Naturaleza

Los biólogos rompen las reglas naturales: demuestran que plantar álamos aumenta hasta un 21,6% la conectividad de los bosques

  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

En gran parte del paisaje agrícola europeo, la fragmentación forestal es evidente: manchas aisladas rodeadas de cultivos intensivos, carreteras y caminos. En este contexto, las plantaciones de álamos (tradicionalmente ligadas a la producción maderera) empiezan a asumir un nuevo papel. No sustituyen al bosque natural, pero pueden funcionar como infraestructura ecológica intermedia, ayudando a conectar áreas que antes estaban separadas. Para poner la situación en perspectiva, el estudio «Strategic placement of plantations enhances forest connectivity for birds in agricultural landscapes», publicado en Landscape Ecology, analiza dos cuencas fluviales europeas donde el uso agrícola ha modificado tanto el territorio como el comportamiento de la fauna.

En estos entornos, cada bosque y cada plantación actúan como nodos dentro de una red ecológica. Lo relevante es que esta red no es estática, sino que depende de la disposición espacial. No se trata simplemente de plantar más árboles, sino de reducir distancias clave. Una plantación bien ubicada permite desplazamientos entre el bosque, la plantación y de nuevo el bosque. Sin ese punto intermedio, el recorrido puede resultar imposible.

Los beneficios de plantar álamos para la conectividad forestal

«Encontramos que las plantaciones pueden mejorar la conectividad funcional, aunque el efecto varía considerablemente según la capacidad de dispersión de las especies. En general, la conectividad funcional fue sistemáticamente mayor en todos los escenarios para las especies con capacidades de dispersión moderadas y largas, como el pico picapinos y la curruca capirotada.

Como era de esperar, en especies con baja capacidad de dispersión, como el pinzón vulgar, las plantaciones de chopo tuvieron un impacto limitado, ya que muchos parches forestales permanecían fuera de su alcance de dispersión. Para estas especies, las plantaciones forestales gestionadas solo pueden mejorar la conectividad si se establecen como puntos de paso a corta distancia.

Además, aunque el índice ECA es ampliamente utilizado en estudios de conectividad del paisaje, tiende a subestimar la conectividad en especies con baja capacidad de dispersión, lo que ayuda a explicar estos resultados. Para beneficiar a estas especies, las plantaciones deberían ubicarse en huecos estrechos o en corredores de ribera y complementarse con elementos seminaturales de menor tamaño, como setos o árboles aislados», detallan los investigadores.

La intensificación del uso del suelo en los agroecosistemas europeos ha provocado la pérdida y fragmentación de los hábitats forestales, reduciendo su conectividad. En este contexto, los elementos leñosos dentro de la matriz agrícola desempeñan un papel clave al favorecer la conectividad funcional entre las especies forestales.

Los datos del estudio sorprenden: menos del 1 % del territorio está ocupado por plantaciones de álamos, y aun así su impacto sobre la conectividad es notable. Esto cuestiona la idea de que sólo las grandes masas forestales son relevantes. En muchos casos, pequeños parches bien situados pueden transformar por completo la funcionalidad del paisaje. Proyectos en países como Países Bajos o Alemania ya aplican este enfoque, creando corredores ecológicos con elementos mínimos como setos, bosquetes o franjas de vegetación ribereña.

Niveles de dióxido de carbono

Desde el Protocolo de Kioto de 1997 se han fijado objetivos para reducir las emisiones de dióxido de carbono. Sin embargo, al tratarse de metas a largo plazo, una estrategia complementaria es la retención de carbono mediante sumideros naturales o artificiales. En este contexto, la plantación de árboles se presenta como una solución evidente, ya que la vegetación absorbe CO₂ durante su crecimiento y lo almacena.

La tecnología FACE se desarrolló para estudiar este proceso en condiciones reales. No obstante, investigaciones en bosques maduros han mostrado que un aumento en los niveles de CO₂ no siempre se traduce en una mayor captación de carbono. En algunos casos, este efecto se ve limitado por la aclimatación de las plantas, un mecanismo por el cual reducen su actividad fotosintética al adaptarse a concentraciones elevadas de CO₂.

Aun así, los investigadores del proyecto EUROFACE de la Universidad de Essex centraron su atención en plantaciones de álamos de crecimiento rápido, debido a su potencial para capturar carbono adicional en entornos FACE. Los resultados indicaron que, tras intervenciones como la poda o la tala parcial, la tasa de fotosíntesis neta no superaba la registrada en condiciones normales, lo que sugiere que es necesaria una gestión adecuada para mantener su eficiencia.

Sin embargo, también se observó que los álamos jóvenes presentan características fisiológicas que compensan estas limitaciones. Algunas variedades son capaces de mantener una alta actividad fotosintética bajo niveles elevados de CO₂, evitando la aclimatación prolongada gracias a una intensa síntesis de almidón y a una eficiente exportación de carbono.

Además, los álamos destacan por su rápido crecimiento y su capacidad para producir madera en poco tiempo. Siempre que dispongan de agua y nutrientes suficientes, la captación de carbono está directamente relacionada con la biomasa generada. Por ello, el álamo se perfila como un sumidero de carbono eficaz que, además, aporta un valor añadido en forma de producción maderera.