.

Macaco cangrejero.

Alta demanda

El precio en China se ha multiplicado por 7 desde 2019: el pasado junio, la Administración china de Alimentos y Medicamentos pagó 178.000 yuanes, unos 26.300 euros, por cada cynomolgus, y algunas subastas ya rozan los 200.000 yuanes.

El fenómeno también sacude la bolsa: Joinn Laboratories, uno de los mayores criadores chinos, vio disparado su beneficio semestral casi un 1.300% y arrastró a todo el sector farmacéutico, con capital huyendo de la tecnológica hacia esta industria.

A la escasez se suma una limitación biológica: un macaco tarda entre seis y siete años en criarse hasta la edad de investigación, lo que deja un déficit anual de unos 10.000 ejemplares frente a una demanda que este año superará los 60.000.

El auge chino

El fin de las exportaciones coincide con el auge de los ensayos clínicos en China, impulsado por una reforma normativa de 2015 que aceleró drásticamente las autorizaciones de fármacos.

El año pasado, los ensayos clínicos en China superaron por primera vez los 5.000, casi 3.000 de ellos de nuevos fármacos, un 18% más que el año anterior. Desde 2020, China ya supera a Estados Unidos en volumen de ensayos.

Retener a estos animales otorga a China una ventaja competitiva decisiva: controlar la materia prima de los ensayos médicos condiciona el ritmo de los avances farmacéuticos occidentales.

La salida camboyana

Al trasladar sus compras, los laboratorios occidentales descubrieron que los estándares de los ganaderos camboyanos son mucho menos exigentes que los chinos, con un ecosistema mucho menos institucionalizado.

Esto plantea un grave problema para ensayos que requieren trazabilidad impecable y pureza genética intachable, fundamental para identificar los patógenos a los que los animales pudieron haber estado expuestos.

En 2022, la justicia estadounidense acusó a funcionarios camboyanos de capturar macacos cangrejeros salvajes, blanquearlos como criados en cautividad a través de granjas y exportarlos con documentación fraudulenta.

Selvas vacías

La principal consecuencia ambiental es la captura masiva de macacos salvajes en las selvas del sudeste asiático, falsificados después mediante papeles fraudulentos para hacerlos pasar por ejemplares de granja.

Esta extracción está vaciando los bosques de un mamífero que actúa como dispersor de semillas: su desaparición compromete la regeneración de la flora y altera la cadena trófica selvática.

A esto se suma la deforestación regional, que arrincona a las poblaciones salvajes y las empuja hacia zonas urbanas, incrementando el conflicto humano y facilitando su caza ilegal.

Especie en peligro

La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza catalogó en 2022 al macaco cangrejero (Macaca fascicularis) como especie en peligro, y en octubre de 2025 reafirmó ese estatus tras el recurso del lobby biomédico.

Según la última evaluación, sus poblaciones salvajes han caído entre un 50% y un 70% en las tres últimas décadas por la sobreexplotación y la pérdida de hábitat.

El propio debate tiene matices: un estudio reciente halló que la especie escasea en bosques intactos pero puede volverse «hiperabundante» en cultivos, y solo en Malasia se sacrificaron más de 97.000 ejemplares en 2022 por conflictos con humanos.

El estrés del hacinamiento y la captura también dispara el riesgo de brotes zoonóticos: los primates capturados ilegalmente, señalan los veterinarios, son vectores idóneos para propagar nuevos patógenos.

El clamor animalista

Organizaciones como PETA y Action for Primates denuncian el sufrimiento de estos mamíferos. Investigadores encubiertos han documentado cómo los cazadores maltratan a las crías para separarlas de sus madres.

Después llegan durísimas condiciones de transporte internacional, que los activistas describen como auténtica tortura psicológica antes incluso de llegar al laboratorio. Ya en el centro, el destino de los monos incluye encierros minúsculos y pruebas toxicológicas dolorosas. Cruelty Free International exige que se prohíba esta práctica de inmediato.

Dudas científicas

Más allá del argumento moral, las ONG cuestionan la validez de extrapolar datos de primates a humanos: informes gubernamentales citados por los activistas señalan que más del 90% de los fármacos exitosos en animales fracasan después en la clínica.

En diciembre de 2025, el secretario de Sanidad de EEUU, Robert F. Kennedy Jr., se declaró «profundamente comprometido con acabar con la experimentación animal» y pidió el fin de la importación de monos.

Kennedy cifró en 100.000 los monos que hay actualmente en laboratorios estadounidenses, con 20.000 importados cada año. La CDC ya cerró sus programas de investigación con primates a finales de 2025.

Futuro en juego

Como respuesta a la escasez, Charles River Laboratories anunció en enero de 2026 la compra del criadero camboyano K.F. por 510 millones de dólares, que le suministraba el 30% de sus monos.

Aplicar restricciones éticas severas a las importaciones tendría consecuencias geopolíticas de primer orden, con impacto directo en el liderazgo estadounidense en investigación farmacéutica. De confirmarse ese vacío en Occidente, Pekín podría beneficiarse consolidando su soberanía médica gracias a su reserva estratégica de primates y su creciente capacidad de ensayos internos.

Mientras tanto, la sangría ambiental en el sudeste asiático no se detendrá hasta que se adopten alternativas genuinamente libres de crueldad. Invertir en órganos artificiales y simulaciones computacionales es, para las ONG, el único camino viable para salvar la biodiversidad y evitar nuevas pandemias.