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El nenúfar blanco es una planta acuática perenne que permanece anclada al fondo mediante un grueso rizoma enterrado en el fango. Desde él brotan grandes hojas flotantes y llamativas flores blancas que pueden alcanzar hasta 12 centímetros de diámetro, convirtiéndose en uno de los elementos más característicos de lagunas y aguas tranquilas.
Aunque su distribución natural comprende gran parte de Europa, el norte de África y el oeste de Asia, su presencia en la península ibérica es mucho más limitada. Actualmente solo se encuentra de forma natural en enclaves muy concretos repartidos por alrededor de unas 17 provincias españolas.
A nivel internacional, la especie figura en la Lista Roja Europea como de «preocupación menor». No obstante, esa clasificación no refleja la situación real que vive en España, donde muchas de sus poblaciones han desaparecido o presentan un estado de conservación muy delicado.
¿Por qué está desapareciendo el nenúfar blanco de los humedales?
La principal amenaza para el nenúfar blanco en España es la pérdida progresiva de su hábitat. La transformación de humedales, la desecación de lagunas, la contaminación del agua y la eutrofización provocada por el exceso de nutrientes deterioran las condiciones que necesita esta planta para desarrollarse.
A estos problemas se suma la presión derivada del uso intensivo del agua. En determinadas zonas, la extracción para regadíos reduce el nivel de los acuíferos y modifica el equilibrio ecológico, favoreciendo especies más resistentes que terminan desplazando al nenúfar blanco.
Otro factor especialmente preocupante es la fragmentación de sus poblaciones. Al quedar aisladas entre sí, disminuye el intercambio genético y aumenta el riesgo de desaparición local. Esta falta de conectividad dificulta además la recuperación natural de la especie cuando una población desaparece.
La situación del resto de la flora acuática tampoco invita al optimismo. La degradación de ríos, lagunas y marismas afecta a numerosas especies vegetales que dependen de estos ecosistemas, considerados entre los más amenazados del territorio español.
País Vasco, Cataluña y Andalucía concentran algunos de los casos más preocupantes de nenúfar blanco
El retroceso del nenúfar blanco se aprecia especialmente en varias comunidades autónomas. En el País Vasco, por ejemplo, únicamente sobrevive una población natural localizada en la laguna de Olandina, en Álava.
La desaparición de antiguos núcleos conocidos convierte este enclave en el último refugio de la especie dentro de la comunidad, motivo por el que el Gobierno Vasco la incluye en su catálogo de especies en peligro de extinción, según el Sistema de Información de la Naturaleza de Euskadi.
En Cataluña, el panorama también resulta complejo. El informe Estado de la Naturaleza de Cataluña 2020 señala que el 77 % de las especies asociadas a los ecosistemas acuáticos continentales presentan un estado de conservación desfavorable.
En el caso del nenúfar blanco, las poblaciones silvestres prácticamente han desaparecido y solo existen algunos ejemplares en áreas muy concretas del Delta del Ebro.
La situación tampoco es favorable en Andalucía. De acuerdo con la información publicada por El Día de Córdoba, la única población natural conocida en la provincia se localiza en el río Zújar, donde la Junta de Andalucía mantiene programas específicos de conservación y considera la especie en peligro crítico debido a su reducida distribución y elevada fragmentación.
Los proyectos de conservación buscan evitar su desaparición definitiva de esta planta
Las administraciones públicas y diferentes entidades científicas trabajan para frenar el declive del nenúfar blanco en España mediante actuaciones de restauración y conservación.
Entre ellas destaca la plantación experimental de nuevos ejemplares en remansos del río Zújar en Córdoba con el objetivo de ampliar su presencia y aumentar las posibilidades de supervivencia de la especie.
Además, también se desarrollan iniciativas centradas en preservar su diversidad genética. Un ejemplo es el proyecto impulsado por el Vivero Tres Turons y Agbar, que utiliza instalaciones de tratamiento de aguas con sistemas de lagunaje como espacios controlados para cultivar ejemplares autóctonos protegidos frente a especies invasoras y otras amenazas.
Posteriormente, estos individuos pueden reintroducirse en el medio natural para reforzar las poblaciones existentes de esta planta.
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