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Ni perros ni delfines: ésta es la especie capaz de reconocer rostros humanos con más de un 80% de precisión

Rostros humanos
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Las abejas tienen cerebros diminutos, de apenas un milímetro de diámetro y cerca de un millón de neuronas, pero aun así son capaces de aprender a identificar rostros humanos con una precisión que ha sorprendido a la comunidad científica. El hallazgo sobre esta especie  fue presentado en 2005 en la revista Journal of Experimental Biology por Adrian Dyer, de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia y la Universidad de Cambridge. El estudio contó además con la colaboración de Christa Neumeyer, de Maguncia, y Lars Chittka, de la Universidad Queen Mary de Londres.

De acuerdo con los resultados publicados por el equipo, las abejas entrenadas mediante fotografías que se utilizan en pruebas estándar de psicología humana lograron diferenciar un rostro específico de otro muy parecido con una precisión superior al 80 %, incluso dos días después del entrenamiento. Lo más sorprendente es que estos insectos nunca habían tenido contacto previo con rostros humanos desde una perspectiva evolutiva o de desarrollo. Para enseñarles la tarea, los investigadores las recompensaban con agua azucarada cada vez que elegían la imagen correcta.

La especie invasora que puede reconocer rostros humanos

El cerebro de una abeja alberga alrededor de 960 000 neuronas concentradas en un volumen cercano a un milímetro cúbico. En comparación, el cerebro humano contiene aproximadamente 86 000 millones de neuronas distribuidas en un volumen de unos 1200 centímetros cúbicos.

«Como a los insectos se les recompensaba con un poco de azúcar cuando elegían fotografías de personas, lo que realmente veían eran extrañas flores. Lo importante es saber qué estrategia utilizan para discriminar las caras», explica Martin Giurfa, investigador en la Universidad de Toulouse y autor del estudio publicado recientemente en Journal of Experimental Biology. Giurfa sospechó que las abejas no aprendían a reconocer a las personas sino aprender la disposición (o configuración) relativa de los rasgos de la cara.

Con este objetivo, Giurfa y Dyer realizaron una serie de pruebas para determinar exactamente qué características aprendían a identificar las abejas al reconocer las fotografías faciales utilizadas en los experimentos de Dyer. Para ello, los investigadores utilizaron dibujos formados por dos puntos que representaban los ojos, una pequeña línea vertical como nariz y una línea horizontal más larga simulando la boca.

El científico Avargues-Weber entrenó a abejas de manera individual para que distinguieran entre una imagen facial con los rasgos agrupados y otra donde estos aparecían más separados. Tras el entrenamiento, las abejas lograron identificar correctamente el rostro incluso cuando ya no recibían una recompensa de azúcar.

Posteriormente, los científicos quisieron averiguar si estos insectos podían aprender a clasificar rostros. Con ese objetivo, Avargues-Weber presentó a las abejas cinco pares distintos de imágenes, en los que una correspondía a una cara y la otra mostraba únicamente combinaciones de puntos y líneas sin forma facial reconocible.

Cada vez que las abejas se dirigían hacia la imagen con forma de cara obtenían una recompensa, mientras que al elegir el patrón alternativo no recibían nada. Una vez completada esta fase, los investigadores les mostraron imágenes completamente nuevas para comprobar si podían reconocer nuevamente las que tenían apariencia facial. Los resultados fueron sorprendentes: las abejas identificaron correctamente las caras. Según los investigadores, esto no significa que comprendieran qué es un rostro, sino que habían aprendido a reconocer la posición relativa y la organización de los distintos rasgos que lo componen.

Para que las abejas pudieran reconocer rostros humanos más complejos, el equipo añadió las caras de puntos y líneas dentro de fotografías con formas más realistas de caras. «Sorprendentemente lo consiguieron», señalan Dyer y sus colaboradores. Sin embargo, cuando los investigadores alteraron esas mismas caras reales cambiando la posición de los ojos, la nariz y la boca, las abejas dejaron de identificarlas como rostros y pasaron a tratarlas como si fueran patrones completamente nuevos y desconocidos.

«Lo que resulta realmente sorprendente es que un insecto con un cerebro del tamaño tan pequeño pueda realizar este tipo de análisis de imágenes cuando nosotros contamos con regiones enteras del cerebro dedicadas a este fin», subrayan.

Este hallazgo resulta muy interesante no sólo para la biología, sino también por sus posibles aplicaciones en el campo de la inteligencia artificial y el diseño de sistemas de reconocimiento facial.

Abejas en la Península Ibérica

La Península Ibérica cuenta con más de 1.100 especies distintas de abejas, y esta cifra sigue aumentando conforme se descubren y describen nuevas especies. La variedad de formas, comportamientos y estilos de vida es muy amplia. Hay abejas de tamaños muy diferentes, desde especies grandes como algunas abejas carpinteras (Xylocopa violacea, que pueden alcanzar unos 3 cm de longitud) hasta otras diminutas como las del grupo de las Micrandrenas, que apenas miden 0,3 cm.

Organizaciones internacionales como el IPBES señalan que alrededor del 75 % de las frutas que consumimos dependen en gran medida de los insectos polinizadores. Más allá de la abeja de la miel, en la polinización también intervienen numerosas especies de abejas silvestres, además de otros insectos como mariposas, moscas y escarabajos.

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